El socialdemócrata Dietmar Woidke impide en Brandeburgo el triunfo de la ultraderecha

El resultado es un espiro para Olaf Scholz, que quiere repetir como canciller, aunque hay voces en su partido que exigen un cambio

Dietmar Woidke
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Agencia Colpisa

Publicado el 23/09/2024 a las 09:34

La arriesgada apuesta del todo o nada, de ellos o yo de Dietmar Woidke, primer ministro de Brandeburgo desde hace 11 años, ha tenido éxito. El político socialdemócrata (SPD) había advertido y repetido hasta la saciedad en campaña que dimitiría inmediatamente si la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) ganaba los comicios de este domingo 22 de septiembre en su región. Un desafío al que logró imponerse, sabedor también de su gran popularidad. En unas hipotéticas elecciones directas más del 60% de los brandeburgueses le habrían votado, según un reciente sondeo, en que incluso contaba con el respaldo del 65% de los electores de la conservadora Unión Cristianodemócrata (CDU).

Woidke nadaba contra corriente en la región que rodea la ciudad-Estado de Berlín por completo. Todas las encuestas sin excepción previas a las terceras elecciones regionales celebradas este mes en el este de Alemania daban como segura ganadora a la formación xenófoba y euroescéptica, que hace tres semanas alcanzaba en Turingia el liderazgo entre las fuerzas políticas por primera vez en la historia de la República Federal y estuvo a punto de desbancar de ese lugar a la CDU en Sajonia. "Parece ser, como ha sucedido frecuentemente en la historia, que son los socialdemócratas quienes han detenido a los extremistas en su camino al poder", dijo Woidke satisfecho a los 20 minutos del cierre de los colegios electorales ante los sondeos a pie de urna.

Los resultados de esas encuestas, confirmados después por el escrutinio, cantaban un triunfo ajustado del SPD con más de un 30% de votos, seguido de AfD a más de un punto. Suficiente para Woidke, que se benefició de lo que llaman el "factor primer ministro" y de los que muchos han calificado de "chantaje al electorado". Pese a no haber conseguido su objetivo de echarle de la jefatura de gobierno, la ultraderecha celebró los resultados por todo lo alto. "Somos la mayor fuerza en el este de Alemania y el partido que más ha subido en Brandeburgo", aseguró Alice Weidel, presidenta de AfD, partido que, pese a sus éxitos electorales, es marginado y aislado sistemáticamente por el cordón sanitario impuesto por las restantes formaciones políticas. 

También el populismo de izquierdas tiene motivos de júbilo. La Alianza Sarah Wagenknecht (BSW), que lleva el nombre de su líder y fue creada hace tan solo ocho meses, pasó de la nada a contar en Brandeburgo con más de un 12% de votos. El partido surgido de una escisión de La Izquierda, los herederos del postcomunismo germano oriental, alcanzó resultados apreciables también en Turingia y Sajonia, donde además es clave para constituir coaliciones de gobierno que impidan a la ultraderecha acceder al poder. La BSW devoró además a su partido madre. La Izquierda pierde a todos sus diputados en el parlamento de Potsdam, donde tampoco estarán representados los liberales (FDP), que forman parte de la coalición de gobierno del canciller federal, Olaf Scholz, en Berlín.

CAÍDA DE LA CDU 

Triste velada electoral también para los conservadores. Desgastada por el duelo entre el SPD y AfD, la CDU cayó en número de votos con menos de un 12% por debajo incluso de los populistas de izquierdas y obtuvo los peores resultados en una región del este de Alemania desde la reunificación nacional. "Es una derrota amarga", reconoció el secretario general de los cristianodemócratas, Carsten Lindemann, quien calificó de preocupante que los dos partidos extremistas que se presentaban a los comicios, AfD y BSW sumen juntos más de un 40% de votos. Por el contrario, Los Verdes respiran aliviados. Aunque no alcanzan el 5% de votos necesario para acceder al parlamento regional, la obtención de un mandato directo les permitirá contar con cinco escaños en la cámara.

La formación de una nueva coalición de gobierno en Brandeburgo será con seguridad mucho menos complicada que en Turingia o Sajonia, donde los resultados obligan a buscar alianzas con la imprevisible BSW. Woidke anunció al poco de conocerse los sondeos a pie de urna que buscará inmediatamente el diálogo con la CDU y Los Verdes, partidos con los que sumará una mayoría parlamentaria suficiente y con los que gobierna ya en la actualidad. El ganador de las elecciones solo sondearía a la Alianza Sarah Wagenknecht como último remedio y si fracasan los contactos con los que ya son sus aliados.

Quien respira también aliviado a la vista del éxito de su correligionario es Olaf Scholz. De visita en Nueva York para defender el plan de reforma de las Naciones Unidas, Scholz se limitó a confirmar con una amplia sonrisa a una televisión alemana que la reunión de la ejecutiva del SPD celebrada tras conocerse el resultado de los comicios, a la que asistió por videoconferencia, había transcurrido en un ambiente de celebración. Para el canciller federal una nueva derrota socialdemócrata en unos comicios regionales, como las sufridas a principios de mes, habría supuesto un desastre, toda vez que sus índices de popularidad se encuentran por los suelos y su gobierno se encuentra acorralado en el debate sobre las medidas para frenar la migración ilegal.

La victoria de Woidke ahorra a la cúpula del SPD y a Scholz una crisis aguda y el inicio, por ahora, de una discusión sobre si el canciller federal debe o no presentarse a la reelección el año próximo. El primer ministro de Brandeburgo renunció explícitamente en campaña a la presencia del jefe de gobierno en Berlín y en el tema migración se ha distanciado claramente de las posturas que mantiene el tripartito gobernante en Alemania.

En este país miran de reojo y con cierta envidia hacia Estados Unidos, donde el cambio de un candidato presidencial demócrata impopular ha dado alas al partido y a su nueva número uno. Y aunque Scholz ya ha dicho que quiere repetir, no todos en su propio partido parecen estar de acuerdo y algunos lo dicen abiertamente. El alcalde de Múnich, Dieter Reiter (SPD), comentaba una semana antes de las elecciones en Brandeburgo que mejor candidato que Scholz sería su ministro de Defensa, Boris Pistorius, el político socialdemócrata más popular entre los alemanes.

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