La razón de Jan

Publicado el 21/12/2014 a las 21:40
Triunfo rojillo, por primera vez dos seguidos, en un campo en el que nadie había ganado y del que sólo dos equipos habían pescado un punto. Y eso pese a tratarse de una isla, rodeada de mar y en el que hay peces a paladas. O eso dicen los que saben. El caso es que tuvo que llegar Osasuna al Estadio de Gran Canaria a poner una pica peninsular y demostrar que no hay empresas imposibles. Algo dificilillas sí, pero imposibles no. Y tras un partido de los de guante blanco, calidad, ocasiones y goles, se consiguió llenar la bolsa de puntos hasta los 22 merced a la victoria conseguida. Va a ser que Urban tenía razón...
El polaco siempre ha insistido en la misma idea de jugar a fútbol. Toque, raseo, movimiento de un lado a otro y apostar por el fútbol preciosista. Claro, eso en Canarias se puede hacer, máxima cuando enfrente tienes un equipazo con gente de la talla de Momo, Asdrúbal, Nauzet y compañía, enseñados desde el banquillo por el superclase Valerón. Pero en esta Segunda nuestra no todo es calidad, y hay mucho Anduva por el camino. Lo bueno es que, en esta ocasión, el técnico rojillo dio en el clavo y Osasuna consiguió una victoria más que balsámica. No es que la promoción esté a siete puntos, que lo está. Es que huímos tres puntos del descenso, dos semanas después de estar metidos en el lodo casi hasta las orejas.
Ante la cita insular el técnico presentaba las bajas de Vujadinovic y Nekounam. Ambos dos con problemas físicos no llegaron a la cita. Y ambos dos son de los que saben jugar el cuero, con lo que eran bajas sensibles. En su lugar, David García atrás y Mikel Merino, el chaval de Miguel. El resto, los mismos que una semana antes consiguieron la victoria contra los de Pucela, salvo el expulsado Flaño. Que luego hablaremos del tema de las expulsiones, que se las trae.
El caso es que Osasuna saltó con un once calcado al que terminó el encuentro anterior. Zaga formada por Cadamuro en la izquierda, Sisi en la diestra, David García y Flaño en el centro. Loé y Mikel en la sala de máquinas, con Cedrick a un lado y Torres al otro.De las Cuevas de media punta y Nino, que como exchicharrero del Tenerife volvía a un campo en el que precisamente amor no le iban a destilar, arriba para ziriquiar un rato. Un once compensado y de garantías.
Comenzó el encuentro y los de amarillo hicieron lo que tenían que hacer. Achuchar a Santamaría, otro excanario, pero esta vez de la Unión, que recibía una sonora pitada cada vez que tocaba el cuero. Y todo ello por un quítame aquellas pajas que dijo hace años, que si no se aclimataba bien el chaval cuando defendía la meta pío pío. Claro, qué queréis? Si es del norte, prefiere una buena nevada a una playita con su banana split. Cuestión de gustos y opiniones. El caso es que el meta empezó pronto a calentar los guantes ante las acometidas de Momo, Asdrúbal y compañía.
Para la media hora de juego un saque de esquina sirvió de tanto inicial a los amarillos. Merino y Santamaría, entre ponte bien y estate quieta, permitieron que el envío de Momo se colara directo en la meta de Osasuna. Gol de los denominados olímpicos, aunque entrara en la portería y no en los aros. Un error infantil que costaba caro. Más de lo mismo, llueve sobre mojado, tal y cual... Pero el caso es que la disposición, y sobre todo la predisposición de los rojillos, era bien distinta. Lejos de venirse abajo, siguieron jugando y empezaron a trabajar el empate.
Poco antes, bien es cierto, en una falta con bola extra que el pitolari Arcediano mandó repetir, De las Cuevas estrelló el balón en el larguero. Había sido la más clara, y casi única, ocasión rojilla en la primera parte.De ahí al descanso, poca chicha que acompañar al caldo. Piii, piii, piiii. Intermedio, todos a vestuarios y si eso seguimos en un ratico, unos quince minutos más o menos.
