In memoriam

Alain Valverde González, policía foral jubilado

Publicado el 08/06/2026 a las 07:22

El tiempo todo lo cura. El tiempo puede nublar o empañar el recuerdo; puede minimizar el dolor, diluir sentimientos en la rutina diaria. Pero nunca podrá cambiar lo que fuimos. Y ahí reside la fortaleza del ser humano, ser… plena y conscientemente. Y ellos fueron… hijos, padres, esposos, policías y ante todo servidores públicos. Pero no de manera indefinida o manida; fueron fieles a principios y valores. Lealtad, valentía y honor. Fieles a una entrega sin recompensa, servir con mayúsculas y sin otra contrapartida que el cumplido deber.

Suena añejo, en una sociedad donde lo importante es parecer. Ser no es común. Y ellos, los cinco, fueron policías; porque lo importante no es el apellido, lo sustancial es el nombre. Y lo fueron siendo artífices, o herederos en su caso, de una vieja y añeja historia. Historia que se remonta a 25 años atrás, en una Navarra cautiva por el terrorismo y sus adláteres, donde ser POLICÍA era un estigma, una condena y un riesgo. En ese entorno social nace la antigua Unidad Móvil de Intervención (posteriormente la Brigada Central de Intervención), en la que un puñado de POLICÍAS aunaron esfuerzos para aportar un grano de arena en la recuperación de nuestras calles para toda la sociedad navarra. Un ser humano no nace policía, sin embargo, sí trae a este mundo valores y principios innatos y propios.

Tuvimos la gran fortuna de juntar esos valores formando un pequeño grupo, dándole una razón para el riesgo y la ingratitud. Multum in parvo fue el lema de la UMI… mucho en poco. Y la razón, que cada día nos guiaba, no era otra que ser consecuentes con nuestra obligación para con la sociedad navarra. Honrar el uniforme y no permitir que NADIE lo vejase o manchase. Porque ese uniforme era la piel de nuestra sociedad e historia. Esos mimbres forjaron la vida profesional de nuestros cinco hermanos, fueron la herencia que recogieron con orgullo y lealtad. Con una máxima que cada día les recordaba, antes y después de cualquier intervención: lo importante es volver a casa con nuestros seres queridos.

Hoy, con el alma rota, recordamos cada vivencia junto a ellos. Hoy no hay consuelo que nos mitigue ese sordo dolor… Pero nunca se borrará lo que fueron, lo que fuimos, y para mí que no soy nadie, fueron mis hombres, mis hermanos y las grandes personas que compartieron malos y buenos momentos con un sacrificio y entrega que los convirtieron en COMPAÑEROS DE ARMAS Y DE VIDA.

En su honor, por su valor, este pequeño homenaje.

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