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Incendios

Galicia comienza a hacer balance de los daños mientras las llamas remiten

Poco más de una decena de fuegos permanecen sin estar estabilizados a estas horas en Galicia

Vista general del paisaje arrasado por el fuego, en la zona de los Ancares, Reserva Natural y pulmón de Galicia.
Vista general del paisaje arrasado por el fuego, en la zona de los Ancares, Reserva Natural y pulmón de Galicia.
Efe
  • Efe. Pontevedra/Ourense
Actualizada 17/10/2017 a las 18:28

Galicia ha comenzado hoy a evaluar los daños de la desoladora ola de incendios que ha atravesado la comunidad de norte a sur en los últimos días, mientras los servicios de extinción tratan de extinguir las últimas llamas y rescoldos que aún permanecen activos.

Poco más de una decena de fuegos permanecen sin estar estabilizados a estas horas en Galicia, aunque algunos llevan quemando terreno desde hace varios días.

Es el caso de los incendios que afectan a la localidad lucense de Cervantes, en pleno corazón de Os Ancares, donde las llamas han consumido zonas de alto valor ecológico y natural, con castaños centenarios que han sido pasto del avance de las llamas y han puesto en peligro hábitats de animales amenazados como el oso pardo o el urogallo.

Allí se han desplazado un centenar de soldados de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que, con la ayuda de la lluvia que ha caído en varios momentos del día, tratan de extinguir junto con otros efectivos uno de los incendios más duraderos de la actual ola de fuegos.

Mientras tanto, el cuerpo de bomberos sigue presente en la localidad orensana de Carballeda de Avía, vigilando que no vuelvan a brotar llamas en un municipio que ha sufrido los rigores de los incendios en cerca del 70% de su superficie y en la práctica totalidad de sus núcleos poblacionales.

Algunas de las paisanas más ancianas de la zona comentan con asombro que, en su larga vida, nunca vieron cosa semejante a las -describen- "tormentas de fuego" provenientes del próximo incendio de Melón que en la tarde y noche del domingo arrasaron, en cuestión de horas, los montes cercanos y alguna vivienda, causando incluso la muerte a un vecino de esta localidad que trataba de socorrer a su ganado.

A este hombre se le daba hoy el último adiós en una iglesia rodeada de tierra inerte, quemada, en la que únicamente permanecen en pie los pinos y eucaliptos que han soportado el paso de las llamas.

Similar estampa presenta la localidad pontevedresa de As Neves, limítrofe con Portugal, país del que procedieron los fuegos que, tras cruzar un río Miño de caudal paupérrimo, quemaron desde el mediodía del domingo hasta -calculan las autoridades locales- el 90% del terreno forestal del municipio.

Aquí la destrucción de los núcleos habitados alcanza cotas inusitadas, con una veintena de viviendas consumidas por las llamas y una multitud de graneros, almacenes o vehículos agrícolas también inutilizados.

Sin embargo, lo más destacado del paso de los incendios en As Neves es el estado del aserradero local, destruido por completo por el fuego y convertido ahora en un escenario post apocalíptico, donde se amontona la maquinaria calcinada junto a cientos de troncos de madera ennegrecidos y a una nave industrial de inmensas dimensiones derruida, con unas cubiertas metálicas dobladas y retorcidas por el calor.

Los propietarios, desolados ante la magnitud del suceso que ha terminado con el lugar donde trabajaban hasta hace nada un total de 24 empleados, no han querido hacer declaraciones a los medios, mientras que los vecinos de As Neves se muestran incrédulos ante la rapidez y virulencia de lo acontecido.

Vicente González, vecino de A Porqueira, aldea donde se alcanzaron mayores cotas de destrucción, relata que en apenas unas horas el fuego arrasó todos los alrededores, a velocidades inusitadas y nunca vistas antes, subraya, pese a que vive en una zona donde es habitual que arda todos los años.

El sur de Galicia, el interior de Pontevedra y gran parte de Ourense guarda hoy todavía el penetrante y persistente olor a ceniza en el aire, vestigio del paso de las llamas que han dejado un sendero negro de destrucción por donde han pasado.

A la espera de encontrar culpables y dirimir responsabilidades, los vecinos de las zonas de Galicia afectadas tratan, pues, de pasar página y mirar adelante, a la vez que comienzan a salir las primeras y agónicas estimaciones de los daños reales causados por el fuego.

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