Uno de los seminaristas navarros con el Papa: "Guardó su discurso para escucharnos"
Manu Torralba Lizasoáin, tafallés de 30 años, está en sexto curso en el Seminario diocesano de Pamplona y el 16 de noviembre compartió con sus compañeros de su seminario y con los de Redemptoris Mater la audiencia con el Papa Francisco


Publicado el 22/04/2025 a las 05:00
Manu Torralba Lizasoáin, seminarista de sexto curso en la diócesis de Pamplona, se enteró de la muerte del papa Francisco en Bera, descargando la camioneta del campamento con chavales de su parroquia, “mediante una alerta de Vaticans News que llegó al teléfono de un monitor”. “Fue un jarro de agua fría” y al tiempo, una ventana al momento inolvidable que él y sus compañeros vivieron el 16 de noviembre, en la audiencia con el Papa Francisco. Recordaba Manu Torralba a orillas del Bidasoa el encuentro que tuvieron en el Vaticano todos los seminaristas de Pamplona y de San Sebastián, hace ahora cinco meses, también los formadores, profesores del centro de estudios... “El arzobispo don Florencio solicitó la audiencia porque el Papa se había prestado a recibir a muchos seminarios y era una oportunidad única de estar con él cara a cara, hacerle preguntas. En septiembre, al inicio de curso, el rector Jesús Echeverz, nos anunció que había una sorpresa. Y además de estar cuatro días en Roma tuvimos la visita que fue impresionante, nos recibió durante una hora, un rato largo, tato como con Zelensky, con quien estuvo un día antes”, explica Torralba y descubre que Bergoglio improvisó. “Fue bonito porque él se preparó un discurso donde hizo referencia a lo que nos quería transmitir a los seminaristas, a qué estamos llamados, también al ejemplo del obispo don Florencio, que ha estado en las cárceles y con los más pobres. Y fue lo que se difundió en los medios de comunicación. Pero nos dijo: el discurso, como está escrito, se lo doy a vuestro obispo, él que os lo reparta y ahora me preguntáis lo que queráis”. Fue lo que hicieron y el Papa “respondió con calma”, recuerda el seminarista y añade: “De cada pregunta sacaba petróleo porque aprovechaba para preguntarnos sobre un montón de cosas y con un corazón de padre, ahí coincidimos todos, nos hablaba desde el corazón, mirándonos a los ojos, sintiendo cada respuesta, de sentir que nos dedicó esa hora en cuerpo y alma”.
Manu, de 30 años, estudió Medicina antes de entrar al seminario y valora que Francisco “estaba muy lúcido de cabeza”. “Pero es cierto que cuando llegó con su bastón-muleta, en ese paso al sillón le costó calmar la respiración, le notamos físicamente cansado”. “Estaba malico, pero como en Semana Santa se le ha visto en algún acto, asumíamos que sería una muerte para más adelante, que se iría apagando poco a poco”, expresa.


El seminarista de Tafalla le pudo hacer una de las preguntas. Explica que siempre ha estado “metido en los campamentos, en los scouts...” y le expuso que “viviendo la realidad de tantos casos de abusos a menores en el entorno de la Iglesia, cómo, de qué manera, pueden ser “sacerdotes cercanos para los niños y los jóvenes sin ser imprudentes y sin ser fríos”. “Porque creo que hace falta estar con los chavales, jugar con ellos, pero hay una llamada a la prudencia y es difícil encontrar el equilibrio y él, bueno, me quedé mucho con que dijo que no nos acomplejemos, que tenemos que estar donde hay que estar y que nos sintamos padres con los chavales, no colegas ni amiguetes, sino que nuestro papel sea el de un padre. Nos marcó mucho esa respuesta”, indica en referencia continua a sus compañeros del seminario conciliar San Miguel y del Redemptoris Mater.
“Nos contó mil experiencias que tenía de cuando fue arzobispo en Buenos Aires, le habían tocado mil cosas. El Papa se siente muy cercano”, concluye el futuro sacerdote navarro.
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