La vía rupturista de Puigdemont provoca un cisma en el secesionismo

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, durante su declaración institucional tras la decisión del Gobierno de aplicar el artículo 155 en Cataluña.
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El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, durante su declaración institucional tras la decisión del Gobierno de aplicar el artículo 155 en Cataluña.EFE
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, durante su declaración institucional tras la decisión del Gobierno de aplicar el artículo 155 en Cataluña.

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Colpisa

Actualizado el 18/03/2018 a las 06:00

El próximo miércoles se cumplirán tres meses desde la celebración de las elecciones catalanas, convocadas por Mariano Rajoy al amparo del artículo 155, y que depararon una nueva mayoría absoluta independentista. Estos tres meses, sin embargo, han servido para constatar, que más allá de la etiqueta ideológica que los agrupa, los secesionistas están más peleados que nunca.

El cisma sitúa en un lado de la balanza a Carles Puigdemont y su grupo de diputados fieles, a la CUP y a la ANC oficialista. Todos ellos apuestan por continuar con el desafío al Estado, con tratar de mantener vivo el proceso, insistir en la ruptura y prolongar al máximo el limbo y el vacío de poder que hay en la política catalana para desgastar a Mariano Rajoy. "Somos conscientes de que hemos perdido esta batalla, pero no podemos echarnos para atrás", resume un destacado miembro de este sector. El objetivo, defender la legitimidad republicana.

En el otro lado, el más posibilista, se encuentran Esquerra, capitaneada por Oriol Junqueras desde prisión y por Roger Torrent como presidente de la Cámara catalana, el PDeCAT y Omnium Cultural. Una división entre radicales y pragmáticos, que en este caso urgen para formar gobierno cuanto antes para que se levante la intervención del 155 y alcanzar una cierta normalización.

En esta línea, el PDeCAT reclamó este sábado que se forme un Gobierno cuanto antes y se inicie la legislatura para "dar estabilidad" a Cataluña, mientras Esquerra abogó por ensanchar la base soberanista para "ser cada día más fuertes". Esta división, que amenaza con desembocar en nuevas elecciones, es cada vez más irrespirable en JxCat.

Esta marca electoral, ideada por Puigdemont para las elecciones del 21-D, obtuvo 34 diputados. Poco menos de una veintena son fieles escuderos del expresidente. El resto son del PDeCAT. La formación nacionalista montó en cólera, cuando el expresidente anunció que su intención es que Junts per Catalunya se convierta en un movimiento político estable. Así, los diputados 'carlistas' se constituirán en breve en una nueva asociación política, llamada Junts per la República.

La formación nacionalista salió en tromba para intentar frenar a Puigdemont ante lo que sus dirigentes consideran una OPA hostil en toda regla. Tres meses después de las elecciones, estos dos sectores enfrentados discrepan en la estrategia (también hay un elevado componente personal de distanciamiento entre Puigdemont y Junqueras) y mientras los más radicales están dispuestos a ir a nuevas elecciones, Esquerra y PDeCAT se oponen de manera radical.

Esa estrategia de Puigdemont de seguir buscando el choque de trenes ha topado de bruces con la investidura. Los duros de JxCat y la CUP no buscan la estabilidad con la elección del presidente de la Generalitat, sino tratar de poner en jaque al Estado de Derecho. Así fue primero con la candidatura de Puigdemont y ahora con la de Jordi Sànchez, ambos inviables. ERC y PDeCAT, en cambio, reclaman un ejecutivo efectivo sin dirigentes afectados por la justicia.

TURULL ESPERA

De momento, el aspirante sigue siendo el expresidente de la ANC, encarcelado desde hace cinco meses. Sànchez recurrió al Supremo la nagativa del juez Pablo Llarena a concederle un permiso para asistir al pleno de investidura. JxCat y ERC han pactado que en cuanto se le acaben los recursos judiciales y se formalice que no podrá ser investido, Puigdemont pondrá sobre la mesa un candidato alternativo en solo 48 horas. El diputado convergente declarará el martes ante el Supremo.

Si Llarena le da vía libre, habrá pleno de investidura la semana que viene. Si no, se pone en marcha el plan C. El PDeCAT apretó este sábado en esta línea. Entre los posibles candidatos están Jordi Turull, Josep Rull o Marc Solsona, todos ellos de PDeCAT y JxCat.

El problema que tienen es que la CUP ya ha anunciado que no quiere un aspirante ligado a la antigua Convergència. El otro problema es el judicial, pues el Supremo podría procesar en breve en pleno al anterior Gobierno y por tanto Turull podría quedar automáticamente inhabilitado. Ahí entran los independientes. Como es el caso de Quim Torra, expresidente de Omnium Cultural, aunque el aludido asegura que esa no es su función.

La CUP, en cambio, dijo que podría avalarle. Pero los anticapitalistas se niegan a apoyar a un candidato de JxCat si su programa de gobierno es "autonomista" y "neoliberal", como el que creen que han pactado republicanos y neoconvergentes. La CUP es clave, pero no vital, como en la pasada legislatura. Para prescindir de los anticapitalistas, siempre y cuando se abstengan, Puigdemont y Comín deberían dejar su escaño, lo que fuentes del PDeCAT dan casi por imposible, salvo que se produzca una hecatombe.

Esquerra, por su parte, quiere que la investidura se desencalle la semana que viene o al menos, que el reloj de la legislatura empiece a correr. Todo está en manos de Llarena y de Puigdemont.

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