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Una comida de exministros agita el cierre de la campaña del PP

Los populares llegan al congreso sin favoritos, sumidos en la incertidumbre y con la única certeza de que el resultado será justado

foto de Fotografías de la candidatura de Soraya Sáenz de Santamaría (arriba) y de Pablo Casado (abajo), de las comidas que los candidatos a liderar el PP han celebrado junto a los dirigentes y exdirigentes del partido que avalan cada candidatura.
Fotografías de la candidatura de Soraya Sáenz de Santamaría (arriba) y de Pablo Casado (abajo), de las comidas que los candidatos a liderar el PP han celebrado junto a los dirigentes y exdirigentes del partido que avalan cada candidatura.
EFE
  • Colpisa. Madrid
Actualizada 20/07/2018 a las 06:00

Mariano Rajoy no pudo evitar que varios de los que fueron sus ministros se reunieran a comer con el candidato Pablo Casado para poner el broche final a su campaña para liderar el PP. La cita estaba anunciada, pero convulsionó las horas previas al congreso que se celebrará mañana y pasado en un hotel de Madrid. Soraya Sáenz de Santamaría puso el contrapunto y reunió a su equipo para almorzar en su despacho con pizzas y refrescos, nada de manteles ni camareros.

 

La reunión en el restaurante Jai Alai fue el epítome de la campaña. Casado, un candidato etiquetado como 'aznarista', se sentó a comer con siete ministros de Rajoy para desmontar la tesis de que estaba enfrentado al 'marianismo'. Entretanto, Sáenz de Santamaría, la candidata 'marianista', no pudo exhibir un ramillete de apoyos tan significativos de lo que hasta hace mes y medio eran sus compañeros de Consejo de Ministros. Eso ha sido la campaña por la sucesión de Rajoy, apoyos guiados por afinidad personal más que por la sintonía política, discursos intercambiables, pocas ideas y críticas veladas.

 

Rajoy, de acuerdo a distintas fuentes, se mantuvo neutral hasta las primarias del 5 de julio, confiado en que pasarían a la segunda vuelta sus dos números dos en el Gobierno, la vicepresidenta, y en el partido, la secretaria general. La irrupción de Casado no entraba en sus cálculos. El expresidente pasó de la sorpresa al malestar, afirman dirigentes populares, al comprobar que el discurso del vicesecretario ponía en tela de juicio aspectos de su obra. Rajoy redobló sus llamamientos por personas interpuestas a la candidatura única encabezada por Sáenz de Santamaría, y hasta, según algunas fuentes, pidió a Dolores de Cospedal que se abstuviera de respaldar a Casado y se decantara por la candidatura de integración. La secretaria general del PP admitió que conversó con Rajoy, pero negó que le hiciera esa petición.


La exvicepresidenta adoptó como "mantra", según sus palabras, la lista unitaria y la ha defendido hasta el último minuto pese al desdén de su adversario. El temor a una división irreconciliable en el partido no es patrimonio exclusivo de Rajoy, aunque es uno de los más preocupados por esa posibilidad porque siempre sería achacable a su salida y a que no preparó una sucesión ordenada, como ha sido la costumbre en el PP desde 1987. Solo en el congreso de aquel año y ante la renuncia de Manuel Fraga, los compromisarios de Alianza Popular tuvieron que elegir entre dos aspirantes, Miguel Herrero de Miñón y Antonio Hernández Mancha, con victoria de este último. Allí se acabaron las disputas por el liderazgo y se implantó el modelo de candidato único.


El expresidente del Gobierno también intentó evitar el almuerzo que mantuvieron hoy siete de sus ministros con Casado, según reconoció alguno de los asistentes a la comida. No quiere que su nombre sea patrimonializado, y menos aún por el candidato que menos le gusta. Pero José Manuel García Margallo, Dolors Montserrat, Dolores de Cospedal, José Ignacio Zoido, Isabel García Tejerina, José Manuel Soria y Rafael Catalá compartieron platos con Casado. No acudieron, pero se adhirieron, José Ignacio Wert, Miguel Arias Cañete y Alberto Ruiz-Gallardón. Son los componentes, con alguna incorporación, de lo que se llamó el G-8, el grupo de ministros enfrentado a la vicepresidenta, y en el que también estaba la entonces titular de Fomento, Ana Pastor, que ni fue ni se adhirió porque a partir de mañana es la presidenta del congreso del PP y lo es del Congreso de los Diputados.


Fuenteovejuna Ante el éxito de afluencia no es de extrañar que Casado proclamara que tenía el respaldo de "dos terceras partes" del Gobierno de Rajoy, negó que el expresidente hubiera intentado abortar el encuentro y celebró su "neutralidad exquisita". El exportavoz del partido se creció y señaló que a diferencia de su rival, él no tiene "ninguna mochila" que lastre su candidatura, algo que a su entender no puede decir Sáenz de Santamaría con casi siete años de gestión gubernamental a sus espaldas.


Margallo, uno de los más entusiastas, definió la comida como un "Fuenteovejuna" con Casado. Los asistentes a la cita firmaron además una declaración de apoyo a la candidatura del vicesecretario porque "representa la renovación y la experiencia que precisa hoy nuestro partido así como su consolidación como proyecto político más fuerte, más unido y ganador en España". Escribieron asimismo que su candidatura "integra a cinco de los seis candidatos que se presentaron en la primera vuelta, demostrando una alta capacidad de integrar a una amplia mayoría de los militantes que votaron en la primera fase del proceso". Casado, subrayaron en la declaración, "presenta un proyecto político ilusionante en defensa de la democracia, la libertad y la unidad de España".


Todo un golpe de efecto en vísperas del congreso, pero que Sáenz de Santamaría trató de contrarrestar con el reverso de la moneda. Reunió en las oficinas de la candidatura a su equipo más cercano para tener un almuerzo "de trabajo", sin lujos y a base de pizzas. Su jefe de campaña, José Luis Ayllón, intentó insuflar ánimos y cifró en el 63% el apoyo de los compromisarios a la candidata. "Y subiendo", escribió en su cuenta de Twitter. Hace dos días, la candidatura de la exvicepresidenta calculaba que contaba con el 60% de los delegados al congreso y que aventajaba en 15 puntos a Casado. La propia Sáenz de Santamaría, que se confiesa ser una mujer "precavida", ratificó que tiene "un colchón del 15%" sobre su adversario.


También se permitió un rejonazo, aunque difuminado, como casi todos en la campaña, al vicesecretario del partido, al que recordó que no fue la gestión del Gobierno de Rajoy la que hundió al PP en las urnas. La razón, dijo, fue "la corrupción que nos hizo perder tres millones de votos" en las elecciones de 2015. El escándalo que más dañó a los populares, prosiguió, fue el de las 'tarjetas black' de Bankia. Asuntos que en buena medida tuvo que gestionar Casado como portavoz del partido.


Así llega el PP al congreso que se abre mañana y concluye el sábado. Sin un favorito, lleno de incertidumbre y con la previsión de unos resultados ajustados que pueden consumar la división en el partido.


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