Von der Leyen y Johnson no ven condiciones para un acuerdo
Piden a los negociadores que elaboren un mapa de las tres divergencias para una reunión en persona de los líderes


Actualizado el 08/12/2020 a las 06:00
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el primer ministro británico, Boris Johnson, creen que "las condiciones para concluir un acuerdo aún no existen", tras mantener hoy por la tarde una conversación telefónica durante una hora y media. Trataban de resolver la última fase de la negociación de un tratado que defina legalmente la relación futura de la Unión Europea y Reino Unido a partir del 1 de enero.
En un breve comunicado posterior, señalan que las condiciones no existen porque "se mantienen diferencias significativas sobre tres asuntos críticos: competencia justa, gobernación (del acuerdo) y pesca". Piden finalmente a los jefes negociadores que preparen "una perspectiva general de las diferencias que persisten para debatirlas en una reunión en persona, en Bruselas, los próximos días".
Los dos líderes repiten con algunas variaciones su proceder del pasado sábado. Tras mantener también intercambios telefónicos, concluyeron que persistían las divergencias y convocaron a sus negociadores, encabezados por Michel Barnier y David Frost, para reanudar el domingo unas negociaciones que parecían de nuevo bloqueadas el viernes.
Por su parte, el ministro Michael Gove, coordinador de la estrategia y de los preparativos del 'posbrexit' en el Gabinete británico, viajó también a Bruselas para reunirse con el vicepresidente de la Comisión, Maros Sefcovic. La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, mantuvieron una videoconferencia.
La actividad es indudable y el Consejo Europeo apremia porque se reúne este jueves. Pero la percepción es de bloqueo. La libra descendió un 1% con respecto al euro cuando se publicó que Barnier ha advertido a los embajadores de los estados miembros, en una reunión privada, que él es "realista" sobre la probabilidad de un acuerdo, porque existen aún notables diferencias.
Analistas de las negociaciones afirman, basándose en teoría de juegos, que el estancamiento -comenzaron en marzo y se han mantenido sin interrupción desde el 22 de octubre- no puede resolverse porque no hay un participante o interés externo que cambie la dinámica. Si Barnier y Frost no avanzan, si tampoco lo hacen Johnson y Von der Leyen, ¿podrá resolverlo el ya dividido Consejo Europeo esta semana? Tres divergencias Los temas de división son los mismos. De las informaciones que se filtran a la prensa, la novedad sobre la pesca en el 'Financial Times' es que la delegación británica habría afirmado en los últimos días que los barcos con bandera británica que son propiedad de empresas no británicas -las españolas son numerosas- dejarían de ser británicas a efectos del reparto de cuota. Se mencionan también ideas sobre fases de transición o repartos de pesca inaceptables para las dos partes.
La divergencia sobre los criterios de competencia justa se basa en la afirmación por la UE de que el futuro Reino Unido no puede tener acceso al mercado común sin cuotas ni aranceles y al mismo tiempo reclamar la soberanía para decidir su régimen de subsidios o de normas medioambientales y laborales. La UE se protege de la sexta economía del mundo por PIB en su vecindario. Los 'brexiters' no replican con economía sino con política. Quieren la absoluta soberanía sobre sus leyes.
La gobernación del acuerdo siempre iba a ser un problema, por la negativa de Reino Unido a aceptar cualquier papel del Tribunal de Justicia de la Unión Europea y la insistencia inicial de Bruselas en que esa corte fuese la referencia. Pero los negociadores comunitarios habrían abandonado ese criterio. Y Londres ha decidido entonces erosionar su reputación, desafiando la autoridad de cualquier tribunal con cambios unilaterales del Acuerdo de Retirada.
La Unión Europea tuvo un superávit comercial con Reino Unido de 87.300 millones en 2019. Los euroescépticos británicos han confiado siempre en que los fabricantes alemanes de vehículos y las bodegas y queserías europeas presionarían a sus gobiernos para evitar el daño de un 'brexit' sin acuerdo ante la firmeza de Londres. Pero los fabricantes británicos de coches, los financieros de la City o el sector turístico no han movido a Johnson a ceder en sus posiciones para evitar su daño.