La coalición alemana derriba al jefe de inteligencia por su perfil xenófobo


Publicado el 19/09/2018 a las 08:49
La pérdida de confianza en su persona le costó finalmente el puesto. La gran coalición que gobierna Alemania y dirige la canciller federal, Angela Merkel, anunció este martes el cese de Hans Georg Maassen, jefe del Órgano Federal para la Defensa de la Constitución (BfV) y con ello máximo responsable del contraespionaje y la lucha antiterrorista germanos. La destitución de Maassen se decidió en un encuentro que reunió en la Cancillería Federal a Merkel como presidenta de la Unión Cristianodemócrata (CDU), al líder de los socialcristianos bávaros (CSU) y titular de Interior, Horst Seehofer, y a la presidenta del Partido Socialdemócrata (SPD), Andrea Nahles, como máximos dirigentes de la GroKo, la Grosse Koalition que gobierna el país. Pero el ya expresidente del contraespionaje no irá al paro y asumirá una secretaría de Estado en el Ministerio de Interior a las órdenes directas de Seehofer.
La caída de Maassen estaba cantada desde que la semana pasada los socialdemócratas (SPD), socios menores de la GroKo, reclamaron su cabeza como condición para la continuidad de la alianza de gobierno, por considerar que no era el mejor garante de la democracia por su falta de energía a la hora de parar los pies a la extrema derecha. El presidente del BfV había minimizado los brotes de violencia xenófoba en Chemnitz tras la muerte de un ciudadano germanocubano en una reyerta con refugiados de Irak y Afganistán, puesto en duda la autenticidad de un vídeo en el que se aprecia cómo elementos neonazis acosan a un extranjero presuntamente en esa ciudad.
Maassen había caído también en desgracia tras conocerse que se había entrevistado varias veces de manera reservada con dirigentes de la populista Alternativa para Alemania (AfD), una formación que coquetea con neonazis y ultranacionalistas. Al parecer, cinco semanas antes de la publicación del informe anual de su organismo para 2017, el polémico alto funcionario permitió a miembros de la cúpula de AfD acceder a partes del documento. El jefe del BfV no convenció además a los miembros de las dos comisiones parlamentarias ante las que tuvo que declarar para explicar su análisis de los sucesos de Chemnitz.
La oposición liberal, verde y de La Izquierda reclamó su cese con el argumento de que era imposible seguir confiando en su labor. Pero Maassen se hizo al final insostenible también para la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Angela Merkel, aunque conservó hasta el último momento la protección del líder bávaro, que finalmente le ofreció un puesto mejor pagado en su ministerio.
La defensa de Maassen por Seehofer ha vuelto a conducir a la gran coalición al borde de la ruptura y de nuevo por una cabezonería del presidente de la CSU, que desde la constitución de la nueva GroKo el pasado abril parece empeñado en tentar el aguante de sus socios. Poco antes del verano, la alianza gubernamental estuvo a punto de reventar ante las exigencias del dirigente bávaro en materia de política de refugiados. El ministro de Interior amenazó entonces incluso con dimitir. En esta ocasión puede decirse que no cedieron ni Merkel ni Nahles, si bien Seehofer ha podido salvar la cara acogiendo a su protegido en su propio ministerio. Para muchos analistas, el bávaro se vuelve incómodo y belicoso según se acercan los comicios legislativos en su poderoso Estado del sur.
Todos los sondeos indican que los socialcristianos, amos y señores en Baviera desde la Segunda Guerra Mundial, perderán su mayoría absoluta en la Cámara regional el 14 de octubre. Las encuestas más recientes indican que la CSU podría bajar hasta un 35% de los votos y ceder un importante porcentaje a los populistas de AfD.
Fue la gota que colmó la paciencia de los socialdemócratas, socios imprescindibles para que Angela Merkel siga al frente del Gobierno. Su castigo, una patada hacia arriba que le coloca ahora en una secretaría de Estado, parece leve para un hombre al que siempre se le ha achacado ser “ciego del ojo derecho” con respecto a las actuaciones de grupos neonazis y, en cambio, extremadamente puntilloso con los foráneos.
Esas voces han recordado ahora el caso de Murat Kurnaz, un turco con permiso de residencia en Alemania preso en la prisión de Guantánamo. Aunque se descartó cualquier sospecha sobre su vinculación con el terrorismo, un informe de Maassen cerró las puertas a su regreso a territorio germano y le obligó a permanecer tres años más vestido con el buzo naranja que caracteriza a los reclusos del centro de detención ubicado en Cuba. El ayer destituido adujo que su permiso había caducado por no haberse presentado en más de seis meses en un consulado. La Justicia rechazó la teoría de Maassen, al que también se vincula a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), a cuya cúpula al parecer asesoró para eludir controles oficiales.