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México

Los testimonios de dos navarros en el terremoto de México

La periodista Lourdes Zabalza, nacida en Pamplona hace 55 años y residente en México desde los ocho, vivió minutos de angustia en la capital azteca. También cuenta su experiencia Miguel Ángel Alonso Rubio, director de Acciona Energía en México

Los navarros en México: Lourdes Zabalza Gracia y Miguel Ángel Alonso.

Los navarros en México: Lourdes Zabalza Gracia y Miguel Ángel Alonso.

Actualizada 22/09/2017 a las 10:30
“Las grúas se zarandeaban a mi lado”



A las 13.19 horas del pasado martes Lourdes Zabalza Gracia (Pamplona, 1962) se encaminaba por el barrio de Polanco, uno de los más selectos de Ciudad de México, para llevar a cabo una serie de entrevistas. Periodista de profesión, en la actualidad ejerce de profesora de Literatura Virreinal en el Centro de Estudios de la Comunicación de El Pedregal y las entrevistas tenían como fin una biografía en la que trabaja.

“De pronto todo comenzó a temblar, vi cómo varias grúas cercanas se zarandeaban e incluso alguna plancha se desprendía de los edificios”. Su cabeza viajó rápidamente a 1985. Otro 19 de septiembre, pero 32 años antes, un potente terremoto devastó México DF.

Ella trabajaba entonces como periodista en la cadena Televisa y otra periodista, Lourdes Guerrero, se encontraba en antena en aquel momento. “Está temblando. Está temblando un poquitito pero no se asusten vamos a quedarnos... Le doy la hora. Siete de la mañana, dieci... ¡Ah, chihuahua!...” A los pocos segundos la emisión se cortó mientras derrumbaban las instalaciones.

Así que cuando la tierra volvió a temblar este martes, la navarra Lourdes Zabalza revivió los detalles de aquella pesadilla en la que varios compañeros de la cadena resultaron muertos y otros quedaron atrapados.

“Cuando todo empezó a moverse ayer -relataba por teléfono desde México- sólo quería calibrar si el terremoto iba a tener la magnitud de 1985. Afortunadamente pude comprobar que no, que la destrucción de aquel primero fue infinitamente mayor, aunque esta vez también se desplomaron edificios y hubo que lamentar muchas muertes, especialmente dramáticas en el caso de los niños de una escuela al sur de la ciudad”.

Pavor en las avenidas

Tras la fuerte sacudida, las entrevistas que tenía en mente Lourdes Zabalza quedaron suspendidas y decidió volver en coche a su casa, en la colonia Del Valle. Antes se comunicó con su familia para comprobar que todos se encontraban bien. “A mis hijos de 20 y 19 años les sorprendió el seísmo en nuestra vivienda, en una séptima planta. Ellos mismos me enviaron vídeos con el celular de cómo se caían los objetos y se movían los cuadros en la casa”.

Zabalza pudo comprobar en su viaje en coche el estado de confusión en el que se sumió la capital mexicana tras el terremoto. “Si para ese trayecto necesité en la ida unos cuarenta minutos, regresar a casa me supuso cuatro horas. No tenía apenas gasolina. Pasé por cinco gasolineras y en ninguna había luz. Hubo personas atrapadas durante horas esperando repostar. Yo decidí arriesgarme y seguir, con el miedo de quedarme parada en cualquier sitio”.

La avenida de La Reforma, la principal de la capital, era un escenario caótico. “Ambulancias, helicópteros, policía... me ofrecí a llevar a alguna persona hacia la zona a la que me dirigía”. Ya en casa, sin luz y sin gas, la familia decidió pasar la noche en otro domicilio que les ofrecieron.

Zabalza, autora del libro Años marinos, se despertó ayer con el impulso de ayudar a las víctimas a través de Cruz Roja y otras iniciativas puestas en marcha desde las redes. Relataba que un conocido suyo, también navarro, el arquitecto Leandro Pérez Cadarso, se halla involucrado en las tareas de rescate.

