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El Forofillo : El blog de Fran Pérez
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Otra muesca más en la culata rojilla

El Forofillo Fran Pérez

Otra muesca más en la culata rojilla

JESÚS CASO
Actualizada 10/01/2016 a las 19:43
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Como si del lejano Oeste se tratara, los cowboys -cabalgaron los 165 kilómetros, que traducidos a millas que queda más yanki- vienen a ser unas 102, hasta el poblado de Huesca donde mandaba el sheriff Anquela con la intención de asaltar el Bank y poder tomarse unas zarzaparrillas del ala en el Salóon, celebrando una muesca más en la culata de su colt y, de paso, intentando salvar las cabelleras para seguir como el caballo de hierro que atraviesa las reservas indias rumbo al poblado de la First Division, donde el Bank a asaltar es el BBVA.

 

El General Caster Unai entrega el chaleco a los seguidores que les acompañaron en el asalto al Bank de Huesca. LFP

 

Los forajidos por los que apostó el bandolero Martín eran los mismos que una semana atrás. La dupla de José García y Kenan Kodro volvía a repetir en la cuadrilla de cuatreros, pese a las protestas de la parroquia navarra que prefería la verticalidad de Billy El Niño Berenguer o Pistolero Bang Bang Pucko (pronunciado como Puchko, recordad). Pero nada. El que manda más en el poblado navarro es el oriundo de Campanas, y su palabra es la ley.

Los arranques de la caballería rojilla fueron, como en anteriores estampidas, tibios. De situarse sobre la verde estepa oscense y otear el horizonte, vigilando que los indios blaugranas no cobraran cabelleras, especialmente en los dominios de Nauzet. Quizás por ello el primo Pérez hace tiempo que no peina cana ni cabellera, para evitar ser asaltado por los Sioux. El caso es que las primeras marchas a lo Séptimo de Caballería fueron las del equipo del sheriff Anquela. Con dos balones ganados a la espalda y centros estériles, sin hacer fuego.

Los cuatreros rojillos se asentaron. Poco a poco, con el empuje que le da al equipo el centro del campo comandado por Luky Luke Merino y su zurda, el empaquedel brazalete de Oier y el General Caster Unai en el centro de la zaga, se comenzaron a hilvanar acometidas peligrosas hasta que llegó el minuto 14 de pelea. Un cuero suelto, que no cabelludo, en la frontal de los de casa, lo agarró Kenan Kodro para recortar, hacerse hueco, dar un par de pasos y, como si fuera un soldado del ejército confederado en el patíbulo, fusilar a Leo Franco. Muesca en el revólver de un forajido al que habían colgado el cartel de Reward, pero no en busca de recompensa, sino de traspaso.

Pudieron llegar más muescas. Los bandoleros de Pamplona cogieron la manija del encuentro y fueron marcando el tempo del partido. Como el lento pero seguro caminar del caballo de hierroen el lejano Oeste. Chu, chu, chuuu... Bum, bum, bum, bum. Ritmo machacón y sin agobios en la retaguardia, tratando de hacer más daño arriba para apuntalar un encuentro que siguiera con la línea de reparto de puntos que tan acostumbrada a ver están en El Alcoraz.

El juez del poblado decretó el descanso. Los forajidos de ambos bandos se retiraban al vestuario cuando la danza de la lluvia arapajoe empezaba a hacer efecto. Agua para que crezca la hierba, para que se alimente el bisonte y pueda nutrir de piel, carne y grasa al poblado indio. Agua que caía sobre el respetable, también sobre el millar de seguidores rojillos que quisieron sumar una más a las muescas en forma de campos visitados. Por algo era el estreno de Osasuna en Huesca en los últimos tiempos.

Las negras nubes no se abrieron cuando los avezados pistoleros regresaron al campo. Los del sheriff Anquela saltaron tras haber bailado al son de la Danza de la Victoria. O, por lo menos, la de la Remontada. Querían tapar esa herida sangrante que es su estadio, amarrar puntos y evitar que salieran de casa. Y por ello saltarona por los del Séptimo de Caballería rojillos. Con el cuchillo entre los dientes y sin agarrar las riendas del caballo. Arturiturituríturiiiii...

Pero el agua ya había hecho su efecto y la pólvora estaba mojada. Se tornaron los papeles, los forajidos osasunistas se convirtieron en inteligentes indios, esperando, pacientes, permutando a un lesionado Kodro por un veloz Pucko, apuntalando la velocidad con la entrada de Berenguer. Metiendo a Álex Sánchez por un asfixiado Nino, que ya cuenta con miles de batallas a sus espaldas pero que en ésta se fue de vacío, pese a tener una clara que se fue por un pelo. Y el tiempo pasaba. No había muescas que grabar.

Llegó el tramo final. Llegó la cabalgada de Pucko, con un último trote largo que permitió a Leo Franco desbaratar la puntilla. Llegó el asedio local. Llegaron los pinchazos, el hombre a tierra de Nauzet, de Torres, de Merino. Los gemelos empezaban a pasar factura y, como si los rojillos hubiesen caído en una emboscada del enemigo, uno a uno fueron cayendo al suelo. En busca de calma, de paz, de descanso, de sosiego...

Llegó la última subida del convoy del descuento, llegó el centro desde la derecha, el pase de la muerte de Tyronne, la ocasión para Héctor Figueroa. Pero el que había hecho la Danza de la Victoria no iba de blaugrana, el que había conjurado a los dioses, indios y vaqueros, no era de Huesca. El que bailó, para suspiro de la parroquia rojilla, fue el bandolero Martín Monreal, que llamó a San Fermín e hizo el milagro de que ese empalme se fuera arriba cuando lo suyo era que acabara en el fondo de la red. Y se acabó el asalto al fuerte de Huesca, con alegría para los nuestros.

Ahora a seguir trabajando en pos del objetivo, que no deja de ser esos 50 puntos que nos den la permanencia. Vale, sí, estamos arriba. Vale, también, tenemos a Urko Vera. Y de regalo, a Manolito, Manolín, Manolete o Manolo, ya veremos. Y suena otro delantero. Pero lo que nos hace celebrar la marcha del equipo, además de los tres puntos que nos aúpan a la parte alta del edificio, es la llegada de un delanterazo que lo vamos a gozar. Y para ello, qué mejor ocasión que el siguiente rival. Nada más y nada menos que el Oviedo, el nuevo rico que nos tiene ganas y que ya está por encima en la tabla. Pues habrá que seguir poniendo muescas en el revóler, rojos.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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