Guerra

EE UU limita a Ucrania su poder militar al prohibirle usar sus misiles en suelo ruso

Biden lo permitió al final de su mandato, pero ahora Trump considera que pondría en riesgo el proceso de paz que impulsa el mandatario estadounidense

El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Oleksander Sirski, y otros militares en Donetsk
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El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Oleksander Sirski, y otros militares en Donetsk
El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Oleksander Sirski, y otros militares en Donetsk

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Agencia Colpisa

Publicado el 25/08/2025 a las 08:40

En su lucha para contener la invasión rusa, Ucrania cuenta con misiles de precisión estadounidense ATACMS, pero no recurre a ellos. Según The Wall Street Journal, Washington se lo ha prohibido para no elevar la tensión con Moscú. Pese a que hace sólo unos días Donald Trump animó a Volodímir Zelenski a contraatacar con fuerza, la realidad es otra. Su secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha vetado de forma discreta el uso de este armamento.

EEUU le da una pistola a Ucrania, pero le bloquea el gatillo. Zelenski recalcó este domingo la necesidad de golpear el interior de Rusia. Con los ATACMS capados, su industria acaba de anunciar la producción de su primer misil crucero, el Flamingo, con un alcance de 3.000 kilómetros.

El Pentágono creó un mecanismo de revisión para decidir si las fuerzas armadas ucranianas podían utilizar los proyectiles ATACMS (300 kilómetros), previa solicitud, para atacar objetivos en suelo ruso. Este proceso afecta también al armamento suministrado por aliados europeos que depende del servicio de Inteligencia y la tecnología estadounidenses, como los misiles británicos de largo alcance Storm Shadow.

Ucrania sí pudo recurrir a estos cohetes durante el otoño de 2024. Entonces, y tras dos años de negativas, la Administración demócrata de Joe Bien concedió el permiso. Kiev atacó las regiones fronterizas rusas de Kursk, Briansk y Bélgorod. El regreso de Trump a la Casa Blanca cerró esa puerta. Washington no ha vuelto a dar el visto bueno a su utilización. Según The Wall Street Journal, al menos en una ocasión Ucrania ha solicitado vía libre este año. Hegseth, la voz militar de Trump, se lo ha negado.

Ucrania tiene previsto adquirir armamento estadounidense por valor de 85.000 millones de euros con el apoyo económico de sus aliados europeos. Ayer se sumaron Canadá y Suecia, que anunciaron acuerdos de ayuda y cooperación. El primer ministro canadiense, Mark Carney, confirmó la entrega de un paquete de 1.800 millones que incluye drones y vehículos acorazados. “Ucrania está en la primera línea en la lucha por la libertad y la soberanía. Después de tres años de guerra necesita urgentemente más equipamiento militar”, declaró. Entre Europa y otros aliados tratan de suplir a EEUU.

LOS BANDAZOS DE TRUMP

El ejército de Kiev recibió las primeras versiones de corto alcance de los ATACMS en otoño de 2023. Y en primavera del año siguiente, Estados Unidos empezó a suministrar modelos mejorados, pero con la condición de que sólo podían ser desplegados contra objetivos en territorio ucraniano ocupado. Todo sigue igual, aunque Trump diga lo contrario.

El ahora presidente ha cargado contra su predecesor, Joe Biden, por frenar la capacidad ofensiva de Kiev. “Es muy difícil, si no imposible, ganar una guerra sin atacar a un país invasor. Es como un gran equipo deportivo que tiene una defensa fantástica, pero no se le permite atacar. ¡No hay posibilidad de ganar! El corrupto e incompetente Joe Biden no dejó que Ucrania contraatacara, sólo que se defendiera”, escribió el magnate hace unos días en su red social Truth Social.

En cierto modo, Ucrania se ve obligada a pelear con las manos atadas. Tanto con Biden como con Trump. Durante su mandato, el líder demócrata criticó a Zelenski por autorizar el bombardeo de refinerías e instalaciones de la industria petrolífera, ya que eso provocaba el incremento del precio del crudo mundial.

OFENSIVA A LOS HIDROCARBUROS

Kiev hizo y hace oídos sordos. Durante este verano ha intensificado su ofensiva sobre la red de hidrocarburos del país invasor. Pretende así ahogar una de las principales fuentes de ingresos del Kremlin. El 10 de agosto, drones ucranianos dañaron una refinería de Lukoil situada a 2.000 kilómetros de la frontera.

Este domingo, un proyectil no tripulado fue derribado por las defensas rusas sobre la central nuclear de Kursk. Provocó un incendio. “Así es como Ucrania ataca cuando se ignoran sus llamamientos a la paz”, avisó Zelenski. No hubo víctimas ni fugas radiactivas.

La pasada semana, otro ataque ucraniano afectó al oleoducto Druzhba, en suelo ruso, que suministra combustible a Eslovaquia y Hungría. El primer ministro húngaro y gran aliado de Putin, Viktor Orbán, cargó contra los dirigentes de Kiev y envió una carta de protesta a otro de sus íntimos, Donald Trump.

El presidente de Estados Unidos está empeñado en acabar con esta guerra que tanto le distrae y le impide centrarse en la pugna con China en el Pacífico. Durante este mes de agosto se ha reunido primero con Putin -el líder ruso dice que ya “ve la luz al final del túnel”- en Alaska y luego en Washington con Zelenski y los principales líderes europeos.

Presiona a Moscú y a Kiev para que se sienten en una mesa a negociar la paz. Se ha erigido como el gran mediador en el camino que él mismo ha trazado hacia el premio Nobel de la Paz. Autorizar a Ucrania a utilizar armamento de largo alcance sobre territorio ruso irritaría a Moscú y alejaría el final de guerra. Así lo ve el Pentágono, que ha vetado el uso de sus misiles ATACMS.

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