La imputación de Zapatero
Quién es 'Julito' Martínez, el "lacayo" del que pende el expresidente y su familia
El juez lo considera pantalla, ‘alter ego’ y guardián de los secretos de Zapatero, pero la UDEF lo ve como el eslabón más débil


Publicado el 22/05/2026 a las 05:00
Julio Martínez Martínez, ‘Julito’, no es solo un investigado más del caso Plus Ultra. El juez José Luis Calama lo sitúa en el entramado que atrapa a José Luis Rodríguez Zapatero como el hombre que puede sostener o derrumbar buena parte del relato defensivo del exmandatario. El amigo de ‘running’. El empresario alicantino. El dueño de Análisis Relevante. El gestor de Idella Consulenza Strategica. El intermediario que hablaba con clientes, firmaba contratos, movía facturas y canalizaba pagos. Y, sobre todo, el personaje que, según la investigación, estaba allí donde el expresidente no debía aparecer.
Su silencio vale ahora casi tanto como los papeles que le pillaron el pasado diciembre cuando fue detenido. Este abril, Martínez hizo valer todavía más ese silencio y no abrió la boca en la comisión de investigación del Senado, pese a ser una de las piezas centrales del engranaje que rodea al exjefe del Ejecutivo. Y es que no es un secundario fácil de sustituir. Calama lo coloca en el punto donde se cruzan las sociedades, las facturas, los clientes, los mensajes borrados y los pagos al entorno de Zapatero. Si habla, puede ordenar la trama. Si calla, seguirá siendo el guardián de sus zonas oscuras.
¿TIRAR DE LA MANTA?
Ahora Martínez medita su estrategia. Puede tirar de la manta y explicar qué era realmente Análisis Relevante, qué servicios prestó, quién ordenaba, quién cobraba y por qué se borraban mensajes. O puede unir su futuro judicial para siempre al de Zapatero. Fuentes conocedoras de la investigación aseguran que la UDEF "lo considera el eslabón más débil" de la cadena: el hombre que lo sabe casi todo, que aparece en casi todos los cruces y cuya versión puede marcar el destino del expresidente y el de su hijas.
El auto del levantamiento del secreto sostiene que Martínez y Zapatero adoptaron conductas dirigidas a evitar que la vinculación entre ambos se hiciera visible, transparente. Una de las más relevantes fue la eliminación sistemática de mensajes entre el empresario y el expresidente, mientras la red se refería a éste a través de expresiones como "Presidente", "Z", "Grupo Zapatero" o "Nuestro pana Zapatero detrás". La comunicación existía, pero la huella quedaba rebajada, troceada o desaparecida. Como en una película de espías, el protagonista no siempre salía en plano, aunque todos parecían saber quién daba sentido a la escena.
Los propios investigados bautizaron a Martínez con una despectiva expresión de novela negra. "No con él directo. Hablo con un lacayo", escribió Roberto Roselli, consejero delegado de Plus Ultra, cuando Rodolfo Reyes, empresario venezolano y entonces propietario de la aerolínea, le preguntó si iba a participar en una conversación con Zapatero. El mismo mensaje añadía la clave económica: "Pues ya le dijo a Julio que montaron su ‘finance boutique’. Así que por ahí vendrá la mordida". En esa frase está casi todo: el intermediario, la tienda financiera y el supuesto precio de la influencia.
Martínez era, según Calama, el principal ‘alter ego’ operativo de Zapatero. Un empresario de Elda que había pasado de las fiestas de Moros y Cristianos, donde llegó a ser premiado como cabo de su comparsa, a administrar una constelación de sociedades domiciliadas entre Alicante, Petrer y Madrid. Entre ellas, Análisis Relevante e Idella Consulenza Strategica, dos firmas que el juez coloca en el corazón financiero de la investigación. La primera como consultora-pasarela. La segunda como eje del contrato del 1% del rescate y de la vía de Dubái.
Su función, según el auto, no era decorativa. No era una simple pantalla. Recibía a clientes, ejecutaba instrucciones, firmaba contratos, gestionaba cobros y articulaba el entramado societario. Zapatero ha defendido que sus trabajos fueron de consultoría, con informes "orales y escritos". Pero el juez ve otra cosa: una estructura en la que la influencia no siempre se firmaba y el dinero no siempre recorría un camino directo. Martínez aparece justo ahí, como pantalla, vasallo y hombre para todo.
EN LA SOMBRA
Esa lógica de ocultación tiene escenas casi cinematográficas. Una sucede en Barajas. El auto recoge un correo de Cristóbal Cano, hombre de confianza de Martínez, a María Gertrudis Alcázar, secretaria de Zapatero, sobre la presencia de ambos en la sala de autoridades: "Me indica Julio que saldrá junto al presidente, pero que habitualmente no lo hacen constar. Espero haberme explicado". La frase resume el método: estar, pero no figurar; acompañar, pero no dejar constancia; operar, pero sin aparecer en el registro.
Otra escena ocurre en El Pardo. A primerísima hora del 8 de diciembre, Zapatero se reunió con Martínez en una zona boscosa, de acceso restringido y sin cobertura. Tres días después, la UDEF detuvo al empresario en la primera fase de la operación. El expresidente reconoció en el Senado que había estado corriendo con él "en la zona de siempre", negó cualquier aviso previo y habló de "burdo montaje" cuando fue interrogado sobre el episodio en la comisión del ‘caso Koldo’ en el Senado. Martínez, en cambio, no dio explicaciones en la Cámara alta. El silencio quedó flotando sobre una escena de contraespionaje castizo: un expresidente, su hombre de confianza, un bosque sin señal y una detención inminente.
La relación entre ambos tampoco se limita al rescate de Plus Ultra. El auto sitúa a Martínez como conocedor de la actividad de Zapatero en Venezuela, de sus conexiones con empresarios y de operaciones en las que el expresidente aparece como llave de acceso a contactos políticos y económicos. En mensajes intervenidos se habla de "Respuesta de Z" y de comunicaciones dirigidas a "Presidente" a través del propio Martínez. Para los investigadores, no era solo un amigo que corría con Zapatero. Era la bandeja de entrada de quien quería llegar a él sin llamarle directamente.