Por una Media Luna con vistas
Publicado el 15/08/2026 a las 08:16
En estas olas de calor que estamos sufriendo en este largo y cálido verano, algunos añoramos la gran oportunidad que tuvo Pamplona de convertirse en puerto de mar si, en el siglo XIX, nuestros antepasados hubieran elegido concejal del ayuntamiento a Petit, el cazaperros municipal que, según José María Iribarren “era gordo como un tocino, bajete, de bigotes y pelo rojo y de un andar farruco y braceante”.
Porque el candidato Petit, como programa electoral, dirigió a los pamploneses un Manifiesto en el que les prometía que si le hacían edil iba a convertir a Pamplona en puerto de mar, abriendo un gran canal desde el Cantábrico e inundando toda la cuenca del río Arga próxima a la ciudad. Él lo explicaba de una manera muy sencilla: “¿Veis este hondón debajo del monte San Cristóbal? Pues bien, desde detrás de la peña de Garrués, abres un canal hasta San Sebastián y ¡ya tienes el mar en Pamplona!”. La gente no se lo tomó muy en serio y, por el contrario, le tomó mucho el pelo y no le eligió concejal, con lo que nos quedamos como estábamos y sin esa bahía que hubiese sido tan hermosa o más que la de La Concha donostiarra.
Años después de que el genial proyecto de Petit fracasara, nuestro Ayuntamiento, como cuenta José Joaquín Arazuri, allá por el año 1935, acordó construir sobre la Ripa Beloso un muro de contención sobre el que se alineó el actual paseo de cemento protegido por la barandilla que recorre el borde de la escarpa, desde la Cuesta de Beloso hasta el baluarte de san Bartolomé. Y, durante muchos años, cuando uno pasaba por el parque de la Media Luna y llegaba a esa barandilla, es cierto, no se encontraba con el mar de Petit, pero podía contemplar a sus pies el río Arga, con las piraguas que surcan sus aguas, las huertas de la Magdalena, los caballos de Goñi, el Club Natación, el crecimiento de los barrios de Pamplona, de Burlada, Villava, Ansoain, Artica, etc., al tiempo que veía San Cristóbal y demás montes y toda la Cuenca comprendida entre las carreteras de Irún y de San Sebastián. Pero, poco a poco, y de manera imperceptible esa visión se fue recortando cada vez más porque la vegetación, salvaje e incontrolada, fue creciendo en ese muro de contención haciendo cada vez más difícil ver el horizonte.
Por eso, para volver a la situación anterior, sería bueno que el Servicio de Jardines de nuestro Ayuntamiento realizase una actuación para desbrozar maleza y talar o apear todos esos árboles y arbustos que allí han ido emergiendo de manera anárquica para que, como en la canción que hizo famosa The Refrescos, Aquí no hay playa, vaya, vaya, al menos desde la barandilla de la Media Luna podamos volver a disfrutar de esa bonita panorámica que nos depara la Cuenca del Arga.