INCENDIOS EN GALICIA

Vigo se encomienda a la lluvia tras rozar la tragedia

La mayor ciudad de Galicia, 48 horas después, vive cercada por seis incendios y con la vista puesta en el cielo

La ciudad más poblada de Galicia rozó la tragedia
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La ciudad más poblada de Galicia rozó la tragediaAgencias
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La ciudad más poblada de Galicia rozó la tragedia
La ciudad más poblada de Galicia rozó la tragedia / Agencias

Colpisa

Actualizado el 16/10/2017 a las 20:42

"Solo la lluvia ha salvado a Vigo. Esperemos que continúe". La frase se ha hecho un mantra en la Avenida de la Florida, la arteria por la que el fuego estuvo a punto de colarse en la ciudad más populosa de Galicia la noche del domingo y la madrugada del lunes. A ambos lados de esta avenida ya no se ven llamas, pero sí se observan en los montes aledaños espesas columnas de humo blanco que salen entre los bosques de eucalipto, prácticamente lamiendo las aceras de la zona más occidental de la capital.

Desde el mismo estadio de Balaídos, ya en el caso urbano de Vigo, todavía a última hora de la tarde se ven los rescoldos del incendio del barrio de Coruxo, el que más cerca estuvo de 'doblegar' a los vecinos que la noche del domingo lucharon para cerrarle el paso a la ciudad. Pero basta subir a una loma para ver que no fue ese el único punto en el que rozó la tragedia. Fuegos en Fragoselo, Alcabre, Zamáns, Frerixo, A Modroa.. Focos inconexos, pero simultáneos. "Nos han querido achicharrar vivos", afirma Lola Bascet, una cliente que sale del Mercadona, que no tiene dudas, como nadie en Vigo, que todos los fuegos han "sido intencionados".

El supermercado donde compra Lola está casi frente a la Zona Franca de la ciudad, que tuvo que ser desalojada por la cercanías de la llamas. El barrio no ha terminado de recuperar la normalidad. Aunque los vecinos ya no están en las calles con cubos, nadie deja de mirar a los cercanos montes. Los rescoldos, en esa salida hacia Baiona, arden a un centenar de metros de los concesionarios de Porsche, Volvo o Ford. La lluvia de la tarde combate con fuerza en esta zona, en la que se encuentran muchas de las 400 viviendas que han tenido que der desalojadas en las últimas horas. Pero aun así, las brasas todavía lamen las aceras. En Coruxo todo huele hollín. A madera calcinada. Las nubes este lunes lo cubren todo y se confunden con el humo que brota por doquier. "Pero es humo blanco, es bueno", se felicitan los vecinos del barrio. No han dormido en toda la noche, pero siguen mirando las hogueras humeantes, conteniendo el aliento para que la situación climatológica siga siendo favorable para contener el fuego. "Somos muy conscientes de que hemos rozado la tragedia", reconocen Brais y Oscar, dos chavales convertidos en 'voluntarios de WhatsApp'.

Vigilantes espontáneos que se han organizado a través de las redes sociales y por comarcas para avisar de nuevos focos o de incendios que se reavivan. Ellos hacen guardia frente a un campo humeante frente al número 92 del Camiño de San Lorenzo. "Solo podemos llamar. No tenemos nada para apagarlo y nadie viene", se lamentan.

ABANDONADOS

Llueve y se nota la humedad. La temperatura apenas llega a los 17 grados y sobre todo ha parado el viento del huracán Ophelia. Juan O. toma una cerveza en la terraza del bar Chaparral de Coruxo. A solo cien metros en línea recta humean los pinos y se ven pequeñas hogueras, que sobrevuela un helicóptero. de la policía, no de los bomberos. "Aquí de bomberos, poco. No sé si no llegaban a todo o qué. Si logramos salvar las casas fue por los vecinos y las mangueras. Jamás en mis 45 años de vida he visto una cosa así. Tantos frentes, tantos fuegos. Son unos criminales que querían quemar Vigo, que querían arrasar con toda Galicia", afirma el operario. Dentro del bar, un nutrido grupo de trabajadores de los polígonos de la zona apura sus 'menús del día' con la vista puesta en la televisión. Rajoy se explica en directo y ellos escuchan con la mirada perdida. "Ahora sí, ahora vienen. Pero nadie se preocupa para prevenir esto", lamenta uno de los comensales, indignado por la "mierda" que dejan que se acumule en los descampados cercanos.

Esa "mierda", una escombrera llena de matojos secos, es la antigua fábrica de Loza Alvarez, hoy abandonada. "Ayer ardieron todos esos matojos. El fuego se quedó a tres metros de mi casa". Carmen, a las puertas de su vivienda del número 2 de la Calle Longrán no exagera. Una capa negra tizna el muro frente a su casa. "Fuimos nosotros lo que los controlamos aquí el fuego con las mangueras y todos los vecinos juntos. Si no lo hubiésemos contenido hubiera entrado en la ciudad". Carmen respira algo más aliviada ahora pero no puede olvidar que desde las siete de la tarde hasta la medianoche del domingo estuvo a punto de perderlo todo. Pero sigue sin estar tranquila. Y no solo porque desde la puerta de su casa todavía se ve humear el momento a apenas 50 metros. Carmen mira al cielo. Como todos. Parece implorar que la llovizna se torne en algo más serio. "Si no llueve, puede reactivarse en cualquier momento y ser una catástrofe mucho más grave. Nadie previene, nadie limpia y encima están estos hijos de su mala madre que aprovechan la peor situación para pegarle fuego al monte", denuncia.

DOLOR

Carmen, como todos en Vigo y como todos en Coruxo, no tiene la más mínima duda de que 'su' fuego, uno de los cinco o seis que acosaron hasta la madrugada la periferia de la ciudad fue provocado, aprovechando los fortísimos vientos. A Carmen se le escapan las lágrimas. Dice que no llora, pero sí. Se acuerda de las dos vecinas de Nigrán, "a apenas diez kilómetros de aquí" que no tuvieron tanta "suerte" como ella y su casa.

En el interior de la vieja fábrica de loza 'Alvarez' dos vagabundos rebuscan entre los restos calcinados de un vehículo y una lavadora. "Ayer lo perdimos todo. No es que tuviéramos mucho, pero se nos fue a tomar por culo", resume de forma gráfica Adrián. Su pertenencias más preciadas, un "colchón casi nuevo" y una radio "a pilas" fueron pasto de las llamas. "Esto son pirómanos e intereses económicos. sino cómo te explicas esto", asegura Adrián mientras sigue revolviendo entre los rescoldos mientras señala hacia la ría. Allí, a menos de cuatro o cinco kilómetros de distancias, se divisan al menos otros cuatro focos diferentes, aparentemente desconectados entre sí. Allí también el humo, hoy por fin, es blanco. al menos por ahora.

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