Política
Sánchez se pone al frente de un intento de rearmar a una izquierda global en retroceso
El presidente llama a los representantes de 20 Gobiernos citados en Barcelona a no limitarse a "mirar" el avance de la ola ultra


Publicado el 19/04/2026 a las 05:00
Apenas fueron quince los jefes de Estado y de Gobierno que Pedro Sánchez logró reunir este sábado en Barcelona para participar en la IV Reunión En Defensa de la Democracia, un foro que él mismo y Luiz Inácio Lula da Silva idearon en 2024, en los márgenes de la Asamblea General de la ONU, con la intención de articular una respuesta "progresista" a los problemas del mundo actual ante la evidencia de que la ultraderecha estaba mostrándose mucho más eficaz a la hora de ofrecer un asidero a sociedades sacudidas por un entorno cambiante. El Ejecutivo, sin embargo, lo concibe como todo un éxito y demostración de un liderazgo que la víspera reconoció el presidente brasileño. La cifra de asistentes, entre los que se encontraban el colombiano Gustavo Petro, la mexicana Claudia Sheinbaum, el uruguayo Yamandú Orsi o el sudafricano Cyril Ramaphosa, es reducida porque también lo es el número de gobernantes de izquierdas. Aunque el hecho de que los tres europeos, -el británico Keir Starmer, la danesa Mette Frederiksen y el noruego Jonas Gahr Støre- prefirieran enviar a segundos espadas a la cita, da también una pista de hasta dónde llega el predicamento del jefe del Ejecutivo.
Es cierto, no obstante, que Sánchez ha logrado este fin de semana que distintas familias de la izquierda global, no siempre bien avenida, ofrecieran una imagen de unidad. No solo por la cumbre institucional, sino por el otro evento organizado en paralelo por la Internacional Socialista, -al frente de la que se encuentra desde 2022- la Alianza Progresista, surgida de una escisión de la anterior en 2013, y por el Partido de los Socialistas Europeo, el Global Progressive Movement. Ambos tuvieron lugar en los pabellones de la Fira, a una distancia de tan solo un panel divisorio. Esta era su prioridad absoluta. El jefe del Ejecutivo -que regresó el jueves de su también cuestionado viaje oficial a China- no estuvo el viernes en París, en la cita en la que Emmanuel Macron, Starmer, Giorgia Meloni y el canciller alemán, Friedrich Merz, abordaron la posibilidad de capitanear una misión para estabilizar el estrecho de Ormuz y eso le ha valido las críticas del PP, que le acusa de desmarcarse de los socios europeos y rodearse de "gente que está degradando la democracia en los países en que gobiernan". En Moncloa, sin embargo, alegan que es justo lo contrario.
En su intervención en la cumbre de mandatarios - en la que los asistentes estaban llamados a abordar la defensa del multilateralismo, la desigualdad y la gobernanza de las redes sociales- Sánchez argumentó que el riesgo al que se enfrentan las naciones es que la democracia "se vacíe por dentro mientras se la ataca desde fuera" y advirtió de que la respuesta no puede ser solo defensiva. "Hoy estamos aquí, por supuesto, para mirar, pero sobre todo estamos aquí - arengó- para responder".
LOS TUITS DE TRUMP
Ni él ni ningún otro dirigente citó de manera expresa a Trump pero tampoco hizo falta. Lula resumió bien el mensaje: "No podemos ir a dormir cada día pendientes de un tuit de un presidente". La llamada de Sánchez a la acción, sin embargo, no ofreció demasiada concreción. En el Gobierno alegan que de lo que se trataba era de dotar la izquierda de una narrativa. "Estamos armando el ejército desde el lado correcto de la historia", aducen.
En los dos años desde que la iniciativa de Lula y Sánchez echó a andar, apenas se han dado pasos efectivos -más allá de conectar una red de think-tanks o crear el Observatorio de Lucha contra el extremismo en el marco de la Organización Internacional de Juventud para Iberoamérica (OIJ)- y no solo eso. El chileno Gabriel Boric, anfitrión de la penúltima cumbre, fue desbancado del poder por el derechista José Antonio Kast, y hay serias posibilidades de que el delfín de Petro, Iván Cepeda, pierda en segunda vuelta las presidenciales en junio. Si se cumplen los sondeos, Colombia también girará a la derecha.
El propio Sánchez tiene difícil volver a gobernar. Bajando a tierra, este mismo domingo se estrena en la campaña para las elecciones andaluzas, en las que el PSOE puede perforar su suelo histórico. Pero nadie puede negar que este sábado, en los pasillos de la Global Progressive Mobilisation, era recibido como una estrella y que su posición en contra de los ataques de Israel contra Gaza o de la guerra de Irán le han granjeado una popularidad creciente. En Moncloa presumen de que, de alguna manera, la cita ha servido para que Lula haga un "traspaso de poderes". También para lanzar un mensaje de esperanza. "Decimos alto y claro que no estamos solos", apuntan.
El PP replica el mensaje de superioridad moral. Dos días después de sellar en Extremadura el pacto de Gobierno con Vox que, entre otras cosas, propugna un principio de "prioridad nacional" en el acceso a los servicios sociales y recursos públicos que Sánchez prometió el viernes combatir "con toda la fuerza del Estado de derecho", la portavoz del partido, Ester Muñoz, preguntó exageradamente si el Ejecutivo enviará al ejército en su contra y acusó al presidente de incurrir en "lo que se llama en Ciencia Política el principio de transposición, que es -dijo- proyectar y culpar a los demás de lo que tú haces. Sánchez es el primer populista".
