Tras descabezar Hizbulá matando a Hasán Nasralá, Israel apunta hacia Irán

Algunos medios locales apuntan a su primo Hashem Safieddine como posible relevo en la cúpula del movimiento terrorista

Un joven observa este sábado la destrucción causada por los ataques israelíes en los suburbios del sur de Beirut el viernes
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Un joven observa este sábado la destrucción causada por los ataques israelíes en los suburbios del sur de Beirut el viernes
Un joven observa este sábado la destrucción causada por los ataques israelíes en los suburbios del sur de Beirut el viernes

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Agencia Colpisa

Publicado el 29/09/2024 a las 11:16

Beirut tembló el viernes con el brutal bombardeo de Israel contra el cuartel general de Hizbulá y el temblor se hizo terremoto cuando la milicia chií confirmó de manera oficial el asesinato de Hasán Nasralá. Esta mezcla de clérigo y revolucionario que durante 32 años lideró el Partido de Dios (eso significa Hizbulá) era mucho más que un líder político y gran parte de la población chií de Líbano lo veía como un auténtico padre. Mientras que el portavoz del Ejército hebreo decía que “el mundo es ahora más seguro” y que “merecía morir”, el vicepresidente de Irán, Mohammad Reza Aref, dijo que el asesinato traerá “la destrucción de Israel”. Con la milicia descabezada, el régimen de los ayatolás se enfrenta al gran dilema de cómo mantener la disuasión frente a un enemigo que está dispuesto a llegar hasta el final en la lucha contra el llamado eje de la resistencia, hasta su misma cabeza en Teherán. Ya nadie descarta que la siguiente parada del castigo sea la república islámica, una vieja aspiración de Netanyahu.

Las palabras iraníes no impresionan en un Estado judío cuyos servicios de inteligencia han dado una serie de golpes letales en cadena a Hizbulá, el proxie más importante de los persas en la región. En apenas dos meses han liquidado a toda la cúpula militar y el último que faltaba, Nasralá, cayó en un bombardeo masivo en el que emplearon 85 bombas ‘destructoras de búnkeres’, un tipo de munición de penetración que se hunde en el suelo antes de explotar. El resultado de su impacto en el sur de Beirut fue demoledor. Al menos cuatro edificios quedaron reducidos a polvo y en ese escenario trabajaron durante toda la noche los servicios de rescate en la búsqueda de cuerpos. El Ministerio de Salud elevó a once los muertos, pero hay decenas de desaparecidos cuyos cuerpos son ceniza.

DOLOR ENTRE LOS CHIÍES

Israel bautizó la operación como Nuevo Orden y poco después de lanzarla conminó a los civiles evacuar la zona porque iban a realizar más bombardeos. Decenas de miles de personas salieron con lo puesto del sur de Beirut y ocuparon calles, parques y mezquitas del centro y fuera del bastión de Hizbulá recibieron la noticia del asesinato de su líder. El ejército lo confirmó a primera hora, pero nadie quería creer la versión del enemigo. Finalmente, llegó el mensaje oficial de Hizbulá y una mezcla de ira, dolor e indefensión se apoderó de los seguidores de Nasralá.

“No ha muerto. El morirá en Jerusalén. Sigue vivo entre nosotros y seguirá por siempre. Vamos a vencer”, decía Jihan Humani, desplazada de la frontera sur que lloraba desconsolada. Nada Bahsun, a su lado, aseguraba: “Es un shock. No me lo puedo creer. Me recuerda a la muerte de Hariri. Le matan porque es una persona digna que ha defendido a Palestina. Era el único que salió en su defensa y nosotros vamos a seguir su ejemplo”.

La mayor parte de los desplazados de los barrios del sur se concentraron en la Plaza de los Mártires, a los pies de la mezquita Mohamad al-Amin. Ahmad Zmeter, de 20 años, no podía separar los ojos del teléfono: “Es un día triste para todos los libaneses. Que la paz sea con su alma y que venga otra persona que siga en la dirección de la resistencia. Nasralá defendía la causa palestina. Era el honor de los árabes. Sus enseñanzas no morirán jamás”.

Muertos Nasralá y la mayor parte de los históricos del grupo, algunos medios locales apuntaron a su primo Hashem Safieddine como posible relevo. Este religioso de 60 años ocupa la jefatura del consejo ejecutivo de Hizbulá. El grupo necesitará tiempo para rehacerse del golpe debido al enorme carisma de un Nasralá que era muy cercano al Líder Supremo de Irán, Alí Jamenéi, y el principal nexo de la república islámica con el mundo árabe.

Jamenéi -que según aseguran algunas fuentes se ha escondido-, emitió un comunicado para recordar que “todas las fuerzas de la resistencia esperan y apoyan a Hizbulá” y que “el destino de la región estará determinado por la resistencia”. Teherán informó de que el general Abbas Nilforoushan, subcomandante de la Guardia Revolucionaria, murió junto a Nasralá el viernes.

COHETES DESDE YEMEN

Israel no detuvo los ataques y durante toda la jornada se produjeron bombardeos al sur y este del país, y también en Beirut. Hizbulá también lanzó cohetes y desde Yemen intentaron llegar a Tel Aviv con un nuevo misil. El ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, calificó el asesinato del líder la milicia libanesa de una de las “contramedidas” más importantes en la historia de Israel. Gallant dejó claro que “quien inicie una guerra contra Israel pagará un precio muy alto” y que “ no se detendrán”.

El mensaje es claro para Irán, país que, además de Hizbulá, respalda a los hutíes de Yemen, las milicias chiíes de Irak y Siria y a Hamás, en Gaza. Akiva Eldar, analista político del diario israelí Haaretz, apuntó que “Netanyahu es una especie de líder, como solía decir Simón Peres, que una vez que tiene un martillo -e Israel tiene un gran martillo- cree que cada problema es un clavo. Hay varios clavos y seguirá golpeando estos clavos. ¿Por qué no, si el precio a pagar a nivel internacional es tan bajo?”

Con el plan de invasión terrestre de Israel sobre la mesa, la falta de Nasralá también puede tener un impacto directo en el juego de equilibrios entre los diferentes grupos político-confesionales dentro de Líbano. Hizbulá ha perdido su imagen de supermilicia y no le faltan rivales domésticos. Los fantasmas del pasado siempre están presentes en el complicado avispero libanés.

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