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ETA

Los números rojos de ETA en 59 años: 831 víctimas mortales, el 44% civiles

El terrorismo de ETA deja 25.000 millones de euros en pérdidas económicas directas

Las víctimas de Hipercor, protagonistas del recuerdo del peor atentado de ETA
Familiares de víctimas del atentado de Hipercor junto a sillas vacías que los representan y objetos que les pertenecieron.
EFE
  • Colpisa. Madrid
Actualizada 03/05/2018 a las 06:00

A horas de reconocer su derrota y certificar su rendición, ETA deja un reguero de cifras rojas tras 59 años de existencia. Rojo de sangre de sus víctimas y rojo de pérdidas económicas. Se definió como un movimiento revolucionario de liberación nacional, pero su historia ha demostrado que ha sido una organización retrógrada y reaccionaria empeñada en desestabilizar el sistema democrático -más del 90% de sus asesinatos, 802, los cometió después de la muerte de Franco- y enemiga del autogobierno vasco que decía impulsar hasta la independencia.

El primer asesinado fue el guardia civil José Pardines el 7 de junio de 1968 cerca de la localidad guipuzcoana de Villabona (Hay datos contradictorios sobre la muerte de la niña de 22 meses Begoña Urroz 27 de junio de 1960 en la explosión de una bomba). El primer atentado mortal planeado fue el del comisario Melitón Manzanas, el 2 de agosto de aquel mismo año. Su última víctima, el gendarme francés Jean Serge Nérin el 16 de marzo de 2010. Entre uno y otro, 831 asesinados, según las cifras del Ministerio del Interior, aunque no hay consenso sobre el número. La Asociación de Víctimas del Terrorismo eleva la cifra a 955; la Audiencia Nacional maneja los 864; el Gobierno vasco calcula que 837; el Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo, 864; la Fundación de Víctima del Terrorismo, 857. El año más cruento fue 1980, con 92 asesinados.

Dentro de la cínica división de ETA entre víctimas que no eran objetivo y las que sí lo eran, el 44% eran civiles ajenos al "conflicto", 343 personas. Las otras, a las que los terroristas no piden perdón, eran en su mayoría miembros de las fuerzas de seguridad (203 guardias civiles, 146 policías, 24 agentes municipales y 13 miembros de la Ertzaintza) y militares, 146. El número de heridos asciende, según las estadísticas de Interior y el Ararteko (Defensor del Pueblo en el País Vasco), supera los 16.000.

SECUESTROS Y ATRACOS

Más de 835 atentados permanecen sin resolver, aunque la Audiencia Nacional admite que el dato no está actualizado. De ellos, más de 300 corresponden a asesinatos sin autor conocido, y decenas de ellos han prescrito o están a punto de hacerlo.

La organización terrorista llevó a cabo 86 secuestros, según un estudio de la Universidad del País Vasco aunque tampoco hay coincidencia entre Interior y las organizaciones de víctimas. El último, el del concejal del PP Miguel Angel Blanco el 10 de julio de 1997; el primero, el de un director de una sucursal bancaria, José Angel Aguirre en 1970. El más largo fue el del funcionario de prisiones José Antonio Lara, 532 días en poder de sus captores. El empresario José María Aldaya estuvo 342 días en manos de los terroristas. Unos secuestros que en ocasiones fueron chantajes políticos envueltos en reivindicaciones, pero la mayoría tuvieron fines extorsivos, y aunque es difícil de cuantificar, porque no siempre se reconocía el pago o le montante de los rescates, ETA recaudó por esta vía en torno a los 40 millones de euros, según el estudio citado, aunque otras fuentes elevan la cifra al centenar de millones. Otra fuente de financiación, sobre todo en los primeros años de existencia de la organización, fueron los atracos a bancos y empresas en los que sustrajeron casi 20 millones de euros. También el mal llamado impuesto revolucionario exigido a empresarios y profesionales de todo tipo nutrió las arcas de ETA con unos 40 millones de euros, aunque un estudio del catedrático Mikel Buesa de la Universidad Complutense eleva los ingresos a 115 millones. Cerca de 10.000 personas recibieron la carta de ETA con la reclamación del pago, pero la gran mayoría no lo hizo, se calcula que el 90% se resistió.

La organización terrorista necesitaba mucho dinero para funcionar, su presupuesto superó los cinco millones de euros, según se recogía en informes incautados por las fuerzas seguridad, en los años más sangrientos y con mayor número de miembros 'liberados' (a sueldo), que nunca tuvieron retribuciones elevadas. Pero a partir del 2000, los ingresos menguaron y tuvo que funcionar con dos millones anuales reducidos a unos pocos miles en los últimos años.

CASI 4.000 MILITANTES

Las pérdidas económicas directas causadas por la acción de la organización terrorista se cifran en 25.000 millones de euros, según se recoge en el libro' La bolsa y la vida' firmado por varios profesores universitarios y periodistas. Solo el cierre de la central nuclear de Lemóniz tuvo un costo para las empresas propietarias próximo a los 3.000 millones de euros. El Ministerio del Interior además ha pagado cientos de millones de euros en ayudas a las víctimas de ETA, solo entre 1972 y 2008 había desembolsado 540 millones de euros por este concepto. Todo ello sin contar con los costes indirectos, mucho más complejos de precisar pero sin duda más elevados que los causados por el impacto directo.

ETA ha tenido a lo largo de su historia del orden de 3.800 militantes que desde principios de los años setenta hasta el 2011 se enrolaron en unos 200 comandos, casi en su totalidad desarticulados. 474 miembros de la organización, de acuerdo a los datos de la izquierda abertzale, fallecieron. La mayoría en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, pero también cuando manipulaban explosivos (37) o se suicidaron (25). Entre los que no perdieron la vida, la gran mayoría acabó en prisión, se cifra en más de 3.300 los encarcelados, de los que 245, según los datos de Etxerat (asociación de familiares de presos), continúan hoy en prisiones españolas, un número muy por debajo de los 760 reclusos contabilizados en 2008. En Francia siguen entre rejas 59. Hace años que los presos de ETA no intentan fugas de los centros penitenciarios, hay que remontarse a 1985 para encontrar la última. Pero antes lo intentaron doce veces, la más famosa fue la de la cárcel de Segovia en 1975, cuando 30 reclusos huyeron aunque solo cuatro llegaron a Francia.
 

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