Las incógnitas del 'caso Ábalos': ¿Entró Delcy en territorio español?
Ni los policías ni sus mandos ni el CNI ni la Moncloa aciertan a explicar qué pretendía la vicepresidenta venezolana


Actualizado el 02/02/2020 a las 06:00
Delcy Rodríguez se ha convertido en la 'niña de la curva' del aeropuerto de Barajas. Todo el mundo habla de ella, pero casi nadie la vio. Solo un puñado de personas conocen los detalles de cómo un ministro de Transportes se movió con desatino aquella madrugada por el aeropuerto sin saber muy bien qué hacer. Pero nadie, y son más de una veintena las personas relacionadas con este confuso episodio las consultadas, acierta a explicar qué pretendía realmente la número dos de Nicolás Maduro cuando aterrizó en España sabedora de que no podía entrar en la Unión Europea sin crear un conflicto diplomático de gran envergadura. Ni los policías ni sus mandos ni el CNI ni la Moncloa ni los trabajadores de Barajas tienen respuestas. Solo conjeturas. Después de la decena de versiones de Abalos y a pesar de las nebulosas, algunos testigos sí que han sido capaces de reconstruir este episodio, aunque sin aclarar su motivación. El viaje de Rodríguez, que no la escala en Madrid, no era ningún secreto. El 22 de enero se iba a reunir con su homólogo Fuat Oktay en Turquía, como así ocurrió. La vicepresidenta venezolana partió el domingo 19 de enero sobre las 11 horas (16 horas peninsular española) del aeropuerto Simón Bolívar de Caracas a bordo de un Dassault Falcon 900LX, matrícula TC-AKE, operado por la compañía Sky Valet, con tripulación turca y base en el aeropuerto de Ataturk en Estambul. En el aparato con capacidad para 14 personas, según han revelado fuentes de la seguridad del Estado a este periódico, viajaban ocho personas: Rodríguez, seis asesores del Gobierno de Nicolás Maduro y el ministro de Turismo, Félix Plasencia, que se trasladaba a Madrid para visitar la feria turística, Fitur.
Los registros del aeródromo apuntan a que el aparato tomó tierra a las 00:12 horas (peninsular española) del lunes 20, tras nueve horas de vuelo. El aeroplano se dirigió a un aparcamiento no demasiado cercano a la terminal ejecutiva de Barajas, en la T1, una zona donde se acogen a los jets privados y en la que hay supervisión de documentación de los pasajeros y tripulaciones, pero en la que no existe oficialmente un control fronterizo, según explican responsables de la seguridad del aeropuerto. Y he ahí la clave a la que se agarra el Gobierno para sostener que no se cometió ninguna irregularidad: mientras no se pasa una frontera no se entra en territorio nacional, por lo que Rodríguez nunca entró en España. ¿O sí? En vuelo Los agentes de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras solo supieron que Delcy Rodríguez estaba a punto de aterrizar a España cuando el avión estaba ya en vuelo. Sea como fuere, su llegada cogió por sorpresa a los agentes en Barajas. El nombre de la vicepresidenta venezolana encendió todas las alertas. Los ordenadores chivaron que era una de las 25 dirigentes chavistas a las que se tiene prohibida la entrada a territorio Schengen desde 2017.
Los funcionarios no sabían cómo tratar el tema. La única opción que vieron los mandos de guardia, apuntan desde Barajas, fue considerar a Rodríguez como una inmigrante clandestina. Esto es, notificarle un rechazo en frontera, enviarla a la sala de inadmitidos, comunicárselo al juez y ordenar a la compañía que la trajo que la llevara de vuelta. Antes de que en las oficinas de Barajas se tomara cualquier decisión y antes de que Rodríguez hubiera desembarcado del avión (no podía quedarse dentro sin la tripulación que tampoco podía seguir volando por haber excedido sus horas), Abalos se presentó en el aeropuerto sobre las 00:30 horas en el coche privado de uno de sus amigos y asesores en Transportes, Koldo García Izaguirre. Un coche del aeropuerto con indicativo p-1, aparcó a las 00:35 horas junto a la aeronave estacionada en la pista 33R. Supuestamente llevaba al ministro. José Luis Abalos afirma que estuvo en el interior del aparato exactamente 25 minutos. Sin embargo, de acuerdo con las fuentes consultadas el encuentro pudo sobrepasar la hora. Sea como fuere, no hay rastro en los registros oficiales de su partida porque el coche guía se marchó tras llevar al ministro.
Y es aquí cuando comenzó la parte comprometedora para el Gobierno. Todas las fuentes confirman que la orden que recibieron los agentes fue dejar pasar a Rodríguez y a su comitiva sin control de pasaporte alguno y sin registrar sus pertenencias a la terminal ejecutiva, considerada por los funcionarios como territorio español a todos los efectos. Abalos, el pasado viernes en su última versión y ante la amenaza de que la Fiscalía pida las grabaciones de las cámaras de seguridad, reconoció que también estuvo con la vicepresidenta en esa sala vip.
Extraño periplo Pero cuando Abalos se marchó no acabó la intervención del Gobierno. El ministro de Transportes dejó a García y a un diplomático de Exteriores al mando. Fueron ellos los que organizaron el traslado de la T1 a la T4 de la dirigente chavista a través de la carretera exterior al aeropuerto (obviamente territorio nacional). Desde la T4, Rodríguez partió a Doha (Catar) a las 08:20h del lunes 20 de enero en un vuelo de Qatar Airlines, una opción en compañía comercial de lo más enrevesado para llegar a Estambul, ciudad mucho más cercana a Madrid que la capital qatarí. Tras hacer escala en Doha a las 18:15 horas de lunes, aterrizó en Estambul a las 22:45. Lo más desconcertante es que el jet en el que la vicepresidenta de Venezuela llegó a Madrid, y ya sin ella en el pasaje, arribó a Estambul poco a las 19 horas del lunes, antes que la propia Rodríguez.