EE UU cierra el grifo del oro negro con el que sobrevive el régimen de Maduro

Las incautaciones de petroleros atentan contra la principal exportación del país y dañan a otros como China o Cuba

Un petrolero iraní se abastece en la refinería venezolana de El Palito, en esta imagen de archivo
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Un petrolero iraní se abastece en la refinería venezolana de El Palito, en esta imagen de archivoAFP
Un petrolero iraní se abastece en la refinería venezolana de El Palito, en esta imagen de archivo

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Agencia Colpisa

Publicado el 28/12/2025 a las 09:42

Venezuela cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo: concretamente, su territorio esconde 303.000 millones de barriles, según la OPEP. Es una cantidad similar a la suma del volumen que se esconde en el territorio de Arabia Saudí y Estados Unidos, y se concentra sobre todo en la faja petrolífera del Orinoco, descubierta en 1936.

No obstante, el régimen bolivariano de Nicolás Maduro no es capaz de sacarle todo el jugo a este crudo: si en las décadas de 1990 y 2000 extraía más de tres millones de barriles diarios -en 2005 incluso exportó más de 600 millones de barriles a Estados Unidos-, en los últimos años la falta de inversiones -en 2007 Hugo Chávez nacionalizó el sector expropiando instalaciones a empresas estadounidenses- y las sanciones internacionales han reducido la producción a solo un tercio, y se espera que este año tenga que conformarse con una cifra que oscilará entre 1 y 1,2 millones.

EXTRAPESADO Y VISCOSO

Además, el petróleo venezolano resulta especialmente difícil de producir y de transportar por sus particularidades, entre las que destaca el carácter extrapesado de gran parte del crudo. En algunos casos es incluso más denso que el agua, lo cual dificulta su extracción. Y a esto se suman sus elevadas concentraciones de azufre que obligan a la hidrodesulfuración y complican el refinado. Por si fuese poco, su elevada viscosidad hace prácticamente imposible la distribución a través de oleoductos.

En palabras de la Escuela en Gestión de Energía y Petróleo, todo esto "plantea retos técnicos y económicos. No obstante, la magnitud de sus reservas convierte al país en un actor estratégico para la seguridad energética mundial". Y el oro negro es vital para la supervivencia del Gobierno de Caracas, que exporta en torno a la mitad de su producción.

Según datos del CEIC, después de tocar fondo en 2022 con la venta de 438.000 barriles diarios, el país ha logrado incrementar ese volumen hasta los 655.000 del año pasado. Curiosamente, Chevron es la única petrolera que dispone de una licencia especial que le permite vender en torno a 200.000 barriles venezolanos diarios a Estados Unidos.

“FORZAR UNA CAPITULACIÓN”

No obstante, ahora se cierne una nueva amenaza sobre la principal fuente de divisas (más de 4.000 millones de dólares, en 2023) del régimen: las incautaciones de los petroleros que transportan el petróleo venezolano hasta sus compradores. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ya ha ordenado el abordaje de tres buques, suficientes para espantar a las navieras que operaban en el país latinoamericano.

Es una estrategia que Washington promete mantener. Y Trump no tiene reparo en señalar qué pretende hacer con el hidrocarburo decomisado: "Nos lo vamos a quedar. Quizá lo vendamos, quizá lo utilicemos en las reservas estratégicas. Nos quedaremos los barcos también", avanzó el pasado lunes, justificando estas operaciones asegurando que Caracas utiliza el petróleo para financiar el narcotráfico, algo que el Gobierno venezolano niega, tachando las incautaciones de "piratería".

El Partido Comunista de Venezuela va más allá y considera las intervenciones de los barcos "un acto de guerra". En una nota de prensa publicada el martes, la formación denuncia que Trump está desarrollando "un cerco militar destinado a la asfixia total de la economía nacional, con el fin de forzar una capitulación" que permita al imperialismo apropiarse de los recursos del país. De lo que no hay duda es de que el inquilino de la Casa Blanca tiene como objetivo derrocar a Maduro. "Quizá lo logre. Pero depende de lo que él quiera hacer. Creo que sería inteligente por su parte marcharse. Veremos qué hará", ha sentenciado el mandatario republicano.

De cualquier manera, la ofensiva contra el petróleo chavista afecta también a otros países. A sus clientes. El principal es China. El gigante asiático adquiere algo más de 740.000 barriles diarios, equivalente al 80% de las exportaciones de crudo de Venezuela. No obstante, a Pekín, que se beneficia también de los hidrocarburos a precio de ganga que llegan de Rusia, no le cuesta encontrar alternativas. Pero hay otros países que se ven mucho más apurados.

CUBA TIEMBLA

Es el caso de Cuba. La isla ya sufre una grave y prolongada crisis energética que se traduce en restricciones al suministro eléctrico y grandes apagones generalizados. Ahora, con las operaciones de Estados Unidos contra la flota en la sombra que mueve el petróleo venezolano, la situación puede empeorar aún más. No en vano, el primer buque incautado, el Skipper (acusado de pertenecer a "una red ilícita de transporte de petróleo que apoya a organizaciones terroristas extranjeras" como la Guardia Revolucionaria iraní o Hezbolá), partió del país bolivariano con casi dos millones de barriles de crudo destinados a la isla comunista. Es uno de los muchos intercambios de petróleo venezolano (en torno al 40% de las importaciones energéticas de Cuba) a cambio de médicos, instructores e incluso personal de seguridad cubano.

Sin embargo, un análisis pormenorizado de los datos y conversaciones mantenidas por The New York Times con altos cargos venezolanos han revelado que la mayor parte del carburante destinado a Cuba, y vendido a precios subvencionados, ha ido a parar realmente a China. El precio que la segunda potencia mundial abonaba por él, se transfería después a la isla caribeña para que pudiese adquirir bienes básicos.

Ahora, este sistema está en la cuerda floja. Los buques cubanos ya no se atreven a recalar en puertos venezolanos y están anclados en puertos de la isla o en sus aguas territoriales. Buques que suministran en torno al 70% de su combustible están sancionados, por lo que la crisis venezolana es cada día más también una crisis cubana. Para Trump es ideal: mata dos pájaros de un tiro.

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