Discapacidad: el precio de ser diferente ante una sociedad que habla de inclusión

Anne Etxeberría Landa

Publicado el 20/08/2026 a las 07:24

Me veo en la obligación de escribir este artículo, con el único objetivo de concienciar a la sociedad y que pueda servir de referente y punto de reflexión para quienes lo lean. Me hace gracia ver cómo las personas cuando hablan de discapacidad y de colectivos vulnerables, se apresuran a colocarse la medalla de “salvadores” ante la sociedad, proyectando una imagen de compromiso y solidaridad que, en muchas ocasiones, dista mucho de la realidad.

Actualmente en la Comunidad Foral de Navarra, existen 17 centros especiales de empleo para personas con discapacidad. Dentro de ese grupo de personas, 21.000 están en edad de trabajar (16-64) años. Dentro de este colectivo, aproximadamente el 60% se encuentra sin trabajar. Lo que representa una cifra de 12.500 personas desempleadas o inactivas.

Federaciones del sector en la región como Cocemfe, alertan una brecha laboral. Donde solo 4 de cada 10 personas consiguen tener un empleo. Es por ello que nos tendríamos que plantear las siguientes preguntas: ¿Realmente se hace todo lo posible por defender los derechos de las personas con discapacidad? ¿Verdaderamente se les da las oportunidades necesarias para que puedan hacer una vida igual al resto de la sociedad?

Si realmente se hiciera todo lo posible, a día de hoy Navarra no presentaría unas cifras de desempleo tan elevadas. Es vergonzoso saber que se ha presenciado casos de abuso laboral y explotación al trabajador en nuestra comunidad, hacia estas personas. Y nos preguntamos: ¿Cuántos casos de abuso laboral, acoso o vulneración de derechos de las personas con discapacidad permanecen ocultos o nunca llegan a los tribunales?. Porque los casos que sí conocemos deberían ser suficientes para preguntarnos si los mecanismos de protección y control están funcionando realmente.

Tenemos que ser conscientes que las buenas palabras, las campañas de concienciación y las declaraciones de compromiso pierden todo su valor y no sirven de nada si luego somos capaces de mirar con inferioridad a una persona de este colectivo solo por no tener estudios o tener un trabajo ordinario. Cuando ya se parte de una situación de desventaja por no haber podido adquirir la formación académica necesaria, ya sea por circunstancias de salud o por cualquier otra razón, acceder a determinadas oportunidades laborales se vuelve mucho más difícil.

A esta realidad se suma un prejuicio que todavía persiste en nuestra sociedad: la tendencia a infravalorar las capacidades de las personas con discapacidad, llegando incluso a tratarlas, en ocasiones, como si fueran seres inferiores. Esta mirada capacitista añade una barrera más a las que ya deben afrontar. Queremos un gobierno justo, o por lo menos libre de injusticias. Pero luego se nos hace extremadamente complicado, tratar a una persona con discapacidad igual que el resto. Porque para ojos de la sociedad, esa persona es defectuosa.

Pero lo que la sociedad no llega a percibir, es que todo el mundo puede ser defectuoso en cualquier momento de la vida. Y en cualquier momento, se puede tener una discapacidad. La diferencia está en las personas que nacen con ella y quienes la adquieren después.

Por todo esto he querido escribir este artículo: para plasmar mi visión sobre las adversidades a las que todavía tienen que enfrentarse muchas personas con discapacidad y poner sobre la mesa una realidad que, en demasiadas ocasiones, permanece invisible.

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