Suceso

La empresa del sumergible Titan desoyó las advertencias de seguridad de sus expertos

Varios aviones detectan sonidos bajo el mar similares a golpes metálicos, pero la Marina estadounidense advierte qué no puede concretar de dónde vienen aunque mantiene "viva la esperanza"

Fotografía facilitada por Ocean Gate que muestra el interior un submarino turístico
AmpliarAmpliar
Fotografía facilitada por Ocean Gate que muestra el interior un submarino turístico
Fotografía facilitada por Ocean Gate que muestra el interior un submarino turístico

CerrarCerrar

Agencia Colpisa

Actualizado el 22/06/2023 a las 10:16

Todo el mundo se aferra a cualquier brizna de esperanza para continuar soñando. La búsqueda de tres millonarios británicos (Hamish Harding, de 58 años, Shazada Dawood, de 48, y su hijo Suleman, de 19) y dos miembros de la tripulación que les llevaban en el sumergible Titan a visitar los restos del Titanic por 250.000 dólares cada uno cobró este miércoles un nuevo giro, cuando se supo que diferentes aviones canadienses habían detectado sonidos bajo el mar semejantes a golpes metálicos. Las grabaciones fueron inmediatamente remitidas a la Marina estadounidense, que tenía a sus mejores expertos acústicos analizándolas.

"Miren, necesitamos mantener viva la esperanza, pero no puedo decirles lo que eran esos sonidos", se defendió el capitán de la Guardia Costera estadounidense, Jamie Frederick, ante el acoso de la prensa. "Lo importante es que estamos buscando en ese área", zanjó. El militar advirtió de que "hay muchos ruidos bajo el mar", al igual que muchos barcos en la zona, "que también hacen ruidos". Y sí, "hay ruidos biológicos que suenan como si los hubiera producido el hombre". Hace falta el concienzudo análisis que, según Frederick, realizan "los mejores expertos del mundo". Un barco francés de investigación equipado "con tecnología punta" llegó este miércoles por la noche para subir el listón.

A pesar de que el área de interés mediático se ha reducido al espacio del que emanaron los sonidos el martes por la noche y el miércoles por la mañana "en múltiples ocasiones", que algunos medios describen en intervalos de 30 minutos, la búsqueda internacional se ha expandido. Ahora abarca una zona que Frederick describió como el doble del estado de Connecticut. Al menos cuatro países (EE UU, Canadá, Francia y Reino Unido) participan con un despliegue de medios que tenía impresionados a los expertos. "Nunca he visto algo así, ni en las películas", dijo Larry Delay, presidente de la empresa canadiense Titanic Expedition Logistics.

Los franceses han aportado una nueva clase de robots submarinos capaces de llegar todavía más lejos que el Titanic en su viaje al fondo de mar -ubicado a 3.800 metros de profundidad- que se une al rompehielos Polar Prince, nave nodriza que trasladó al Titan a alta mar, el barco canadiense CCGS Kopit Hopson 1752, el CCGS John Cabot, el CCGS Terry Fox y, pronto, el CCGS ANN Harvey y HMCS Glace Bay, que tienen previsto llegar con expertos en medicina subacuática y una cámara hiperbárica de recompresión. En la búsqueda participa también el estadounidense Deep Energy.

En el aire Canadá tiene un avión P-8 Poseidon, capaz de detectar sonidos bajo la superficie del mar, además de un CP-140 Aurora y un Hercules C-130 como el que ha mandado la Guardia Costera de Nueva York para barrer visualmente la zona. Sus pilotos detectaron objetos en la superficie que, tras volver a estudiarlos, se concluyó que no estaban relacionados con el episodio del sumergible perdido. Otro falso aviso que mantiene la esperanza alta pero no resuelve la búsqueda. Cuando Frederick actualizó este miércoles a la prensa el curso de las operaciones debían quedar 16 horas de oxígeno en la nave. Por eso el capitán no quiso evaluar el tiempo restante, demasiado deprimente como para mentarlo. "Mira", dijo Delay a MSNBC, evocando al experto marítimo francés que hacía de guía, "conozco a Paul-Henry Nargeolet, me estuve tomando una cerveza con él la semana pasada en Labrador (Terranova). Es un tipo tranquilo. En esta situación seguro que les habrá dicho 'relajaros y conservad el aire'".

DESPIDOS Y DEMANDAS

Si los tres turistas multimillonarios tenían algo que echar en cara a la empresa que les había llevado hasta el fondo del Atlántico Norte, en esos últimos minutos podían desahogarse con el responsable de su seguridad, que pilotaba el sumergible. En su carrera por el turismo de lujo, Stockton Rush, fundador y jefe ejecutivo de OceanGate Inc., había desestimado los análisis de sus propios expertos que le advirtieron del peligro que suponía la nave para sus ocupantes. Hasta el punto de despedir al director de operaciones marinas, David Lochridge, que en 2018 escribió un informe interno denunciando la necesidad de hacer más pruebas antes de "arriesgar" la vida de los turistas en "profundidades extremas", según contó este en una demanda interpuesta en un tribunal de Seattle.

Lochridge era particularmente crítico con la decisión de la empresa de confiar en la vigilancia acústica para detectar problemas mecánicos en el sumergible, en lugar de escanear bajo el casco. "Basándose en los sonidos los análisis sólo detectarán una implosión milisegundos antes de que ocurra", argumentó. La compañía argumentaba que no existía ningún mecanismo capaz de penetrar el grosor de 12,7 centímetros de la fibra de carbón que envolvía a Titan para poder escanearlo a distancia. OceanGate no escuchó sus advertencias y le despidió. Con el tiempo ambas partes se enzarzaron en una guerra judicial en la que la empresa le denunció por violar los acuerdos de confidencialidad y él contraatacó con otra demanda por despido indebido, pactadas en secreto.

A su preocupación se sumó también la Sociedad de Tecnología Marina, inquieta por el impacto que una catástrofe tendría en el sector. "No ha habido ningún herido en un submarino comercial en 35 años", protestó Rush en una entrevista con la revista Smithsonian, publicada en 2019. "La industria es obscenamente segura porque tiene un montón de regulaciones, pero precisamente por todas esas regulaciones no crece ni se innova". Poco se imaginaba que él mismo sería el protagonista del primer incidente en casi cuatro décadas. Para poder "innovar", OceanGate se declaraba "experimental" y dedicaba parte de lo que recaudaba a investigaciones. El largo pliego de descargas que obligaba a los pasajeros a firmar para eximir a la compañía de cualquier responsabilidad advertía de que la nave no cumplía con las regulaciones existentes ni estaba aprobada. La palabra "muerte" aparecía al menos tres veces en la primera página.

Etiquetas:

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora