Economía
Una generación atrapada entre la precariedad laboral y el coste de la vivienda
Los bajos salarios, la temporalidad y un alquiler más caro atrasan la emancipación y agrandan la brecha entre jóvenes y mayores


Publicado el 01/11/2026 a las 05:00
La dificultad para acceder a un empleo estable, los bajos salarios al comienzo de la carrera profesional y el encarecimiento de la vivienda están retrasando los proyectos de independencia de los jóvenes. Esta combinación de factores alimenta la frustración de una generación cada vez más formada, pero que encuentra mayores obstáculos para construir un futuro propio.
La precariedad laboral tiene un gran peso en la ecuación. Un tercio de los jóvenes entre 15 y 29 años tenían un empleo temporal en 2024 en Europa, según los últimos datos de Eurostat, la agencia estadística de la UE. En Portugal, esta tasa asciende hasta el 36,7% en los trabajadores jóvenes, y le siguen de cerca Francia (35,8%), Italia (34,2%) y España (32,2%), todos por encima de la media europea del 31,1%, precisamente los focos de las protestas de las últimas semanas. Grecia, Francia y España, además, presentaban tasas de desempleo juvenil en el entorno del 20%, también superiores a la media del 15% en Europa.
En España, la temporalidad entre los jóvenes ha disminuido desde 2021, pero sigue siendo «un indicador de la inestabilidad en el empleo juvenil», según la Fundación BBVA. A esta incertidumbre se suman los salarios más bajos al comienzo de la carrera profesional, una circunstancia compartida por buena parte de Europa que se traduce en menores cotizaciones y una capacidad de ahorro más limitada.
Los jóvenes son conscientes de que sus expectativas de futuro se deterioran. «Tenemos una generación que está muy bien formada, con un nivel medio muy elevado, pero con dificultades para entrar al mercado laboral y con salarios bajos», explica Desiderio Romero, investigador senior de Funcas.
Pero la inseguridad laboral es solo una parte del problema. La emancipación tardía, la sobrecualificación y la sensación de que el esfuerzo ya no garantiza las mismas oportunidades que en el pasado también juegan un papel importante.
Tener un título universitario no asegura hoy un salario elevado ni la posibilidad de vivir de forma independiente. Mientras algunos jóvenes ocupan puestos por debajo de su nivel formativo, determinadas profesiones técnicas tienen dificultades para encontrar trabajadores. Funcas describe este desequilibrio en un informe reciente como un «exceso relativo de titulados universitarios en ramas de empleabilidad limitada y déficit de técnicos de nivel intermedio».
España destaca por la magnitud de esta brecha. Más del 32% de los trabajadores de entre 25 y 34 años tiene un nivel educativo superior al requerido para el puesto que desempeña, frente a una media comunitaria del 21,3%, apunta Funcas. Además, el desajuste entre la formación y el empleo es transitorio y lleva produciéndose al menos una década.
MENOS PROPIETARIOS
A la frustración profesional se le añade una de las principales barreras para la independencia: el precio de la vivienda, provocado por el desequilibrio entre la oferta y la demanda. Tanto el alquiler como la compra se han encarecido hasta dificultar que muchos jóvenes puedan abandonar el hogar familiar.
A finales de 2024, el precio medio del alquiler libre se situaba en 1.080 euros mensuales. Para un joven que intente independizarse en solitario, el desembolso puede llegar a absorber el 92,3% de su salario, según el informe del ‘think tank’. La consecuencia es una emancipación cada vez más tardía: entre los jóvenes de 25 a 29 años, la tasa cayó del 47% en 2014 al 36% en 2024,
Asimismo, solo el 36,7% de los hogares encabezados por menores de 35 años es propietario de su vivienda principal, frente al 66% registrado en 2002. La brecha es todavía mayor al comparar a los jóvenes con las personas de entre 65 y 74 años: entre estas últimas, la propiedad supera el 82%. La diferencia entre ambos grupos es la más amplia de la serie histórica.