Osasuna saltó sin prisas en la reanudación. Con la cabeza fría, los rojillos fueron poco a poco subiendo la presión al rival. La Unión, mientras, esperaba agazapada a soltar el zarpazo mortal. Calidad tiene de sobra el equipo canario, digno y merecido candidato al ascenso directo y que la pasada campaña se quedó a un minuto de lograrlo, para alegría del Córdoba. Hasta el minuto 50 no se conoció a Casto, meta local. Un derechazo lejano de Torres calentaba las manoplas del portero. Centradito y sin mucho fuego.
Fue en el minuto 60 cuando un balón filtrado a la espalda de la zaga amarilla lo corrió como una gacela Cedrick. Ganó los 100 metros al rival y metió el pase de la muerte, raso, para que Nino llegara como los veteranos y empalmara al fondo de la red. 1-1 y el almeriense que ponía su pica en la venganza como ex del Tenerife. Y abrió el tarro de las esencias y el fútbol rojillo. Porque desde el gol, y hasta el 69 que se consiguió el segundo, Osasuna controló y dominó, sin apenas agobios en defensa. La UD estaba noqueada. Había que aprovechar la coyuntura,
En el minuto 69 Torres envió un saque de esquina con mala leche y mucha parábola y Mikel, el hijo de Miguel Merino, entró con todo para cabecear. Bien es cierto que más que con la cabeza remató con el hombro, pero el caso es que el cuero enfiló portería y se coló pegadito al palo izquierdo, dejando al pobre Casto como si de un atún en la red se tratara. 1-2 y se había remontado. En casa del líder. Donde nadie había ganado. Aunque quedaban 20 minutos más el postre, esto pintaba bien...
Pintaba bien, sí. Pero tenía que llegar la expulsión dichosa. Habrá que llamar a la RAE para decir que el término tarjeta roja se sustituya por Flaño. Y es que en una nueva jugada similar a la que a Javier le costó la segunda amarilla una semana antes, Miguel veía la suya y se marchaba a la caseta. Minuto 76 y quedaba un mundo por delante. Todos soñábamos con repetir la gesta lograda contra el Valladolid, que Sisi cerrara y se animara a lanzar contras, que no nos marcaran y cobrar un botín de oro de las islas afortunadas.
Y caprichos del destino, el milagro se obró. Echaide entró por De las Cuevas para cerrar la zaga. Sisi y Kodro se hermanaron en dos contras que pudieron ser definitivas, pero el albaceteño estrelló el balón en el cuerpo de Casto en ambas ocasiones, una por acierto del meta y la otra por fallo del ahora convertido lateral diestro. Santamaría se multiplicó y acalló los silbidos en una doble ocasión de Nauzety, sobre todo, ante Roque al que le quitó el gol a medio metro de la línea de anotación. Hasta Olavide, que había entrado al verde, se entonó y se atrevió con regates y jugadas.
Llegó el minuto 93 con el área rojilla sembrada de amarillos y llegó el tan ansiado triunfo, segundo consecutivo por primera vez esta temporada,para Osasuna. Se alcanzan los 22 puntos, se llega al parón navideño con el horizonte un pelín despejado y con ganas de seguir sumando para hacer un buen año. Se llega a la Navidad con una sonrisa, algo impensable el día que se certificó el descenso a Segunda y tras el veranito-otoño que nos hemos metido entre pecho y espalda. Ahora parón antes de recibir al Leganés de Eraso y compañía en El Sadar. Pero para que llegue eso, antes tienen
que llegar Papa Noel y el Olentzero. De corazón os deseo que os dejen todo lo que deseáis porque, tras un año con más penas que alegrías en lo deportivo y en lo económico, va llegando la hora de empezar a esbozar la sonrisa.
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!