Candy Cruchaga

Publicado el 31/10/2013 a las 01:07
Pues ya estamos fuera del descenso, chavalería. Y con goles, dos de ellos navarricos, ganando sin mucho apuro y, para no variar, jugando una parte del partido con uno menos. Y es que el bueno de Gracia espero que vaya tomando nota y dedique parte de los entrenamientos a jugar con diez, ya que el colectivo trencilla anda sacando la colorada a los nuestros con más facilidad que los espías yankis ponen la oreja donde les salga de la napia. Dicen que sarna con gusto no pica, aunque mortifica. Pues ale, que pique, que pique, que nosotros ya tenemos diez punticos ricos, ricos...
Más de uno imagino que conoceréis el juego este de los caramelitos que triunfa en el Fibúsh y resto de redes sociales. La verdad es que engancha tanto azúcar, que si ahora junto cuatro rojos y me sale uno a rayitas, que si pillo cinco y me aparece un caramelo con virutas y si junto ambos, el explosionazo que te crío. Pues esto me viene a la cabeza tras ver el encuentro de Osasuna contra el Rayo Vallecano, que no Americano, amigo Josemari. El caso es que ver a los de rojo junto a unos de amarillo y verde era demasiado para el body, ya no hablamos del iris. Armagedón de colorido y saborío...
Uno de los medios mediáticos de la capital se lanzaba esta semana una doble página en la que aparecían los futbolistas de las estrellas enganchados al Candy este. Claro, como somos navarros y, al igual que don Mariano y la Botella de inglis pitinglis ni papa, lo foralizamos un poco y lo denominamos Cady Cruchaga, por el eterno capitán rojillo. En el reportaje se decía que la moda de arrejuntar caramelitos no ha dejado impasibles a los futbolistas de Primera División, e incluso se marcaban una clasificación con los más acaramelados de la máxima categoría. Marcos Tébar, del Almería, se marcaba el lujazo de 476 niveles zampados, sin caries ni nada. Le seguía Molina, del Betis de Clarita, con el 410. Y la tercera plaza del podio, muy cerca, era para el rojillo Manu Onwu, de Valtierra (y no Tudela, como sueltan en la televisión). 409, ahí es nada. Y luego los culés, enganchados que me andan, aunque no superen mucho los 200 niveles, Messi incluido.
Claro, como ellos juegan con camisetas de coloricos, así que les da por juntar, combinar y sumar niveles con facilidad. Eso sí, a pesar y con permiso del Tébar, ahí quedan los 440 de mi Chuchu que, aunque no juega en la Liga de las Estrellas, para mí es la que más luce del cielo. Una crack es lo que tengo en casa. La líder foral del Candy Cruchaga, que no es moco de pavo.
Y dejando las caries a un lado, el partido contra el Rayo de mi cuñado Toñín comenzó de dulce, nunca mejor dicho. Para el primer minuto el comodín Oier ya perforaba la meta visitante con un envío azucarado de Cejudo desde la esquina. Sin oposición ni marcaje, Sanjurjo desenvolvió el caramelito que le enviaba el cordobés y arrancó una muela al pobre Rubén, que se temía más de un flemón en la noche pamplonesa.
Como el estropicio no les parecía poco a los rojillos, nueva cabalgada a la tienda de golosinas de amarillo y verde y De las Cuevas soltó un zapatazo cruzado. La rodilla de un rival dejó la pelotita muerta y a placer, a huevo, golosa golosa, para que Oriol Riera hiciera la quinta muesca en la carrera por batir al legendario Jan Urban. 2-0 y un cuarto de hora en el luminoso. ¡Pardiez, sí que ha sido dulce el comienzo! Ni en el mejor de los sueños esperábamos un encuentro así.
El Rayo jugaba mejor, controlaba el cuero, las jugadas, pero la ventaja nos daba alas para replegarnos y salir a la contra. Andrés, algo dubitativo al principio, se asentó y ahogó toda iniciativa de acortar el marcador por parte de los visitantes. Bueno, Andrés y Lotiès, que el central francés se marcó un encuentro de chapeau. Y así, grano de azúcar a grano de azúcar, el descanso llegó al Sadar y la tranquilidad se asentaba en la grada.
El arranque siguió enseñándonos más de lo mismo, el Rayo llevando la iniciativa y los nuestros con la guillotina alzada para dar el golpe definitivo. Y en una contra de botes, rebotes y combinaciones de caramelos rojos en la frontal vallecana, Loé fue el más listo y abrió rasito a la izquierda donde, Robertico Torres, metió el guante de su derecha y alojó el balón casi en l escuadra diestra de la meta vallecana. Demasiado castigo?Demasiado premio? Bueno, el caso es que una horita de juego y 3-0.
Como somos Osasuna y Competición no había quitado la roja a Damiá, y por aquello de que el lateral no se sintiera solico, De las Cuevas se unió a la causa y sacudió una fuera de tiempo, por detrás, abajo y bastante fea que hizo que el pitolari le enseñara el camino de vestuarios antes de tiempo. Minuto 65, con uno menos, a que nos hacen la de cinco caramelos estos de Vallecas y nos dejan con la miel, el azúcar y el pirulín en los labios...
Para el minuto 71 los visitantes, por medio de Gálvez, acortaban distancias. Ñec, ñec, ñec... Nos chirriaban los dientes, frunciendo el entrecejo y pensando que igual, tanto Cruchaga, nos iba a pasar factura y podíamos pasarlas canutas. Típico empaño de caramelos que, al día siguiente, pasa receta en forma de retortijones o malestar. Y es que no estamos acostumbrados a ver tantos goles, por lo menos, no últimamente...
Pero nada. El colesterol de este Osasuna de Gracia anda más que controlado, hasta dentista deben de tener, ya que la dentadura supo apretarse, supo mantenerse firme, supo aguantar y sufrir hasta el final. Con Andrés mordiendo por cada balón, con la defensa concentrada hasta el último segundo, con Miguel Flaño regresando tras una larga temporada de lesión. Se aguantó y se brindó a la grada una victoria dulce como algodón de azúcar que, encima, lleva el premio de salir de los puestos amargos del descenso.
Ahora, a Anoeta, por segunda vez en la primera vuelta pero para jugar contra los dueños del campo. A ver si seguimos de dulce, a ver si somos capaces de hacer un caramelón de los gordos a los txuri-urdin y a ver, sobre todo, si el que suscribe es capaz de superar el dichoso nivel 314 y empiezo a codearme con los mejores, aunque mi novia me saque ciento y pico de ventaja...
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!