¿Podemos elegir todos ‘la libertad de elección’ escolar?

José María Puyol Ruiz

Publicado el 20/05/2026 a las 07:14

No. Y no es una opinión: es un hecho estructural. La “libertad de elección” solo funciona mientras una parte de la población elige… y todos sostenemos el sistema común. Si toda Navarra quisiera ejercer esa libertad en la red privadaconcertada, pasaría algo muy simple:

- No hay plazas suficientes.

- No hay financiación suficiente.

- No hay red suficiente.

- No hay capacidad para absorber toda la diversidad social.

La libertad de elección es, por diseño, selectiva. Funciona porque no todos la usan. Si todos la usaran, colapsaría.

En Navarra llevamos años escuchando el mismo cuento. Pero esta libertad tiene truco: es la única libertad del mundo que funciona así -unos eligen y todos pagan- y encima pretenden que aplaudamos.

Hablamos mucho de “libertad de elección”, pero casi nunca de quién la paga. Y ahí está el nudo. Porque cuando solo unos pocos pueden ejercer una libertad financiada por todos, deja de ser un derecho y se convierte en un privilegio con cargo al presupuesto público. Eso no es política educativa: es política de clase.

Mientras la caída demográfica obliga a cerrar unidades en la red pública -la única que garantiza acceso universal, proximidad y mezcla social-, la red concertada actúa como si la natalidad fuese un fenómeno meteorológico que solo afecta a los demás. Con cuotas, con filtros indirectos, con composiciones sociales muy distintas, exige mantener su oferta intacta. Y el Gobierno, sea cual sea, sigue pagando la factura sin preguntarse quién puede realmente elegir y quién no.

Esto no es neutral. Es una transferencia silenciosa de recursos desde lo común hacia lo particular. Es decirle a la escuela pública: “absorbe tú la complejidad, la diversidad, la ruralidad, la caída de matrículas… que ya nos encargamos de proteger la comodidad de quienes pueden elegir”.

Y luego lo llaman libertad. La teoría democrática contemporánea es clara: si una opción no es universalmente accesible, no puede ser universalmente financiada. No es ideología; es justicia distributiva. Lo común se sostiene entre todos. Lo particular, quien lo elige.

Navarra necesita asumirlo de una vez: la libertad educativa no puede ser la coartada para blindar privilegios con dinero público. Si elegir es un lujo, que lo pague quien lo disfruta. Y si no, dejemos de llamarlo libertad y empecemos a llamarlo por su nombre: subvención al privilegio.

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