Tráfico
La madre que lucha por endurecer las penas de tráfico
Iván fue atropellado por un conductor drogado que iba a 135 km/h. Un libro recoge ahora su vida, muerte y legado


Publicado el 19/04/2026 a las 05:00
Frente a la céntrica Plaza de Neptuno en Madrid, Iván esperaba el autobús en la parada con su padre, a pocos días para la Navidad. Habían ido a ver las luces que adornan la ciudad por esas fechas. Eran las 23:30 horas y ya regresaban a casa. Iván tenía 15 años, acababa de llegar a la ciudad después de una estancia Erasmus. Por el Paseo del Prado venía un coche Ford Focus a 135 kilómetros por hora. Lo conducía un hombre de 38 años. Iba borracho y drogado. Tenía 1,91 gramos de alcohol por litro de sangre, cuatro veces lo permitido, más dosis excesivas de benzodiacepina y cocaína. Perdió el control del vehículo, atropelló a Iván y se estrelló más adelante. El cuerpo del joven salió despedido por el impacto trece metros. Los sanitarios le socorrieron y lo trasladaron de urgencia al hospital, donde estuvo en la UCI once días. Los politraumatismos, gravísimos, hicieron que ya en el lugar del siniestro se le dijera al padre que las posibilidades de sobrevivir de Iván eran muy pocas. Estupefacto, allí mismo él llamó a la madre, que estaba en Barcelona, para notificarle la tragedia. En el hospital primero murió la actividad cerebral de Iván. Luego los padres tuvieron que autorizar la desconexión y aceptar la muerte de su niño. "En ese momento te aferras a la vida de tu hijo, a la vida entrecomillada, porque era artificial, dependía de un respirador", recuerda María José Jiménez, la madre de Iván, casi diez años después de perder a su hijo. "Cuando vi que no quería ese sufrimiento vital para mi hijo, le prometí tres cosas. Una, que iba a luchar por cambiar las leyes y endurecer las penas, porque el que atropelló y mató a mi hijo era un reincidente con múltiples delitos contra la seguridad vial y sabía perfectamente lo que hacía, hay dolo, hay intencionalidad y eso es un crimen. También le prometí que le iba a escribir la canción más bonita del mundo y que, como él quería escribir un libro y nunca pudo, lo haría yo con su historia".
La de Iván es una de las 73.500 vidas arrebatadas en siniestros viales en los últimos 25 años en España. Una cada cinco minutos. A los conductores culpables de esas muertes se les pena con condenas de máximo cuatro años. El que mató a Iván era reincidente. Tenía 38 condenas previas. No debía conducir. La justicia le sentenció con cuatro años de prisión, lo máximo en ese momento, en 2016, por un delito de homicidio por imprudencia grave, como dictaron los tribunales. "La media está entre 1.600 y 1.700 muertes al año, una barbaridad", asegura Laura Gómez, criminóloga, cofundadora del Observatorio de Criminología Vial de España y autora de 'La marquesina' (Alrevés Editorial), ese libro sobre la vida, muerte y legado de Iván que le quería dedicar su madre. "Cada año la cifra va disminuyendo pero son demasiadas. Hay accidentes por causas fortuitas, pero también siniestros a causa de alcohol o drogas en los que el vehículo se convierte en un arma que mata, y esos son los que se pueden evitar". Dolor intacto Tanto Gómez como Jiménez luchan ahora para que se apruebe la tasa cero en alcohol, que fue rechazada en el Congreso recientemente, y se incluya en el Código Penal la tipología de homicidio vial, "porque el homicidio imprudente es un eufemismo que no recoge la gravedad de la situación", dice Gómez.
La decisión de los legisladores "fue un error absoluto porque hay evidencia científica de que disminuir la tasa de alcohol no sólo reduce la cantidad de los accidentes, sino su gravedad", reclama. "En 2019 se endureció la pena hasta nueve años si hay más de una víctima y se incluye el delito del abandono del lugar del siniestro, pero seguimos hablando de homicidios imprudentes, salvo que concurran circunstancias de especial gravedad".
¿Hay posibilidades de que su lucha llegue a las leyes? "Mañana quizás seamos como algunos de nuestros países vecinos", responde Gómez. Después de que Iván falleciera, María José, que ese día 'murió' con su hijo y se desdobló en la "mamá de Iván" que encuentra fuerza en las promesas hechas en la UCI, comenzó a utilizar las redes sociales como primer canal de denuncia. "Mi hijo no tuvo un accidente de tráfico. Mi hijo fue asesinado por un psicópata vial", escribió en sus primeros comunicados. "El dolor está totalmente intacto", asegura Jiménez, que luego recogió firmas y las llevó al Congreso y al Senado para promover ese cambio de legislación que llegaría tres años después de la tragedia, y se reunió con el director de la Dirección General de Tráfico para convencerlo de acabar con los eufemismos en sus campañas. "Cuando oigo que han atropellado a alguien o que un kamikaze acaba con una vida o llega el día del cumpleaños de mi hijo, vuelvo al momento cero y me siento culpable porque me pregunto si no lo estoy haciendo bien para prevenir los crímenes viales, como le prometí", confiesa. Sin embargo, con los cambios legislativos, al asesino de su hijo le hubiesen condenado al mismo tiempo de prisión. A ella, como víctima, le comunicaban cuando el verdugo de su hijo tenía salidas temporales y cuando salió con la condicional. Libre y después de seis años sin carné, ahora ya conduce otra vez.
