No están contados
Publicado el 16/08/2026 a las 08:52
Nos estábamos despidiendo en la cámara de oficiales del “Manuel Cortés”, el buque mercante en el que navegaba entonces, allá por el año 1988, al término de la visita de las autoridades de aduanas y portuarias de Dakar, cuando aquel hombre corpulento, aduanero africano de alma muy negra, me dijo con relación a los posibles polizones que pudiéramos encontrar a bordo «Por ellos no te preocupes, no están contados». Desde entonces, aquellas palabras quedaron grabadas en mi memoria como la realidad esencial que diferencia a los ciudadanos de los países que no pertenecen al llamado “primer mundo”, de los afortunados, como nosotros, cuya vida tiene algún valor.
El recuerdo vuelve a mi mente estos días ante el balance del último “asalto migratorio” de Ceuta. El baile de cifras relativas a muertes lo justifica: 82 muertos, según la versión oficial española, 16, según la marroquí, y 141 fallecidos, según las ONG que operan en Marruecos. Es decir, unas 100 almas se han perdido en las aguas del Mediterráneo, entre playa y playa, de manera absurda, terriblemente injusta y predecible. No, no están contados, o, al menos, a nadie le importa contarlos como es debido. En cualquier caso ¿cuál es el valor de estas 100 vidas? ¿Cómo hubiera sido tratado el caso si estos fallecidos hubieran tenido pasaportes norteamericanos, japoneses, alemanes, noruegos o ingleses? En ese supuesto, no hace falta mucha imaginación para suponer el revuelo internacional que un hecho de esta naturaleza hubiera desencadenado en el bloque occidental; la meticulosa identificación forense de los cuerpos recuperados y albergados en un espacio adecuado y custodiado, el levantamiento de actas judiciales, etcétera. Pero no, no es el caso, estos no están contados.
Se trata de un caso de responsabilidad compartida entre los gobiernos de Marruecos y de España que, de manera tácita o expresamente pactada, se declaran en sintonía. No, ya no se trata de Palestina, la catástrofe humanitaria la tenemos en casa.
Entre tanto, con objeto de evitar las violaciones que se han comenzado a producir entre los jóvenes marroquíes, se estudia la necesidad de separar los menores de diferentes sexos (unos 1400, en versión oficial) que se encuentran ahora en situación precaria en Ceuta. Esto centra la atención mediática mientras que muchos de los fallecidos ni siquiera son identificados y, todos ellos, caen en el olvido.
El enorme interés declarado por nuestro gobierno y diversos partidos políticos españoles con relación al conflicto entre Israel y Palestina, siendo estos terceros países, no se da en el caso de la muerte de este centenar de inmigrantes, tratándose ahora de una responsabilidad directa de nuestro país y del Gobierno Marroquí con el que, según parece, mantenemos una relaciones muy cordiales a pesar de los muchos aspectos críticos que afectan a la monarquía del país norteafricano.
En consonancia, las cifras oficiales sobre el balance resultante de la avalancha marroquí sobre Ceuta, es decir, sobre España, siguen sin estar claras y nos enfrentan a una aritmética difícil de comprender: entraron unos 80.000, salieron unos 52.000, pero quedan en Ceuta entre 8.000 y 11.000 asaltantes. En definitiva, tampoco estos están contados o no están bien contados.