Ataques
El despliegue militar de EE UU tensiona el Caribe y Venezuela pide ayuda a Rusia
Los países de la región piden estabilidad tras dieciséis ataques a presuntas narcolanchas, que han dejado al menos 63 muertos en dos meses


Actualizado el 02/11/2025 a las 13:12
Cuando a mediados de septiembre apareció el primer cadáver mutilado en la costa noreste de Trinidad y Tobago, nadie tuvo dudas de que la república entraba en una nueva y sorprendente era dentro de la larga guerra contra el narcotráfico caribeño. El muerto tenía el rostro abrasado y le faltaban varias partes. Las autoridades lo relacionaron de inmediato con el misil que EE UU largó el 2 de septiembre sobre una presunta narcolancha del clan del Tren de Aragua, cuyos once tripulantes volaron en pedazos. Luego llegaron más cadáveres destrozados a las playas.
Desde ese instante, el ejército estadounidense ha dirigido entre doce y dieciséis ataques contra los transportistas de la droga en el mar Caribe y el Pacífico Oriental y contabilizado al menos 63 víctimas mortales. La tensión crece. Máxime, después de que distintas informaciones apunten a que el Pentágono prevé un asalto directo sobre Venezuela para destruir laboratorios, aeropuertos y muelles vinculados a la droga, además de castigar a sus productores. Donald Trump negó esta opción el viernes, pero el miedo ha sido sembrado. El líder chavista, Nicolás Maduro, ha movilizado este fin de semana a sus más de 5.000 milicias populares y concentrado al ejército en la frontera con Colombia. También ha enviado un mensaje de auxilio a Rusia, China e Irán. Les pide misiles, radares y ayuda para reparar los viejos Sukhoi Su-3 soviéticos de su fuerza aérea.
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La región vislumbra una guerra en toda regla. El Ministerio de Defensa de Trinidad y Tobago ha decretado la “alerta general”, acuartelado a sus tropas en las bases y anulado los permisos en la Policía. Su primera ministra, sin embargo, es clara defensora de los bombardeos. “El dolor que los cárteles han infligido a nuestra nación son inmensos. No tengo ninguna simpatía por los narcotraficantes; el ejército estadounidense debería eliminarlos a todos”, ha declarado Persad-Bissessar. Su país figura entre los de mayor criminalidad del mundo debido, precisamente, a la epidemia de drogas que lo mantiene en estado de emergencia desde 2024.
No todos los gobernantes son tan claros. La mayoría sabe que sus comunidades viven de los ingresos del turismo y de los recursos de la mar como la corvina y la caballa. Los pescadores han dejado de faenar o lo hacen pegados a la costa y siempre de día. Hasta la ONU ha asegurado que los bombardeos estadounidenses son contrarios al derecho internacional, pero el pánico al dron persiste entre los civiles y a algunos gobernantes tampoco les entusiasma quejarse en voz alta dada su dependencia de EE UU en materia de cooperación.
COCAÍNA Y HACHÍS
Maduro tiene posiblemente motivos para sentir recelo y abonarse a la tesis de que la Casa Blanca quiera utilizar la guerra al narco para sacarle del poder. Trump lo vincula con el tráfico ilegal de sustancias en base fundamentalmente a la colonización que los cárteles han hecho dentro de los aparatos gubernamental y militar. Washington está cargando el peso de la prueba sobre su país, aunque no es menos cierto que el 70% de los cargamentos los maneja el Cártel del Golfo colombiano, que cultiva, produce y transporta la cocaína e incluso canaliza la de otros países como Perú. Paga sobornos a los militares, compra a operadores que controlan las rutas marítimas y supuestamente ha hecho de zonas como el Chocó y el golfo de Uraba auténticas lanzaderas.
Más del 50% de los ataques estadounidenses se han registrado entre Venezuela y Trinidad. De ahí que a estas islas arriben los cadáveres amputados con cierta frecuencia. Las aguas son empleadas fundamentalmente por traficantes que van hacia Europa y África Occidental. Por lo general, transportan cocaína y hachís; no el fentanilo que inunda las ciudades estadounidenses como denuncia Donald Trump. Pero a éste los bombazos le permiten cortar todos los canales y lanzar un mensaje que amedrenta a los clanes.
El presidente estadounidense no tiene dudas: nadie utiliza lanchas go fast de cuatro y cinco potentes motores para pescar o realizar un trayecto turístico. El Pentágono ha mostrado imágenes donde se observa que las embarcaciones tampoco tienen aparejos de pesca, hamacas o utensilios deportivos. Además, la Administración sostiene que son fáciles de identificar ante un ojo experto por las modificaciones estructurales que reciben para poder trasladar varias toneladas de droga a gran velocidad sin romperse. A la vuelta suelen regresar con armas o ingentes cantidades de dinero para su lavado.
CONTROL DE SOSPECHOSOS
Los ataques parecen haber conmocionado ya a las bandas, según algunos medios americanos. Aunque invierten grandes sumas en seguridad, se enfrentan a un sofisticado despliegue tecnológico de vigilancia mediante satélites, drones y sistemas infrarrojos montados en los cazas F-18. Las filtraciones sobre entradas y salidas de lanchas rápidas son frecuentes y la Policía colombiana mantiene cierto control sobre las idas y venidas de decenas de patrones y tripulantes vinculados a la droga. También la CIA tiene agentes en la región.
Cuando el Pentágono cree que un cargamento sale a mar abierto, envía un helicóptero artillado silencioso o un dron MQ-9 Reaper. Y luego envía a las agencias la foto de la explosión. EE UU acumula un largo historial de lucha contra el tráfico de drogas, pero la idea de volar las lanchas es novedosa. Las salidas se han espaciado, los cárteles se ven obligados a mejorar su seguridad o buscar itinerarios alternativos, posiblemente deban pagar más dinero en sobornos y han comenzado a externalizar los envíos. Contratan a otras bandas, mercenarios o pescadores en graves dificultades económicas para que hagan loa lances y corran el riesgo de ser alcanzados por un misil. “Mandan navegantes que aceptan el riesgo a cambio de un pago alto. Muchos dejan un anticipo a sus familias porque saben que tal vez no regresen”, manifestó recientemente un agente antidroga al medio Semana.
¿Qué puede suceder en las próximas semanas? Trump ha negado que piense atacar territorio venezolano, aunque ha autorizado a la CIA a desarrollar operaciones encubiertas. Sin embargo, los cambios de guión del líder republicano son proverbiales. Expertos en Defensa llaman la atención sobre el despliegue militar en el Caribe, solo comparable al de la guerra del Golfo. Con doce navíos y un submarino nuclear en la zona tras la llegada el viernes del crucero lanzamisiles USS Gettysburg, solo queda por recibir esta semana entrante al portaaviones USS Gerald Ford. Su grupo de ataque resulta más que suficiente para emprender un desembarco.