Navarra, recuperar el pulso industrial

Santiago Pangua Cerrillo

Publicado el 14/06/2026 a las 08:15

Navarra ha sido durante décadas una de las regiones industriales más dinámicas de España. Sin embargo, los datos recientes muestran señales que merecen atención. Aunque la industria sigue siendo uno de los pilares fundamentales de nuestra economía, su peso en el PIB ha descendido por primera vez en muchos años por debajo del 27%, un hecho que invita a la reflexión. No se trata de caer en el pesimismo ni de anunciar un declive inevitable. Al contrario. Precisamente en momentos de incertidumbre es cuando resulta más necesario analizar con serenidad qué factores explican la situación y qué medidas pueden contribuir a fortalecer nuestro tejido productivo. En este sentido, resulta interesante realizar una reflexión con “el espíritu de la esperanza”. Su planteamiento parte de una idea sencilla pero poderosa: la esperanza no consiste en esperar que los problemas desaparezcan por sí solos, sino en actuar para construir soluciones.

Navarra puede encontrar en esta filosofía algunas enseñanzas útiles. Apostar por la competitividad antes que por la resignación. La industria navarra se enfrenta a desafíos similares a los que viven muchas regiones europeas: aumento de costes laborales y energéticos, absentismo, competencia internacional creciente, dificultades para encontrar talento especializado y aceleración tecnológica impulsada por la inteligencia artificial.

La respuesta no puede ser la inmovilidad. Es necesario reforzar la inversión en innovación, digitalización, automatización y desarrollo tecnológico para que nuestras empresas mantengan posiciones de liderazgo en sectores como la automoción, las energías renovables, la agroalimentación o la ingeniería avanzada. La formación como inversión estratégica. Uno de los aspectos más interesantes del modelo “construir esperanza” es la importancia concedida a la formación continua. En una economía donde el conocimiento se convierte en la principal fuente de valor, invertir en capacitación profesional ya no es una opción, sino una necesidad. Navarra dispone de universidades, centros tecnológicos y una sólida formación profesional. El reto consiste en profundizar la conexión entre el sistema educativo y las necesidades reales de las empresas, facilitando la actualización permanente de competencias. Inteligencia artificial y digitalización. La revolución tecnológica ya está aquí. La inteligencia artificial transformará procesos industriales, logística, diseño, mantenimiento, comercialización y gestión empresarial. Las empresas navarras no deben limitarse a observar este fenómeno desde la distancia. Deben convertirse en protagonistas de esta transformación, incorporando herramientas que aumenten la productividad y permitan generar nuevos productos y servicios de mayor valor añadido.Una administración que im pulse la economía real. La política económica también tiene una responsabilidad importante. La prioridad de las administraciones públicas debería centrarse en crear un entorno favorable para la actividad productiva, facilitando la inversión empresarial, reduciendo trabas burocráticas innecesarias y apoyando proyectos que generen empleo estable y riqueza sostenible. Para la construcción de “esperanza”, resulta razonable abrir un debate sobre las prioridades del gasto público. La prosperidad futura de Navarra no dependerá principalmente de la construcción de nuevos edificios administrativos o infraestructuras cuya utilidad económica pueda ser limitada, sino de la capacidad para fortalecer la base productiva, impulsar la innovación, apoyar el emprendimiento y mejorar la competitividad de las empresas. Cada euro público debería evaluarse en función de su capacidad para generar desarrollo económico sostenible, empleo de calidad y oportunidades para las próximas generaciones.

Esperanza activa para el futuro. La lección principal que puede extraerse de la experiencia de algunas empresas europeas es que los periodos de dificultad también pueden convertirse en oportunidades de transformación. Navarra dispone de talento, conocimiento, tradición industrial, capacidad exportadora y una posición privilegiada dentro de España y Europa. Sin embargo, mantener ese liderazgo exigirá decisiones valientes y una visión de largo plazo. La esperanza económica no consiste en confiar en que las circunstancias mejoren por sí solas. Consiste en invertir en personas, en innovación, en tecnología y en productividad. Consiste en gestionar con rigor los recursos públicos y privados. Consiste en preparar hoy la economía que necesitaremos dentro de diez años. Si Navarra apuesta por esa esperanza activa, basada en el trabajo, la formación y la competitividad, podrá afrontar con éxito los desafíos actuales y seguir siendo una referencia industrial y económica en Europa.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora