Los aspirantes a suceder a Keir Starmer rechazan el Brexit y plantean volver a la UE
Wes Streeting califica la salida de la Unión Europea como un "error catastrófico" y Andy Burnham sostiene que hay argumentos para regresar al bloque


Publicado el 19/05/2026 a las 09:04
El Brexit ha regresado de forma abrupta al centro de la política británica, impulsado esta vez no por los conservadores ni por Nigel Farage, sino por varias de las figuras que ya empiezan a tomar posiciones para una eventual sucesión dentro del laborismo.
La discusión, que hasta hace apenas unos meses parecía políticamente silenciada, se ha reactivado en mitad de un contexto económico incierto, con un crecimiento debilitado, dificultades comerciales persistentes y una presión creciente dentro de Westminster para redefinir la relación entre Londres y Bruselas. Lo que hace apenas dos años resultaba prácticamente impensable en el núcleo dirigente laborista, hablar abiertamente de un eventual regreso a la Unión Europea, empieza ahora a verbalizarse desde sectores relevantes del partido.
Fue Wes Streeting, que renunció como ministro de Sanidad la semana pasada y es uno de los nombres que aparecen en las quinielas sucesorias de Starmer, quien hizo saltar por los aires el frágil consenso laborista sobre el Brexit, al calificarlo en una entrevista como un "error catastrófico". Streeting aseguró que la salida de la Unión Europea ha dejado al Reino Unido "más pobre, menos poderoso y con menos control", y añadió que "el futuro del Reino Unido está en Europa y, algún día, algún día, de vuelta en la Unión Europea", en la referencia más explícita realizada hasta ahora por un miembro destacado del entorno laborista sobre un posible retorno británico al bloque europeo.
Downing Street trató rápidamente de enfriar el alcance político de las declaraciones, insistiendo en que el Gobierno no contempla regresar ni al mercado único ni a la unión aduanera, pero la intervención de Streeting abrió una fractura latente dentro del Partido Laborista: cómo gestionar el creciente consenso favorable a una relación más estrecha con Europa sin provocar una reacción adversa en las circunscripciones que votaron masivamente a favor del divorcio. La cuestión posee una enorme sensibilidad electoral. Muchos de esos territorios, especialmente en el norte y el centro de Inglaterra, continúan viendo el Brexit menos como un asunto económico y más como una cuestión identitaria vinculada al control migratorio, a la soberanía parlamentaria y al rechazo de las élites londinenses. Precisamente ahí es donde el partido ultranacionalista Reform UK ha concentrado su estrategia política.
El viceprimer ministro David Lammy, uno de los aliados más estrechos de Starmer y una de las voces con mayor peso dentro del Ejecutivo, reconoció abiertamente el temor existente dentro del partido, ya que las divisiones internas sobre la cuestión europea "podrían llevar a Nigel Farage (líder de Reform UK) al poder".
"GOL EN PROPIA PUERTA"
Lammy describió el debate público abierto por Streeting como "un espectacular gol en propia puerta", consciente de que cualquier reapertura de la discusión sobre la Unión Europea ofrece a Reform UK una oportunidad única para movilizar a su electorado.
La presión sobre Starmer aumentó todavía más tras las declaraciones de Andy Burnham, alcalde del Gran Mánchester, quien sostuvo que "existe un argumento a largo plazo" para que el Reino Unido regrese algún día a la Unión Europea, aunque matizó posteriormente que esa cuestión no formará parte de su campaña en la elección parcial de Makerfield, en la que se presentará con el objetivo de volver a la Cámara de los Comunes, y, después, presentarse como alternativa al liderazgo de Starmer. Makerfield, precisamente, se ha convertido en el gran laboratorio político de este nuevo escenario. La elección parcial prevista para mediados de junio amenaza con transformarse en una prueba crítica tanto para Starmer como para Farage. Reform UK pretende convertir la campaña en una especie de referéndum indirecto sobre inmigración y el Brexit, explotando la idea de que hay sectores del Partido Laborista que desean revertir el resultado del referéndum de 2016.
Farage intenta presentar al Partido Laborista como una formación dominada nuevamente por las élites metropolitanas proeuropeas, alejadas de las preocupaciones identitarias y económicas de la Inglaterra posindustrial, mientras que el discurso de Starmer se ha mantenido hasta el momento en la idea de "acercarse" a la UE, aunque sin volver a formar parte de ella.