Apunte
¿Vía libre a los abusones?
La contundencia de la respuesta internacional al ataque ruso a Ucrania puede marcar el inicio de una nueva era geopolítica


Actualizado el 25/02/2022 a las 11:45
La diplomacia internacional se ha topado tradicionalmente con dos barreras disuasorias a la hora de pasar de las amenazas a los hechos: el equilibrio de poder, es decir, el miedo a no ser superior al enemigo; y el dominio de una superpotencia, de un "policía del mundo", que con su presencia intimidaba a aspirantes a atacar a terceros países. También ha habido recurrentes intentos de crear ligas, alianzas, sociedades y organizaciones de naciones unidas para plantar una tercera barrera, pero estas nunca han sido suficientemente sólidas. Cuando la disuasión falla, llega la guerra. Invariablemente. Siempre hay candidatos para hacerla.
En el siglo XX, tras el 'shock' de la Primera Guerra Mundial, era tal el miedo a revivir aquel horror que, curiosamente, se abrió la veda a que cualquiera que quisiera declarar una guerra se encontrara con el camino libre. Fue la recién creada Unión Soviética de Lenin la primera que vio la oportunidad y la cogió: se lanzó contra Polonia y Ucrania -con la vista puesta en llevar la revolución comunista a toda Europa- en 1919. Nadie hizo nada. Solo Hungría ayudó a sus vecinos. Y casi contra pronóstico, la URSS y la revolución fueron detenidas entre los bosques y pantanos del este de Europa.
El siguiente abusón en ver que había barra libre fue Hitler: tanteó el terreno con la remilitarización de Renania y el plebiscito en el Sarre, y no paró ni cuando logró la anexión de Austria ni la cesión de los Sudetes; solo cuando invadió Polonia se le pararon los pies con un coste de vidas ingente. Además, de los pasos de Hitler tomaron nota otros "abusones", viendo que el tiempo era propicio para ellos: la Italia de Mussolini invadió Abisinia y el Japón imperial hizo lo propio con China. Curiosamente, los tres abusones acabaron formando una alianza que puso en jaque al mundo.
El ataque de la Rusia de Putin a Ucrania, anunciado con semanas de antelación por servicios de inteligencia y diplomáticos, pone en jaque a Estados Unidos y a la Unión Europea. Les obliga a mover ficha. Si se inhiben, no pasará desapercibido para el resto del mundo. Y puede iniciarse una era oscura, como otras del pasado, porque por más que en nuestras plazas gritemos "no a la guerra", aquellos países inclinados a hacerla, la harán.