¡Se sienten... leñe!

Publicado el 24/02/2014 a las 00:08
23 de febrero. 23-F, para los desmemoriados. Una fecha que pasó, hace 33 años, a la historia de España como uno de los capítulos más lamentables de nuestra era contemporánea con la intentona golpista del teniente coronel Antonio Tejero y sus secuaces tratando de tomar, por la fuerza de las armas, el Congreso de los Diputados. "¡Se sienten, coño!" Y no leñe, pero es que en el título quedaba feo y hay que guardar las formas. Pero la idea es clara. El poder militar quiso asestar un golpe mortal a la recién estrenada democracia en el país, tras una larga etapa de democracia orgánica encabezada por el que descansa en el Valle de los Caídos, de segundo apellido Bahamonde.
El amigo Ibo, que es un fiera para todo lo que huela a historia y además sabe de la misma un porrón y medio, bien me lo relataba hace pocos días. Tejero fue el cabeza de turco, el paganini de aquél plan que fracasó y que dejó al amigo Juan Carlos al borde del despegue en helicóptero para huir del país. Sí, eseo rey que se cae más que whattsap. El mismo. Pero es lo que tiene la historia, que al final y con un poco de perspectiva, se ven las cosas de otro modo. Así que amigo Ibo, no te lamentes con el Tata, que aunque metió la pata en Anoeta, es cierto que el norte no se les ha dado bien a los grandes esta jornada.
Hoy no hay militares golpistas. Hoy son directivos, directores generales, encorbatados, banqueros de a 6,7 millones netos al año más preferentes los que nos están ahogando. Los que día sí y día también nos dan un golpe de estado a nuestros bolsillos, apretándonos las tuercas y haciéndonos vivir un contínuo 23-F sea enero, julio o diciembre. Auspiciados por una reforma laboral que da carta blanca a los empresarios para meter mano en los sueldos, rebajarlos a la mitad por arte y gracia del "porqueyolovalgo" y quedarse tan panchos palmen 18, 20 o 22 kilillos de nada. Y esa diferencia viene marcada por la presencia de ricos y pobres. Como en el fútbol.
Ya siento haberme ido tanto, pero es lo que hay. Todo mi apoyo a los compañeros de Diario de Navarra, entre los que me incluyo, para lo que nos viene encima. Pero repito, es lo que tiene ser rico o pobre. Aunque Osasuna nos enseñó el camino. El currito, el del mono de trabajo, el currela, es capaz de dar en los morros al rico. Al que venia a Pamplona como colíder, a todo un Atlético de Madrid con un pie en cuartos de final de la Champions y difuminando la bicefalia de merengues y culés en esta Liga. Tres presupuestos monstruosos que serían capaz de reflotar esta santa casa para, al menos, tres siglos.
Espoleados por la derrota de los del Tata en Anoeta y la victoria de los de Carlo en el Cuernabéu, los colchoneros no querían dejar pasar la oportunidad de ganar en Pamplona y llevar al derbi de la capital en igualdad de puntos con los merengues. Las previas anunciaban la idoneidad del campo rojillo para los intereses cañoneros de Diego Costa, la magia de un exrojillo ahora atlético como Rulo García, los parabienes de un portero que llegaba con el Zamora casi en el bolsillo y una zaga impenetrable. La fuerza del Atlético del Cholo, con su garra y su "partido a partido".
Pero enfrente estaba Osasuna. Que también sabía lo que se jugaba. Que había visto cómo el Betis perdía, el Rayo perdía y el Valladolid empataba en casa. Que si ganaba, dejaba la quema a siete puntos. Y todo cuenta, amigo Ibo, a la hora de jugar. La fuerza y el trabajo frente a los millones. Qué pesará más en la balanza? La lógica no siempre manda...
Los rojillos saltaron al campo como hacía tiempo no se veía. En cinco minutos abrían la lata con un córner de estrategia. Balón en corto, centro a la olla, arrastrada de todos al primer palo y Cejudo, el más listo de la clase, entra más sólo que la una y empalma abajo, donde más le puede doler a un portero larguirucho como Courtois. 1-0 y los tanques golpistas rojillos que marchaban como apisonadoras, alimentados por la gasolina que vertía la grada, conocedora y sabedora de la importancia de lo que podría suponer un victoria.
Los atléticos querían, pero Osasuna no le dejaba. Tal y como reconocía Simeone en los vestuarios, su equipo jugó bien pero es que el de casa lo hizo mejor. Y en el minuto 20 llegaba otro disparo metafórico, esta vez del argentino Armenteros, que a lo Bale empalmaba un zurdazo lejano que besaba el palo y se iba para adentro. 2-0. Y sin noticias de Diego, Costa, Villa, Adrián y compañía.
Osasuna aguantó las tímidas acometidas de un equipo que parecía estar pensando más en el partido contra el Real Madrid, la próxima jornada, que en el presente. Mientras tanto los nuestros, a la táctica de la perrica. Agazapados, esperando un fallo y a salir zumbando a la contra. Y con esas se derramaba la primera parte cuando el balón llegó otra vez al ataque rojillo.
Armenteros metió el balón a la carrera de Damià. El lateral, campañón el suyo, centro con la zurda y Torres, rodeado de amarillos, encontró el hueco donde iba el esférico y cabeceó abajo, a los pies del belga. 3-0. Golpe de Estado en toda regla, esta vez con mayúsculas, ya que el pobre se imponía al rico con sacrificio y trabajo. ¡Vamos, rojos!
Tras el descanso mejoró el Atlético de Madrid, aunque siguió igual Osasuna. Y ante esa comparación, los rojillos ganaban. La seguridad defensiva, desde Andrés hasta los laterales, pasando a la anticipación de Lotiès y a la tranquilidad de Arribas, eran un seguro que abortaban las intentonas de pelea de los colchoneros. Silva y Lolo ejercían de mariscales de revuelta en el centro del campo, contemporizando y marcando el ritmo, durmiendo el cuero como veteranos para hacer buena la ventaja de la primera parte.
Arriba, Oriol Riera y Torres peleaban cada cuero, y en las alas Cejudo y Armenteros se vestían de estiletes para hacer sangre a la endeble zaga colchonera. Hubo ocasiones, pero no tan claras como en la primera parte y con resultado diferente. A pesar de la entrada de Raúl García, ovacionado en su regreso a casa, de los silbidos a Juanfran, que tanto dio a este equipo con su gol a Casillas que valía una permanencia, la nota predominante era la ola que se dibujaba en las gradas del populacho, contento y feliz tras ver cómo el pobre le mojaba la oreja al rico. Como los libertadores en Ucrania, pero en plano deportivo y humilde, sin sangre, que eso no gusta en las lides balompédicas.
Ahora a Levante, a ver si somos capaces de sumar. Con la tranquilidad de saber que el colista pinta muy mal, que el segundo por abajo juega fuera de casa y que el tercero por abajo también sale a domicilio. A seguir trabajando, como los currelas que somos, para tratar de dar lo mejor de cada uno. Porque es una máxima que en esta vida, con trabajo, dedicación y cariño, todo sale adelante. Les pese a la reforma laboral, a los directores generales, a los banqueros de corbata o a quienes quieran seguir poniendo palos en las ruedas.
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!