El ciclo de la inestabilidad de personal

Isabel Serrano Urra, Mounir Diouri Nair, Susana Lebrero Ojer, Arantza Aparicio Chana y Davinia Rivero Acosta

Publicado el 26/10/2026 a las 07:17

Nuevamente sufrimos un proceso de movilidad de personal y nuestra zona básica de salud contempla la marcha de casi la mitad de los facultativos de medicina que apenas un año atrás se incorporaban a su pretendida “plaza”. Lo padecemos porque siempre se van, pero prácticamente nunca vienen. Hecho, por una parte comprensible y lógico, si asumimos unas jornadas más prolongadas para cubrir la atención continuada y ni el desplazamiento ni el gasto que este supone en tiempo y desembolso se ven paliados de ninguna manera más allá del compromiso individual. 

Comprensible también porque la propia inestabilidad de personal retroalimenta la narrativa acerca de la situación que se vive en la zona, lo que aleja aún más el posible atractivo de desarrollar el desempeño profesional en la misma. Se puede pensar que la solución pasa mediante la convocatoria de un concurso-oposición, pero la realidad es que en la última 3 de 4 plazas se han quedado descubiertas al renunciar a ellas. La aparente buena noticia es que, en una segunda vuelta, han cogido esas plazas de cupo de adultos, pero… ¿Cuánto tardarán en irse las nuevas compañeras que están por llegar? ¿Se implementarán medidas serias y eficaces que traten de paliar la eterna huida de profesionales? ¿Condenamos a la población rural a una inestabilidad de acceso a la atención sanitaria cuando la evidencia de las ventajas de una atención longitudinal es actualmente indiscutible? 

Añadir la situación de pediatría (que abarca los niños y niñas de 4 pueblos): una vez más dos plazas de pediatría sin cubrir, lo que redunda en una mayor actividad de urgencia por las tardes y noches, así como una evidente sobrecarga para el estamento de enfermería durante el día. Quizás es momento de replantearse el modelo de contratación, de recursos humanos y movilidad, por su excesivo normativismo estructural de “café para todos”, cuando las diferencias organizacionales e idiosincrásicas de cada zona son más que evidentes, generando y perpetuando una eterna situación de inequidad geográfica y de disposición de recursos que no puede mejorar más que de la mano del azar. Porque hablar de una apuesta política o institucional voluntaria, que se pasan la responsabilidad alegando la rigidez del otro, pero no la propia, remite únicamente a las tímidas propuestas de medidas aprobadas para el reconocimiento de los puestos y zonas de “difícil cobertura” sugeridas por el Ministerio de Sanidad en 2023. Categoría que parece querer evitarse de cualquier manera, inclusive mediante la incorporación de compañeros sin título de especialista, lo que no deja de infringir el marco legal y ser un serio problema de seguridad para las personas usuarias, desinformadas de la situación. 

Para colmo, en breves semanas nos veremos con la reposición brusca y repentina, a modo de amputación, de la práctica totalidad del personal administrativo de la zona básica -cuando sabemos que esta figura supone una pieza clave de cara al vínculo con la comunidad atendida-. Quizás una simple gestión del cambio con una incorporación más escalonada o solapada paliaría en parte el posible perjuicio. En un sistema que dice ser público, donde es comprensible la existencia de un mínimo de normas que rijan su funcionamiento, ¿nos hemos preocupado de pedir opinión al público (véase los pacientes)? En ocasiones, en encuentros a nivel local con responsables de la administración, se nos ha aplaudido casi la valentía o motivación por trabajar en una zona condenada a la inestabilidad de personal, aludiendo a una supuesta vocación personal como si ello paliase o excusase su responsabilidad en asegurar y garantizar una cobertura lo suficientemente digna y estable para cubrir las posibles necesidades en salud de la población, que pasa en parte por cuidar al personal sanitario que vela por ellas. 

Quizás sea el momento de apostar por nuevos modelos organizativos y de gestión de personal, dando a cada cual lo que realmente necesita, haciendo individualmente atractivo lo socialmente conveniente, porque de lo contrario difícilmente vislumbraremos un nuevo paisaje, más justo, equitativo y seguro para nuestra población, si volvemos a pasar una y otra vez por el mismo camino, tan erosionado que ya ni se sostiene.

Isabel Serrano Urra, Mounir Diouri Nair, Susana Lebrero Ojer, Arantza Aparicio Chana y Davinia Rivero Acosta, en representación de los casi 50 sanitarios de la zona básica de Peralta

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