La pirámide invertida
Publicado el 01/10/2026 a las 07:20
Observando profunda y serenamente la deriva vital de mi progenitor, y analizando estos siete largos días desde su ingreso por accidente cardiovascular, mi gratitud hacia el equipo sanitario es tan notorio e intenso, que me obliga a compartir mis sentimientos; todo ello desde su lecho vital, esperando un desenlace que la naturaleza nos tiene asignado a todos seres humanos. Sin esperar a ese fatídico momento, expreso mi profundo agradecimiento hacia el colectivo que tiene y es, de una “pasta especial”.
Cuando mi padre ingresó, nadie preguntó su tramo de IRPF, ni si profesaba religión o ideología, ni como se apellidaba, … era un enfermo más.
Desde el primer minuto, la “cadena sanitaria” se pone en marcha con una única misión: hacer todo lo posible para sanar al nuevo enfermo.
Estoy viviendo como las y los profesionales que están “en el campo de batalla”, complementan, el celo del trabajo con sonrisas, gestos cariñosos y siempre compartiendo; personal de limpieza, celadores, auxiliares, enfermeras, y los 3-5 minutos que el médico dedica a ver al enfermo y a hablar con la familia en el pasillo. Así todos los días.
No imagino médicos sin enfermeras que les dicen los nombres de los pacientes antes de entrar a visitarlos; tampoco enfermeras sin el apoyo del equipo auxiliar; ni a todos ellos sin celadores que dan confort e higiene al enfermo, y siempre sobre un espacio limpio y confortable. Todo funciona si el equipo existe y tiene sentido de pertenencia.
Como sociedad, debemos defender este activo que tenemos; a todos nos tocará en algún momento demandar servicios del colectivo sanitario y para ser agraciados como lo es en este momento mi padre, debemos poner todos de nuestra parte: los sanitarios que hagan su trabajo e incluso sus reivindicaciones, siempre colectivamente, sin dividirse, y nosotros, “los candidatos”, que seamos agradecidos en todo cuanto podamos.
Hago público el agradecimiento a toda la “cadena sanitaria” que está volcada y entregada en estos difíciles momentos; de manera individual a cada profesional, empezando por los técnicos sanitarios, siguiendo por auxiliares y personal de enfermería y terminando por el médico.
Desde la calle vemos la “cadena sanitaria” de manera jerárquica, pero en la habitación junto a mi padre, vivo la “cadena” de manera invertida; de los aproximadamente 50 profesionales que he conocido estos días, quiero decir gracias de manera igual y equitativa a cada uno de ellos: 50 personas, 50 gracias.
Sin nombres ni detalles, gracias a todas y todos. Lección vital.