Cáscara, clara y yema

Publicado el 06/12/2014 a las 20:35
Un par de semanitas de asueto, descanso o vacaciones, casi desconectado de la actualidad rojilla (aunque os he de reconocer que es imposible desconectar de este equipo) y cuando vuelvo al tajo, madre, que este país está empobrecido hasta las trancas, me salen con un partido en Anduva que me confirma que la vida sigue igual. Ni las mamparas con Peter, ni los sustos de Ainara, Toñín y mi Amor, ni el viaje a la capital ni la llegada del frío han variado la imagen de nuestro Osasuna. Contra el Girona, un espejismo.
Echadle huevos, cantaban los más de mil incondicionales que viajaron hasta tierras burgalesas. Pero los nuestros se han olvidado de lo que significa ser de este equipo. No hay ni cáscara, ni clara (no me refiero a mi amiga la bética) ni yema. Y sin huevos poca tortilla se van a comer. No me valen excusas de que si el terreno estaba pesado, que si llovía mucho, que si ellos corren más, etc. Esto es un juego de once contra once, que reza el tópico, y a estas alturas todos los que se calzan las botas deberían estar enterados de que en Segunda, y más fuera de El Sadar, hay que tirar de criadillas y pelea desde el primer minuto y hasta el último. Pero va a ser que no, no se han enterado.
Más de lo mismo. Jan repitió el once de la semana anterior, el de las buenas sensaciones. Algo ha debido pasar entre semana para que las sensaciones se borren en el primer minuto. Y damos gracias a Santamaría, madre de Dios, que si no el descosido que nos traemos de Anduva es de los que necesitan carretes para arreglarlo. El meta rojillo se va asentando y está haciendo buenas actuaciones en la portería. Lo único salvable. De ahí para adelante, si es por el que suscribe, vuelvena patita todos los jugadores.
No se puede dar una imagen de equipo blandito, de no entrar con fuerza, de no acudir a los saltos y a las pugnas, no pelear los balones, quedarse al rechace y a la espera del fallo del contrario. No se puede jugar tan mal en un campo de fútbol como lo hicieron los nuestros. Hay cosas en esto del balompiéque las sabe hasta un niño de benjamines. Una de ellas es que cuando las condiciones no se dan para rasear, se tira de estrategia. Los córners pueden ser medio penalti. Pero claro, para ello es preciso llegar al área rival y tratar de forzarlos. Ni eso se buscó.
El encuentro comenzó con el Mirandés volcado sobre los dominios de Santamaría. El meta se embarraba el traje a las primeras de cambio y no paró de despejar balones en los 45 minutos iniciales. Adelante, Ansarifard intentaba un par de cositas y poco más. El resto, desaparecidos. Como las vacas viendo pasar el tren o, en su defecto, contemplando el diluvio. Ni para sudar le daba a más de uno. Los locales entraban por todas partes, cerraban atrás de forma envidiable y su meta Razak no hizo ninguna intervención en la primera parte.
Más de lo mismo. Sí, ya sé que me repito, pero es que el segundo tiempocomenzó como si no hubiese habido descanso. Como si Urban no hubiera dado charleta en el vestuario. Como las vacas viendo pasar al tren. Los locales seguían con el martillo pilón y la afición rojilla repetía sensaciones, no las buenas de la pasada jornada, sino las de toda la temporada. "Nos la van a clavar", pensábamos. Y así fue. Enésima internada por la izquierda del ataque local, centro que no se cierra, balón muerto y Urko Vera que fusila a Santamaría. El sobrinísimo no pudo sacar esa. Es que si la saca se gana estatua en el Olimpo del fúrgol.
En ese momento se movió el banquillo. Entraron Merino y Cedrick. El congoleño fue objeto de un penalti que parecía de libro, pero el pitolari le regaló amarilla por piscinero. Osasuna empezó a volcarse en busca del empate, dejando la puerta de la cocina abierta. Como en anteriores ocasiones. Se mascaba la contra definitiva con más fuerza molar que el empate. Pese al penalti, repito. Y para guindar el pastel, el míster metió a Cadamuro por Loé, en un cambio que nos dejó ojipláticos, y el partido se derramó hasta el final. Con el 1-0 de Vera.
Hay muchas cosas que no me explico. La falta de huevos es una de ellas. Pero los errores de principiante de muchos jugadores no tienen cabida en un presuntamente equipo profesional. Un control malo, resbalones, pérdidas de sitio, malos marcajes, ausencia de apoyos cuando un compañero pierde el lugar, escasez ofensiva... De todo ello adoleció Osasuna en Anduva. Más de un jugador debería hacer propósito de enmienda y empezar a dar lo que se espera de él. Porque hay muchos futbolistas de la plantilla que parece que están en el equipo viendo pasar el tiempo y conociendo plazas de España en las que no habían hecho feria. Y ya vamos 16 partidos.
Faltan muchas jornadas hasta llegar a la 42 y sigo confiando en este equipo. No para subir, seamos realistas. Pero sí para mantenernos sin agobios ni problemas. La Segunda es una lotería, sobre todo en las últimas diez jornadas. A nada que empiecen a hacer las cosas medianamente bien, se pueden plantar en la recta final con posibilidades de meterse en el play-off. Pero lo primero es hacer una reflexión profunda, conjurarse para pelear todos los partidos y tratar de encontrar la cáscara, la yema y la clara necesarias para disputar la categoría. De ahí en adelante, seguro que la tortilla de la victoria se hace solita. Y contra el Valladolid habrá que cocinar con ganas.
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!