España humillada, Navarra a la deriva

Alfonso Juan Orlando Machimbarrena

Publicado el 04/09/2026 a las 07:21

Lo ocurrido en la antigua ciudad fenicia de Abyla -la actual Ceuta- ha sido la gota que ha colmado el vaso para un Gobierno presidido por el impasible Pedro Sánchez, autoproclamado hombre de hierro. Mientras los ciudadanos de la península tingitana viven -y siguen viviendo- una auténtica pesadilla de terror y psicosis, con el comercio y el turismo estancados y, en definitiva, abandonados a su suerte, el presidente se hallaba escoltado por medio ejército, buceando en las aguas cristalinas de la maravillosa isla de Lanzarote. ¡Olé, qué bonito! Sus vasallos se pasaban la pelota de unos a otros, sin orden ni fundamento: un auténtico despropósito y, como viene siendo habitual, la casa sin barrer. Pero aquí no pasa nada; “ya estamos volviendo a la normalidad”, afirmaba hace casi un mes el hombre fuerte del presidente, el señor de los datos, el irremplazable señor Marlaska. Lo grave no es que lo digan; es que parezcan creérselo.

En definitiva, un esperpento de legislatura donde la corrupción, el desgobierno, la falta de diplomacia exterior y la humillación a la que nos somete el rey de Marruecos son de juzgado de guardia. Somos el hazmerreír del viejo continente, sin contar los chantajes continuos a que nos someten los partidos independentistas, que nos desmembran a placer mientras la Moncloa aplaude en lugar de gobernar. Y para no ser menos, y poder presumir de comunidad solidaria y garantista con el derecho internacional y los derechos humanos y… bla, bla, bla con la inmigración ilegal, la señora Chivite asoma la cabeza, se brinda y abre los brazos para acoger en la rebosante de recursos Comunidad foral a cuantos asaltantes de la valla de Ceuta sean necesarios. Resulta alucinante: no llego a entender si se trata de una doctrina a la que están obligados a seguir, o si es tal su ansia de poder que les da exactamente igual que la sanidad, la industria, la delincuencia, la presión fiscal y la cesta de la compra se encuentren en el peor momento de la historia de nuestra querida Navarra. Porque no se engañe nadie: quienes pagan las consecuencias de esa generosidad de boquilla no son los que la firman desde un despacho, sino el navarro de a pie, el que se levanta cada mañana para tirar adelante una casa, una familia y un negocio en una comunidad cada vez más asfixiada. Para concluir: este Gobierno puede buscarse mil excusas -el fango, la ultraderecha, los jueces, las redes, el Rey, las migraciones humanas por motivos de necesidad o lo que quieran-, pero lo que está clarísimo y resulta evidente es que ellos no pisan la calle. No saben lo que sufre el ciudadano de pie para subsistir, ni lo que es vivir con terror en tu ciudad, ni cómo está la sanidad, ni cómo se encuentran los sanitarios y los pacientes. Viven en su burbuja y, en realidad, no les importa un bledo cómo están los demás: si sufren, si padecen, en la situación en que se encuentran. Ni más ni menos. Es triste decirlo, pero así son las cosas. Y mientras tanto, Navarra, como España, sigue a la deriva.

Alfonso Juan Orlando Machimbarrena

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