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El Forofillo : El blog de Fran Pérez
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Au revoir, les bleus

El Forofillo Fran Pérez
Au revoir, les bleus
JESÚS CASO
Actualizada 24/06/2012 a las 09:49

 

España elimina a Francia de la Eurocopa 2012

 

Uno, que vio las primeras luces de este planeta en el año 1974, esperaba con ganas la llegada de un día como el sábado 23 de junio de 2012. Y no creáis que me refiero a las hogueras de San Juan, ansioso por saltar sobre las llamas, chamuscarme las pestañas y dejar olor a torrezno por abrasar los cuatro exiguos pelos que me cubren los brazos. Ni por envolver una patata en papel de plata, ese aluminio que se hacía en Irurtzun y que ahora a saber de dónde lo traerán. Para nada. Esperaba una victoria oficial contra Francia, sobre Francia, para escarnio de Francia. Porque he mamado mucha decepción de manos de los de azul, de los futbolistas que llevan "le coq sportif" sobre el pecho. Gracias, Xabi. Ya puedo morirme tranquilo.

Porque no es cosa baladí de lo que os hablo. A ver. Vamos a ir poco a poco, empezando como toda historia por el principio. Hijo como soy, aparte de la Pili y José Luis, del Naranjito, Clementina, Citrón y Zruspa, mis primeros recuerdos futboleros se remontan al Mundial de 1982. Vale, algo me acuerdo de la final del 78, entre Argentina y Holanda. Ver en la única tele que había a un espigado Mario Alberto Kempes celebrar un gol, corriendo como loco, saltando que parecía que se le habían enredado los muelles de las piernas y con miles de papelitos volando. Puede que esa final fuera la que sembró la semilla de mi pasión por el fútbol. Quién lo sabe. Pero con Santillana, Camacho, Señor, Carrasco, Arconada y compañía es cuando se asentó en mi hipotálamo.

El Mundial de España, pues bueno. Los que lo visteis y recordáis como que poca cosa. Pasamos la fase de grupos porque poníamos la cama. Y punto pelota. Pero de ahí salió una generación que desembocó en la final de la Eurocopa 1984. Parque de los Príncipes de París. Rival: les bleus. Michel Platini capitaneaba a una selección con Tigana, Battiston, Giresse, un tal Luis Fernández y unos cuantos que asombraban Europa. España, capitaneada por el que para mí ha sido mejor portero del mundo mundial: el grandísimo Luis Miguel Arconada. En él me fijaba cuando me ponía bajo el larguero de las porterías del colegio José Vila, estirada para la izquierda, palomita para la derecha. Luego comprobé que lo de los guantes (aquellos amarillos o verdes, de puntitos de goma negros, mundiales) no era lo mío. Aunque lo de darle patadas, modestamente, tampoco es que me sacara de pobre...

 

Un título en juego. Una final. La Furia a por todas. Y llega la falta, la dichosa faltita al borde del área. Allá que va el actual presidente y mandamás de la UEFA, uno de los chauvinistas galos del coq. Y mete bajo el cuero la bota. Boquiabierto me quedé al ver cómo sobrepasaba la barrera, pero se me volvieron a juntar los labios al comprobar que mi Arconada estaba perfectamente colocado. A mitad del suspiro de alivio fue cuando llegó el drama. Zampada. Comida. Colada. Error. ¡No me lo podía creer! Si decir Arconada y error en la misma frase estaba considerado fallo gramatical... Pues no. Adiós a medio mito y adiós a la posibilidad del título. El final del cuento lo sabéis. 2-0 y a casa. Como subcampeones, pero a casa.

En el año de las Olimpiadas y la Expo de Sevilla, 1992, los galos tuvieron la osadía de fundirnos en los dos partidos de clasificación para la Euro de Suecia, cita que nos perdimos. Segunda bofetada en toda la jeta y otra muesca para seguir cogiendo tirria al vecino del norte, dado a alardear de sus éxitos tanto como liarla parda en sus fracasos.

