Reino Unido
El batacazo laborista sacude a Starmer: "No hay forma de endulzar el resultado electoral"
Los comicios locales en Inglaterra marcan un avance histórico de la ultraderecha de Farage y hunden al partido en el Gobierno


Publicado el 08/05/2026 a las 19:49
Keir Starmer compareció ante la prensa en la mañana de este viernes con tono grave, desprovisto de cualquier intento de amortiguar el golpe. "Los resultados son duros, muy duros, y no hay forma de endulzarlos", admitió el primer ministro británico, después de que las primeras horas del recuento de las elecciones locales celebradas este jueves en Inglaterra confirmen una pérdida severa de apoyo para el Partido Laborista y un avance histórico de Reform UK, la formación de extrema derecha liderada por Nigel Farage. "Asumo la responsabilidad", añadió Starmer, consciente de que los datos preliminares han desencadenado una ola de inquietud dentro de su propio partido y han reabierto el debate sobre la viabilidad política de su liderazgo, apenas dos años después de haber conquistado Downing Street con una de las mayorías parlamentarias más grandes de la historia reciente del país.
Las elecciones locales celebradas en Inglaterra, junto con los comicios parlamentarios de Escocia y Gales, son un termómetro de gestión para un Gobierno que aún dispone de varios años antes de las próximas elecciones generales previstas para 2029. Sin embargo, el alcance de las pérdidas sufridas por los laboristas en los primeros recuentos ha transformado la cita electoral en algo mucho más profundo: un referéndum prematuro sobre la capacidad de Starmer para sostener la coalición social y territorial que le permitió llegar al poder en 2024 con la promesa de devolver estabilidad institucional a un Reino Unido exhausto tras los años convulsos del Brexit, la pandemia y la crisis inflacionaria.
A medida que avanza el escrutinio, en el mapa político británico se dibuja una tendencia inquietante para los laboristas, que han cedido ya cientos de escaños en antiguas áreas industriales del norte y del centro de Inglaterra que durante décadas habían constituido el corazón electoral de la formación. Reform UK, por el contrario, está consolidando una expansión territorial que hasta hace poco parecía improbable incluso para sus propios dirigentes.
Las derrotas se suceden. En Tameside, en el Gran Manchester, el Partido Laborista perdió el control del consejo por primera vez en casi medio siglo después de que Reform arrebatara los 14 escaños que defendía la formación de Starmer. En Wigan, una histórica comunidad minera gobernada por los laboristas durante más de cincuenta años, el partido perdió los 20 asientos en disputa frente a la formación de Farage. Rebecca Long-Bailey, diputada laborista por Salford y del ala izquierda del partido, describió los resultados como "desoladores".
DE MAL A PEOR
El veterano encuestador John Curtice, considerado la referencia más respetada del análisis electoral británico, ha afirmado esta mañana que el panorama para el Partido Laborista está siendo "tan malo como se esperaba o incluso peor", y subrayó la erosión acelerada del tradicional bipartidismo británico. Según explicó en declaraciones a la BBC, ninguna fuerza política está alcanzando porcentajes dominantes y el voto aparece fragmentado en cinco o más direcciones, con Reform UK, laboristas, conservadores, liberaldemócratas y verdes disputándose al electorado.
Farage, que compareció ante los medios con visible satisfacción, calificó la jornada como "un cambio histórico en la política británica". "Hemos estado acostumbrados a pensar la política en términos de izquierda y derecha, pero Reform está demostrando que puede ganar en áreas que siempre fueron conservadoras y también en zonas dominadas por los laboristas desde el final de la Primera Guerra Mundial", afirmó. El dirigente populista aseguró además que "lo mejor está aún por venir" y anticipó avances en el noreste de Inglaterra, Yorkshire, las Midlands occidentales y Essex.
Pese al batacazo, Starmer intentó transmitir firmeza frente a las crecientes especulaciones sobre su continuidad. "No voy a marcharme y sumir al país en el caos", declaró, y recordó que obtuvo en 2024 "un mandato de cinco años para cambiar el país".
Por otro lado, la situación en Gales reviste una sensibilidad especial para el partido, que se prepara para perder el control político tras casi tres décadas. De confirmarse esa tendencia, el golpe tendría una dimensión histórica considerable para una formación que convirtió Gales en uno de sus enclaves electorales más sólidos.
Cierre de filas Pese al duro golpe, sin embargo, las principales figuras del Gobierno han optado por cerrar filas alrededor de Starmer. El ministro de Defensa, John Healey, declaró que lo último que desean los votantes es "el posible caos de unas elecciones internas de liderazgo".
Los resultados locales también reflejan la dificultad del Partido Conservador para capitalizar el desgaste del Ejecutivo. Los tories continúan perdiendo apoyo en numerosos territorios y aparecen igualmente desplazados por Reform UK. Según los primeros resultados, los conservadores han perdido más de un centenar de escaños municipales.
La fragmentación del voto, descrita por Curtice como una de las grandes transformaciones políticas del último siglo en Reino Unido, dibuja un escenario extraordinariamente incierto para los próximos años. Según su análisis, Reform UK lidera el crecimiento, pero sin alcanzar porcentajes hegemónicos; los verdes tienen más votos aunque todavía convierten con dificultad ese respaldo en representación; los liberaldemócratas mantienen una presencia competitiva en determinadas áreas suburbanas y rurales; mientras los nacionalistas escoceses y galeses continúan dominando gran parte del debate en sus respectivos territorios.