Invasión rusa
Así son los ‘nazis’ ucranianos y los paramilitares chechenos, las dos unidades más salvajes de la guerra
Torturas, violaciones, saqueos y asesinatos forman parte de la historia de las dos unidades militares más salvajes de esta guerra, los ‘nazis’ ucranianos y los paramilitares chechenos, que ya se enfrentan en las calles de ciudades como Mariúpol


Actualizado el 23/03/2022 a las 07:50
Si hay una ciudad que se ha convertido en símbolo de la resistencia ante la invasión rusa de Ucrania, esa es Mariúpol. Allí, más del 80% de los edificios han sido destruidos y los combates ya se libran cuerpo a cuerpo.
La rendición no es una opción en una urbe en la que tiene su sede el Batallón Azov, una unidad formada por nacionalistas y ultraderechistas. Cuando Vladímir Putin hablaba de ‘desnazificar’ Ucrania, se refería a ellos. Fueron excusa entonces y se han convertido ahora en la última defensa de una población aplastada por bombardeos.
El Azov nació en mayo de 2014 de la mano de Andriy Biletsky, un historiador de 42 años muy conocido en los círculos de la extrema derecha. Inicialmente, era una unidad de voluntarios que apoyaban la unión de los pueblos eslavos del este, es decir, rusos, ucranianos y bielorrusos.
Sin embargo, cuando comenzaron los movimientos separatistas en Donesk y Lugansk se unieron a la defensa de Ucrania. Aquel verano participaron en la conquista de Mariúpol y en otoño de aquel mismo año comenzaron a funcionar como un regimiento profesional.
Poco después entraron a formar parte de las fuerzas de defensa ucranianas y de la Guardia Nacional. Es decir, que operan bajo el mando del Gobierno de Kiev. sTras abandonar el liderazgo del Batallón, Biletsky formó el partido político ‘Cuerpo Nacional’ con el que concurrió a las presidenciales de 2019.
Arrasó Volodímir Zelenski y la opción ultraderechista no obtuvo representación aunque Biletsky entró en el Parlamento a través de un mandato directo. Nunca se ha presentado y algunos medios indican que al comenzar el actual conflicto huyó del país con su familia.
Antes de la invasión, el Azov contaba con unos 1.000 efectivos expertos en el cuerpo a cuerpo. Además poseía artillería, tanques y hasta su propio escudo de armas. Otro sello polémico. Se trata de un ángel-lobo, un símbolo pagano que también usaban las SS.
Algunos historiadores ucranianos puntualiza que en su país esta imagen no se considera fascista, sino que se entiende como las letras ‘N’ e ‘I’ que representarían algo así como la ‘idea nacional’. En 2019 el Congreso de Estados Unidos trató una iniciativa que pedía clasificar a la polémica unidad como “organización terrorista”. No prosperó.
Su desempeño en batalla tampoco está libre de sospechas. Las acusaciones de cometer saqueos y violaciones de los derechos humanos les persiguen desde que empezaron a combatir en 2014. Se les señala como culpables de bombardear zonas civiles en la guerra del Donbás y de torturar y vejar públicamente a prisioneros de guerra.
En este conflicto, Rusia ha repetido que ellos son responsables de los ataques más salvajes que se han visto en Mariúpol: los bombardeos de la maternidad y del teatro usado como refugio por centenares de civiles. Ellos, que han distribuido imágenes de cómo destruían presuntamente tanques enemigos, lo desmienten y acusan a las tropas del Kremlin de matar al menos de 3.000 civiles en la ciudad, algunos, “en sus propias camas”.
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Los ‘kadirovtsy’, paramilitares chechenos
E L presidente de Chechenia, Ramzán Kadírov, es una especie de moderno Atila que gobierna con mano de hierro. Diversos observadores internacionales y organizaciones pro derechos humanos le sitúan detrás de los asesinatos de la periodista rusa Anna Politkovskaya, del abogado de derechos humanos Stanislav Markelov o de la militante social chechena Natalia Estemirova.
Todos tenían en común su oposición a Vladímir Putin y al propio líder checheno. Ambos forman un tándem inquebrantable que ha vuelto a quedar de manifiesto en la invasión rusa de Ucrania, en la que estaría participando Kadírov en persona, al mando de sus sanguinarios kadirovtsy.
La sola mención de este ejército privado, que algunos cifran en 25.000 hombres, infunde terror. Se les imputan torturas y ejecuciones extrajudiciales y ayudan al presidente a controlar cualquier movimiento independentista en Chechenia. También actúan fuera de sus fronteras.
Apoyaron a los separatistas rusos en Crimea y el Donbás y sembraron el pánico en Siria, donde combatieron a favor del régimen de Bashar al-Asad. Según los servicios de Seguridad de EE UU, un grupo de estos experimentados paramilitares habría entrado en Ucrania los primeros días de la invasión para asesinar a Volodímir Zelenski.
La participación de los kadirovtsy en los combates que se libran en el sur de Ucrania ha sido confirmada por diversas fuentes. Especialmente en Mariúpol y Mikolaiv, donde estarían combatiendo cuerpo a cuerpo con las fuerzas del batallón Azov. Si Kadírov está en el frente de batalla o no se desconoce.
Paradójicamente, sus raíces están en una familia independentista musulmana que peleó contra los rusos en la primera guerra de Chechenia (1994-96). Su padre, Ahmed, era uno de los líderes separatistas más destacados, pero en 2000 cambió de bando y fue nombrado presidente de Chechenia. En 2004, una bomba acabó con su vida. Ahí surgió la figura de Ramzán, que recibió la bendición del líder ruso como sucesor.
A sus 45 años, Kadírov está casado y ha sido padre 12 veces. Es el hombre más rico de Chechenia y no lo oculta. Coches de gama alta, ropa de marca, una colección de relojes valorada en un millón de euros y hasta una pistola chapada en oro le convierten en el máximo oligarca de una república rica en petróleo y gas en la que la renta per cápita no llega a los 230 euros.
Instalado en el poder, ha impuesto el velo a las mujeres y ha establecido campos de concentración para los gais y es contrario al divorcio, porque cree que los hijos de los separados “tienen más posibilidades de convertirse al terrorismo”.