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Familia

La batalla del doble apellido en Francia

En el país vecino, grupos de mujeres luchan por un cambio legal que permita inscribir siempre a los hijos con los antroponímicos de ambos padres. Hoy, si no lo piden ambos, automáticamente se pone el del padre

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  • Beatriz Juez. París
Actualizado el 01/06/2021 a las 08:42
Algo que en España parece tan normal como inscribir a un recién nacido con los apellidos del padre y de la madre es visto como exótico o es poco habitual en otros países.
El colectivo Porte mon nom (Lleva mi apellido), fundado en 2019, y el diputado Patrick Vignal se han unido para tratar de cambiar la legislación francesa para que a los niños les pongan automáticamente los dos nombres antroponímicos, salvo si los progenitores deciden, de mutuo acuerdo, que tenga uno solo. En unos días, la petición ‘Te he llevado, lleva también mi apellido’, ha recogido 25.000 firmas en la plataforma Change.org.

Desde 2002 la ley gala autoriza a los padres a elegir el apellido de su hijo o hija. Así, un recién nacido puede llevar el de su padre, el de su madre o ambos juntos separados por un espacio y en el orden elegido por la familia. Pero tener el doble apellido no es automático, como en España. Si la pareja no hace una declaración conjunta, el niño llevará automáticamente el de su padre. Desde 2013, gracias a la ‘ley Taubira’, en caso de desacuerdo sobre el orden, se optará por el de ambos miembros de la pareja por orden alfabético.

“La ley actual no es igualitaria. Hace falta que los dos decidan dar el doble apellido para que la administración lo tenga en cuenta”, explica por teléfono Vignal. Este diputado de La República en Marcha, el partido del presidente, Emmanuel Macron, recuerda que el hijo es de los dos y aboga por la automatización de los dos apellidos en aras de la igualdad entre el hombre y la mujer.

INVERTIR LA PRÁCTICA

Marine Gatineau-Dupré, cofundadora del colectivo ‘Porte mon nom’, cuenta que en Francia suele ser el padre el que va al registro civil a declarar el nombre y apellido de su hijo al nacer mientras la madre se recupera del parto. “Y, por tanto, él es el que tiene la última palabra”, explica la portavoz de ese colectivo, que cuenta que muchas mujeres acaban cediendo por tradición o por presiones familiares o sociales.

“Nosotros queremos que sea normal poner los dos apellidos”, dice la portavoz de este colectivo, quien precisa que, en caso de que los padres quisieran poner sólo un apellido a su hijo tendrían que firmar una declaración conjunta, lo que invierte la práctica en vigor actualmente.

Luchar contra el patriarcado patronímico en Francia, sin embargo, no es fácil. Ocho de cada diez niños nacidos en 2019 tienen sólo el apellido paterno (81,4%); el 6,6% tiene el materno; el 9,1% el doble, siendo el del padre el primero; y el 2,6% llevan primero el de la madre, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Estudios Económicos (INSEE).

PRUEBA CONSTANTE

Gatineau-Dupré también lucha por simplificar los trámites administrativos para poder añadir, sin autorización del padre, el apellido de la madre en caso de divorcio. Asimismo quiere abrir la posibilidad para que, a los 18 años, el hijo pueda elegir si quiere llevar un solo apellido, ya sea el del padre o el de la madre, o el de los dos. “Pedí a los padres de mis hijos la autorización para poder añadir mi apellido al suyo, para simplificar mi vida diaria desde el punto de vista administrativo. El de mi hija aceptó, pero el de mi hijo se negó”, explica Gatineau-Dupré.

La portavoz de Porte mon nom cuenta que ha sufrido “humillaciones en el aeropuerto y en el colegio. Hace falta que pruebe constantemente que soy la madre porque no tengo el mismo apellido que mi hijo”. “Si el padre se vuelve a casar, la madrastra lleva el mismo apellido del niño -en Francia muchas mujeres asumen el apellido del marido al casarse-. Pero su madre no tiene el mismo apellido que él”, cuenta.

En el aeropuerto, por ejemplo, “nos piden el libro de familia antes de montar en el avión, después del pasar el control de seguridad, delante de todo el mundo. Es humillante. A los padres no se lo reclaman. A las madrastras tampoco. Ni siquiera a las tías por parte paterna porque comparten apellido”, cuenta Gatineau-Dupré , que trabaja ahora como ayudante parlamentaria voluntaria del diputado Vignal.

Aunque no cierra la puerta a una eventual modificación de la ley, el ministro de Justicia, Éric Dupond-Moretti, considera que, dadas las consecuencias que tendrían para los franceses habría que estudiar la propuesta “con todo rigor” antes de dar una respuesta definitiva, al diario Le Parisien.
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