La flor se riega en Pamplona

Publicado el 02/11/2014 a las 16:22
Va a haber algún dichoso partido de los rojis en el que no suframos como canes? Porque madre del amor hermoso, menudo Jalogüin que nos brindaron los nuestros contra el Betis de Clarita. Musho Beti pero, al final, los tres puntos se quedaron en Pamplona. Seguro que más de uno, todavía después de comer, debe haberse quedado ante la tele ojiplático y boquiabierto por lo visto. Y es que de poder irnos a la caseta en el descanso con un claro (y más que merecido) 0-5, al final del partido, voltereta y ya tenemos 14 puntos. Menuda mañana de fútbol.
Y eso que empezó mal, como si el nublado que cubría Pamplona y su cuenca vaticinase nubarrones para los rojillos. Derrota en Boscos, con un pitolari de esos que tranquilamente pueden pitar al Anaitasuna como al Real Madrid (si es que las castas son las castas, cariño, lo mires por donde lo mires). 2-3 y mala sangre en el cuerpo porque podía haber sido otra cosa. Pero bueno. Duchita, neumático y a casa, que a las 12.00 jugaba Osasuna y, pese a que lo echaban los del Pús, para un día que tengo libre me arrimo al campo.
Como Daniel y el amigo Belcos, sobrino y tío, que también se animaron pese a la mañana ceniza. Disfrutó como un enano de los goles y la remontada rojilla, con alegría y la ilusión propias de un chaval. Y el sobrino también, claro. O eso decía cuando recordaba el golazo de Onwu que nos daba la victoria, brinco incluido en la grada. Y es que la inocencia de los más peques es lo que mola, pese a que a estas alturas de la vida más de uno la hayamos derramado por el camino. Tampoco es de extrañar, tanta operación Púnica, tanto chorizo y tanto ladrón en este país todavía herido de muerte.
Podemos. Parece que el equipo se contagió de las primeras encuestas de intención de voto que comienzan a surgir a medio año de los comicios. Un poco largo se nos va a hacer, pero no creo que tanto como el devenir rojillo en Segunda. Porque esta vez venía a Pamplona un grande, el Betis, con un santo en sus filas, N'Diayey contra un Osasuna que está encajando los donuts en cada partido que juega, de dos en dos. Y esta vez? Bueno, quizás con aquello de que Jan apuesta por el preciosismo, y al tener los quilates que tienen los verdiblancos, con la misma vemos un gran partido de fúrgol.
Arrancó la matinal con los visitantes abusando de cuero, controlando la pelotita y haciéndolo bien. Rubén Castro, jugadorazo, avisaba con un zapatazo que calentaba las manoplas de Santamaría, Madre de Dios. A la primera erró, a la segunda, cazó gol. Un centro desde la izquierda y el delantero, que otras habilidades atesora pero lo que viene siendo altura más bien tiene poca, fue más listo que Cadamuro y Flaño y cabeceó con sentido. Abajo, cruzado y a gol. Nubarrón negro por el cielo sobre El Sadar.
Lejos de guardar la ropa, los de Velázquez siguieron a lo suyo. A saber, jugar a fútbol. Contras, recontras y requetecontras a placer, driblings y huecos, ocasiones y los guantes del meta rojillo que para la media hora echaban humo. Y un poco más tardes, ¡zas! Segundo y a por el tercero. Balón filtrado a la espalda de Cadamuro, que de muro tiene más bien poco, regate de Castro a Santamaría, que le hace un roto y tres descosidos y su pase de la muerte lo clava de espuela Rennella. 0-2 y, lo que es pior, la imagen que estábamos dando.
El Betis seguía en plan molón, apisonadora y excavadora todo en uno. Nos superaban en cada una delas líneas, no creábamos peligro, se colaban hasta la cocina y sólo Santamaría y Echaide parecían aguantar al equipo. Nekounam dejaba muestras de estar para pachangas y poco más, Nino se desgañitaba sólo, y en ataque, alguna que otra intentona baldía de Kenan (que no Meho)Kodro, un chaval con maneras y actitud. Por lo menos no caía agua, que dentro de lo que cabe, era de agradecer. Y así, entre pitos y más pitos, que para flautas no nos daba, se llegó al descanso con el milagro de no haber encajado más que los pertinentes dos de todas las jornadas.
Jan debió sacar la regadera en el vestuarioy echó agua a mansalva, de la milagrosa, a la flor que se ha debido traer de Polonia, porque de lo contrario, no se explica la segunda parte. Con sólo la permuta de Sisi por Ansarifard el equipo mutó de cardo borriquero a margarita primero y, de ahí, a lozana rosa. En 15 minutos, gracias al laboratorio de Tajonar, se logró el empate. Con un córner peinado por Nino y remachado a placer por Nekounam y tras una falta lateral lanzada por De las Cuevas y peinada magistralmente por Flaño. 2-2 y media hora por delante. Ya habían salido los primeros pétalos y hasta espinas. Faltaba el olor.
Parece que Pamplona se ha convertido en el invernadero ideal para el polaco. Los encuentros que disputa Osasuna en El Sadar están marcados por muchos goles y la anarquía total del juego. Esa táctica de 'Mariposón el último' o, en su defecto y para no herir sensibilidades, 'Sálvese quien pueda' le está funcionando a Urban. Pero no podemos seguir así toda la temporada. Vale que siendo fuertes en casa se pueden sacar muchos puntos de cara a lapermanencia o para el casi imposible ascenso. Pero así... Mucho corazón va a cascar.
En esas andaba la patata, que si latía o no, cuando en el tramo final llegó el enésimo córner. Se había desinflado el arreón que tanto nos pone y que nos había llevado hasta el empate. El Betis permutó para dar poso al centro y peligro arriba con Chuli y Urban trató de hacer reverdecer la flor con la entrada de Onwu tras un tocado Kodro. Y desde la esquina partió un cuero que parecía morir en los puños de Adán pero esta vez, y no como las anteriores, el cancerbero metió mal la muñeca y el globo se elevó al gris y plomizocielo pamplonés. Fue cayendo, poco a poco, envenenándose y aproximándose centímetro a centímetro hasta la línea de gol. Y ahí esperaba, agazapado, Manu Onwu. El de Valtierra saltó a destiempo, pero con la buena suerte de que el cuero le pegó a él y entró. Sí, entró, sin bromas ni nada. Y la flor hizo ¡plop! concluyendo su germinación definitiva.
Y la grada saltó, la grada cantó, la grada celebró la remontada, la voltereta en el luminoso, la victoria que no peligró ni siquiera en la última falta. La grada rojilla volvió a fundirse con el equipo en una suerte de simbiosis que cada domingo crece más y más. Por qué no va a dar frutos la flor de Urban? Sólo falta mimarla un poco, sobre todo a domicilio, para esperar que dé frutos. Porque en Pamplona, pese a encajar dos goles, se ve que respira mejor la florecilla. Y si no, que se lo pregunten a Daniel, que se divirtió como hacía tiempo que no lo hacía. A ver qué tal le va a la flor el frío soriano de Los Pajaritos.
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!