Clásico dominical

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Fran Pérez

Publicado el 25/01/2015 a las 19:34

Con vuestro permiso voy a hablar un poco en primera persona. Más que nada porque quiero compartir con todos vosotros el Clásico que me marqué este domingo. Asombrado me quedé porque ningún medio se habíahecho eco del mismo, que cuando aparece el palabro Clásico a más de uno se le hace gaseosa y encima se tiran litros y litros de tinta. Pero esta vez no fue así. Quizás porque sólo nosotros dos, mi amor y el que suscribe, lo disfrutaron. Un Madrid-Barça en toda regla que hizo del domingo la jornada completa. Y las que te rondaré, morena mía, ya que vistos los resultados va a ser cuestión de repetirlo.

 

Kodro, que se partió el pecho y se dejó el alma, es ayudado por un rival en un encuentro anterior. ARCHIVO

 

La jornada dominical amanecía con frío, sol y partido de Boscos. Ahí que me sumaba a la dupla CR 7 y Messi con dos chicharrazos para el Anaitasuna. Y es que uno no está acostumbrado a meter gol, así que si son dos, imaginaos. Esa era mi inmitación de la Pulga, que terminó con un atisbo de Sergio Ramos regalando el empate al rival con una cesión de esas que nunca hay que hacer y que culminó con un canto a CR7, el ex de la Irina, tras ser expulsado por una trifulca con un rival. Y eso que me llevé yo la faltita de marras, pero bueno.

Boscos aparte, el Clásico continuó en casa. Y es que había que rendir homenaje a la familia política y ya tenía preparado en el planing la elaboración de un cocido madrileño que, si bien soy más foral que el roble montañés y el vino de la Ribera, he de decir que me sale bastante apañadico. El caso es que herví la coliflor, corté el ajo para saltearla a posteriori y llené la olla express con los garbanzos previamente remojados, los Sacramentos enteros y agüita del Ayun... tamiento del Valle de Aranguren.

Tras más de 180 minutos, a saber, tres horas, y parando cada media hora a vaciar el caldo para hacer la sopa, concluía justo a tiempo de sentarnos a la mesa a ver el encuentro del Mini Estadi. La primera parte del Clásico, la madrileña, caía poco a poco por el coleto y hasta el buche para reposar, pesadamente, en el mismo momento en el que el pitolari decía que era hora de bajar las calorías asumidas.

Osasuna se encargó de poner su parte en el Clásico con el triunfo en tierras catalanas. ¡Qué menos!¡Qué más¡Qué gozada! Porque ver que tu equipo saca tres puntos más en el Mini Estadi, por muy mini que sea y por muy filial que se presente, mola hueso de espinazo. Y es que el equipo al que nos vamos acostumbrando, entre fichas profesionales, copas extranjeras y demás, la cosa empieza a pintar de maravilla.

Sisi era la única novedad tras volver de su sanción por tarjetas, cueva a la que se metió Miguelito del mismo apellido tras ser expulsado. El resto, los "habituales". A saber, los hermanos Flanes en la zaga, Vujadinovic en el centro y el mentado Sisinio en la izquierda. La dupla 36, Olavide y Merino, de doble pivote. Torres a un lado, De las Cuevas al otro, Kenan Kodro de enganche y Nino arriba del todo. Y a funcionar, oigan, que para eso nos vestimos de corto.

Empieza a ponerme brutote la mezcla perfecta de JASP's (Jóvenes Aunque Sbradamente Preparados) y MPQN's (Más Perros Que Niebla), es decir, de juventud y veteranía. Porque cuando la chavalería ve que baja el pistón, ahí que salen los zorros a arreglar el desaguisado y poner las cosas en su sitio. El equilibrio del equipo en la Ciudad Condal fue perfecto. En todas sus líneas. Y eso que al pobre Sisi le tocó bailar con las más feas, Dongou en el primer tiempo y Adama Traoré en el segundo. Échale galgos al albaceteño...

El Barcelona B sólo tiene un problema, y no viste de corto. El técnico Eusebio Sacristán no da con la tecla con una plantilla de jugones. Y eso que Halilovic, la perla, se quedó calentando banco. Todo el partido. Pero por ahí pululaban los mencionados Dongou y Adama (el segundo entró tras el descanso), Munir, Grimaldo, Gumbau y un elenco de jugones que llaman al primer equipo, tan necesitado de filial tras la sanción de la UEFA para fichar. Pero están verdes. Y la Primera es otro mundo.

Los locales empezaron achuchando, pero pronto bajaron el pistón. Ahí aparecieron los réditos del desgaste de Olavide y Merino. El hijo de Miguel tiene una zurda que hay que guardar en un cofre. Reparte juego, corta, tira caños, minisombreros... Fijo que si le pones un portaminas en el pie izquierdo, te diseña un rascacielos. Y Olavide no le va a la zaga. Ahí que empezaron a animarse, sobre todo en la presión a la salida jugada del Barça B (cuánto daño ha hecho la herencia de Guardiola) y a punto de dar un par de sustos a Ortolà que anduvieron.

Llegó el minuto 27, tras varios avisos rojillos, y Torres hizo de zorro viejo. Amagó el saque de una falta para mover las avispas del panal y, a continuación, filtró el pase raso al punto de penaltidonde apareció el santo y seña de los MPQN's: Nino. Empalma el chiquitín y crece su cifra de dianas hasta el nueve. Y lo que queda. Mientras, a casi cien metros de distancia, Santamaría sin mucho agobio salvo un mano a mano con un rival que sacó de lujo, se sacudía los guantes para quitar el polvo.

Tras el descanso, y con doble cambio de Sacristán, los culés asediaban el marco de Santamaría con un control estéril y sin premio. Soba, soba, soba y resoba el cuero el conjunto blaugrana pero sólo Adama por la derecha trataba de hacer las veces de estilete, para desgracia del pobre Sisi. Y cuando superaba la barrera el interior diestro, ahí que salían las ayudas o los centrales para abortar el peligro.

Tan bien pintaban las cosas que tuvo que llegar el borrón de todas las tardes. Una más que rigurosa segunda tarjeta amarilla a De las Cuevas nos dejaba con uno menos y 20 minutos, prolongaciónaparte, por delante. Expulsión con regalo, porque el bueno de Jan no debía conocerse las instalaciones y quiso acompañar a Miguelito camino a los vestuarios. A saber qué le habrá dicho al pitolari. A saber qué sanción le cae. A saber...

El caso es que no se pasaron muchos agobios debido a la táctica del sobe-sobe-sobe del Barça B. El ruido se quedó sin nueces y los rojillos aguantaron como jabatos, gestionando el oxígeno y los cambios. Entraron Berenguer y Onwu y Kibu, el segundo de Jan, ni siquiera tuvo que utilizar el tercer comodín para perder tiempo. Pi, pi, piiii y final del encuentro. 30 puntos, seis partidossin perder, cuatro de ellos con victoria. Y a ocho del descenso, que es lo que más mola, recién estrenada la segunda vuelta.

Domingo de clásico, o Clásico dominical, perfecto. Del cocido madrileño al postre en forma de triunfo culé. Quién dijo que los Madrid-Barça, Barça-Madrid no molan? A mí, desde luego, el de este domingo me ha molado muchísimo más que cualquiera de los celebrados últimamente. Y ahora, si la semana que viene, nos comemos un adoquín del Pilar, miel sobre hojuelas. Porque ante el vicio de pedir siempre quedará la virtud de no dar. ¡Enhorabuena, rojos!

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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