Este joven arquitecto ya vivió una experiencia amarga la pasada primavera, cuando fue detenido durante cuarenta días en un viaje a Estados Unidos. Todo, porque en 2011 había estado de vacaciones en Siria y Líbano junto a sus padres, su hermana y una tía.

“Dos horas antes habíamos realizado un simulacro”




Dos horas antes México había vivido el simulacro de un terremoto, como ocurre habitualmente los 19 de septiembre, por ser la fecha en la que hace 32 años se produjo el mayor temblor del país, con casi 10.000 muertos. Algo más de dos horas después sucedió de verdad. El navarro Miguel Ángel Alonso Rubio, director de Acciona Energía en México, a las 13.14 horas del pasado martes salió de las oficinas que la empresa tiene en Santa Fe. Se fue a la calle, como el resto de trabajadores y como los habitantes de la zona. “Yo estaba en la oficina. Empezó a moverse todo. Fue un temblor muy fuerte, se notaba que no era como otros. Evacuamos al personal rápidamente. Sonaron las sirenas de todos los edificios y la gente bajó a la calle, al centro de las avenidas, para protegernos”.

Así relata, al otro lado del teléfono, Alonso los primeros momentos vividos mientras la tierra empezaba a moverse bajo sus pies. Explica que las medidas de prevención en la ciudad están muy generalizadas porque la población está muy acostumbrada a los seísmos y que en su empresa hay un equipo de gestión de crisis, formado por el comité de dirección, recursos humanos y prevención de riesgos laborales, que trabaja “muy coordinado para atender situaciones como esta”. “Es normal que los edificios tengan estos equipos de prevención, porque es una ciudad muy concienciada con los seísmos”, añade.

Miguel Ángel Alonso, de Peralta (21-5-1966), es ingeniero industrial por la Universidad de Zaragoza y licenciado en derecho por la Universidad del Valle de México. Entró a trabajar en Acciona, empresa de energías renovables, en el año 2000 en Pamplona, en el departamento de construcción. En 2006 se desplazó a México como director técnico y en 2008 fue nombrado director general en ese país. En las oficinas centrales de Acciona en Santa Fe trabajan 240 personas y todo Acciona tiene repartidos en México 1.857 personas. El directivo explica que no ha habido que lamentar daños personales pero sí que algunos trabajadores han sufrido destrozos en sus viviendas y las han tenido que abandonar: “Desde la empresa hemos organizado sus reubicaciones”.

Los momentos que vivió Miguel Ángel Alonso el martes fueron “estresantes”. “Ves cómo se mueven los edificios. Luego, cuando para el temblor, te quedas pendiente de seguir las instrucciones que recibes de los especialistas y protección civil”, apunta. Ayer no fue día de trabajo. Ni lo será hoy. “No sabemos cuándo vamos a volver a trabajar. Hay que pensar primero en la recuperación de la situación de las personas”, concluye.

Tafalla busca ayuda para Juchitán




Los amigos del tafallés Igor Berrio, desplazado con Acciona a Juchitán (Oaxaca), se han movilizado para conseguir ayuda económica para los damnificados por el seísmo que azotó la zona, con una magnitud de 8,2 grados, la pasada semana. Berrio, de 38 años de edad, relató entonces la destrucción que asoló a la ciudad mexicana en la que trabaja. El último seísmo se ha dejado sentir también allí y sorprendió al tafallés en lo alto de un aerogenerador. La ayuda financiera se destinará a comprar material para que un grupo de médicos voluntarios que está atendiendo a los heridos en la zona puedan adquirir antiinflamatorios y otros medicamentos. Se han habilitado huchas en Tafalla en Pastelería la Gloria (Plaza de Navarra); Comercial Olcoz (Placeta de las Pulgas); Supermercado Katy y Grego (Av. Baja Navarra) y Farmacia Arrondo (San Isidro).

 

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