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Guerra

Rusia traslada a Ucrania su guerra energética

Los misiles del Kremlin ponen su punto de mira  en las centrales eléctricas para paralizar hospitales, transportes y otras infraestructuras sociales

Ampliar bomberos ucranianos
Los bomberos ucranianos trabajan en la extinción de un incendio en un concesionario de coches destruido por los bombardeos en ZaporiyiaReuters
Actualizado el 12/10/2022 a las 10:30
Rusia castigó este martes con sus misiles, por segundo día consecutivo, varias plantas energéticas de Ucrania y dejó sin electricidad a amplias zonas del oeste y centro del país. Las autoridades enviaron mensajes de alerta a la población para pedir que no se alejaran de los refugios ante el riesgo de nuevos ataques contra zonas civiles y en regiones como Dnipró, en el centro del país, ordenaron “un modo de ahorro total de electricidad para que hospitales, transportes y otras infraestructuras sociales importantes puedan funcionar”, según informó el gobernador, Valentin Reznichenko.
Moscú también usa la energía como arma de guerra contra un país al que lanzó 83 misiles de largo alcance el lunes. Esta operación a gran escala demostró el poder del Kremlin para golpear cualquier ciudad. Entre ellas figuró Dnipró, que desde el comienzo de la contienda había permanecido como uno de los lugares considerados seguros pese a su proximidad a los frentes del sur y este. Hasta aquí han ido llegando desde febrero desplazados de zonas en conflicto. En la avenida Gagarin se encuentra la cafetería Little Mariúpol, que hace de centro social para quienes han escapado de esta ciudad costera, que vivió una de las batallas más duras de esta contienda.
Kiryl es el responsable de un establecimiento en el que los cuadros en las paredes recuerdan “al hogar que ahora ocupan los rusos y que pronto liberaremos”. Según las autoridades ucranianas, en Mariúpol murieron decenas de miles de personas y gran parte de la ciudad ha quedado arrasada. Tras la lluvia de misiles del lunes, Kiryl advierte de que “Putin es capaz de repetir un castigo como el del Mariúpol en otras urbes”.
En la zona de Little Mariúpol trabaja cada día desde junio Alisa, psicóloga militar llegada de Kramatorsk, en la provincia de Donetsk. Atiende a una media de cinco pacientes al día y ha notado “una gran diferencia en la gente. Antes el terror se habría apoderado de todos tras una operación como la venganza del lunes, pero lo único que consigue ahora Putin es generar más y más odio a Rusia. Ya no hay miedo ante los ataques, hay odio y más unidad que nunca frente al invasor”. Una de sus grandes preocupaciones es el estado mental de los niños “porque ellos son nuestro futuro”. Alisa habla con los padres y pide que a los menores de 6 años les intenten distraer como puedan, pero que a partir de esa edad “les cuenten la verdad, deben saber que estamos en guerra y que hay un enemigo llamado Rusia que nos bombardea y destroza sus casas, escuelas y juguetes”.
Lo sucedido en Mariúpol es imposible de borrar de las mentes de los ucranianos, que captaron de forma clara en ese momento de lo que es capaz el enemigo para hacerse con la victoria. Los rusos ocupan la ciudad y, debido al aumento de la tensión en el frente sur de las últimas semanas, el único corredor que había para la salida de civiles ha quedado cortado.
HORROR Y ESPERANZA
En las calles de Dnipró los operarios municipales han asfaltado la carretera que sufrió el impacto de uno de los misiles y se respira una aparente normalidad. En las calles principales cuelgan carteles de los primeros meses de guerra, cuando se pedía el cierre del espacio aéreo. Eso nunca ha ocurrido y lo que piden ahora desde Kiev es que lleguen más sistemas de defensa antiaérea porque temen que Rusia recurra cada vez más a operaciones con misiles de largo alcance y aviación.
Ucrania es, al fin y al cabo, una mezcla de un horror sin límites y de pequeños signos de esperanza. El horror se vio este martes con la exhumación de los cadáveres de 78 civiles en dos ciudades de la región de Donetsk -Sviatoguirsk y Limán-, recientemente recuperadas por las fuerzas ucranianas. Algunos cuerpos presentaban marcas de “muerte violenta”, incluyendo los de “un niño de un año y de toda su familia”.
El modesto rayo de esperanza llegó cuando el Gobierno de Kiev anunció la liberación de 32 soldados que estaban en poder de Rusia y la recuperación del cadáver de un ciudadano israelí tras el último canje de prisioneros. Desde el bando enemigo no se dieron cifras sobre los uniformados del Kremlin que habrían entrado en la operación.
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