Tuvieron que pasar muchos años para que mi infección agálica volviera a aparecer. Quitando amistosos de paripé, llegaba la Eurocopa del año 2000. Había llovido mucho y empezaba a salirme barba por la cara, no tanta como le gustaría a mi Amore. Pasamos primeros de grupo y nos cruzamos con les bleus otra vez. Djorkaeff, pedazo delantero de nombre Youri, y Zidane dejaban corto el tanto de Gaizka Mendieta. Pero al final, cuando se derramaban nuestras ilusiones por el retrete, un penalti absurdo de Fabian Barthez nos daba la esperanza de empatarles, de hacer sangre con los azulones. Sangre que se encargó de tapar con una tirita Raúl, lanzando fuera el penalti. Ya van tres... Pero no se vayan todavía, que aún hay más.

Nos habían dado para el pelo en Eurocopas. Llegó el Mundial de 2006. Villa, Cesc, Casillas, Xavi y compañía ya asomaban la cabeza. España pasaba primera de grupo ganándolo todo. Francia, por los pelos y gracias al triunfo contra Togo... ¡Togo, oyes, Patxi! en la última jornada del grupo. Y en octavos nos volvíamos a cruzar. Íbamos a jubilar a Zidane y al final, el abuelito, nos dio la del pulpo. 3-1, adelantándonos con gol de Villa, y a casa.

Claro, tanta mala leche acumulada hace que cuando pasa algo como lo del Donbass Arena ucraniano hace que el sufrimiento pasado haya merecido la pena. Era ahora o nunca, y se dio. Se dio con todas las de la ley. Descabezamos al dichoso coq y nos lo comimos con papas arrugás y un vasico de tinto. Les bailamos, les dominamos, los mareamos y les metimos dos chicharricos que, de golpe y plumazo, borraban los fracasos pasados.

Gran partido de los de Vicentito. Todos estuvieron al nivel que se les viene exigiendo. Y cumpliero con creces. Una primera parte que empezó de tanteo, tratando de desmadejar el laberinto que Laurent Blanc había puesto en el centro del campo. Hartito ando de que todas las selecciones salgan a jugar contra España a destruir, metiendo peña en el eje central para no dejar jugar a los Xabis, Inieste y Silva. Pero hay que saber tomar otras salidas y variar para salir de este tipo de planteamientos antifútbol. Y por ahí apareció un chavalín, novato, debutante en una Eurocopa y que para mí está siendo la gran revelación. Jordi Alba.

El lateral ganó por pelea, se plantó sólo por la izquierda, tuvo la veteranía de pausar, levantar la cabeza y meter la zurda bajo el esférico, al segundo palo. Allí entraba el barbas, el tolosarra, Xabi Alonso. En su impulso del cuello hacia atrás estaba cogiendo la fuerza de todo un país, las ansias de venganza (deportiva, ojo, no os desbarréis) de toda una nación. Y en su cabezazo, potente, listo, colocado, efectivo, iban cosidos al cuero la falta de Platini y la camiseta azul y negra de Arconada, la eliminación de la Eurocopa de Suecia, el penalti alto de Raúl, la no jubilación de Zidane y hasta las celebraciones ruidosas de los franceses en Pamplona durante los Sanfermines del año 2000 por la Eurocopa ganada por les bleus. Todos recuerdos malos que se esfumaron bajo la impotente mirada de un batido Lloris.

Y el resto fue coser y cantar. Dominamos a unos galos que se encomendaban a Ribèry y Benzema, pero que no podían con los nuestros. Una segunda parte con nervios, pero no tantos como contra Croacia. Un final de partido certificando la superioridad de España sobre Francia, con el segundo del mismo Xabi para la tranquilidad final. A pesar que todos estábamos pidiendo más, queríamos sangre, queríamos goleada, queríamos ser Alemania contra Grecia. Pero hasta en eso es inteligente esta selección. Nadar y guardar la ropa, que es una fase en la que hay más partidos.

Ahora a por la cristiana Portugal. Otro que tal baila, que recoge simpatías allá por donde sale. Que levanta pasiones, pero la mayoría encontradas. Otro que queremos que muerda el polvo. Que se le caiga el Balón de Oro. Que se señale otra cosa que no sea el muslo. Que llore, gesticulando y asegurando que le roban. "Robar, robar, robar", decía el guapito de cara. A ver si le levantamos la cartera, ya que si llegamos a la final habiendo solucionado la afrenta histórica contra Francia y eliminando a la Portugal de Cristiano Ronaldo, para mí es como si hubiésemos ganado el título, esté quien esté en la final.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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