Tudela, EvAU y el vértigo de decidir una vida con 18 años

Elia Vallejos Muñoz

Publicado el 19/05/2026 a las 07:16

Según los últimos estudios sobre salud mental juvenil en España, más de la mitad de los jóvenes reconoce sentir ansiedad cuando piensa en su futuro. Y no hace falta irse muy lejos para comprobarlo. Basta pasearse estos días por Tudela y la Ribera, por cualquier puerta de instituto donde huele a verano, nervios y apuntes subrayados. La EBAU ya está aquí. Y con ella, una pregunta enorme: “¿Qué vas a hacer con tu vida?” Así, sin anestesia. Con 17 o 18 años. Con más dudas que certezas.

En la última reunión de exalumnos de Jesuitas a la que acudí, hubo algo que me llamó especialmente la atención. Un compañero, de esos que en el colegio parecían tener la vida perfectamente resuelta, me confesó que llevaba años esperando el momento adecuado para cambiar de rumbo. Me sorprendió porque recuerdo que con 18 años tenía clarísimo qué quería estudiar, a qué quería dedicarse y cómo imaginaba su futuro.

Y, sin embargo, allí estaba, muchos años después, cuestionándose todo

-“Llevas años esperando ese tren. Pero ¿y si ya pasó varias veces y no subiste porque esperabas otro?”

La frase tiene algo incómodo. Porque nos retrata. Nos han enseñado a imaginar la vida como un camino perfectamente ordenado: estudiar, elegir carrera, acertar y aparentar estabilidad. Pero la realidad no funciona así. La vida no avisa. No manda un manual.

Y quizá el problema no sea que nuestros jóvenes no sepan qué quieren hacer con su vida. Quizá el problema es que nadie les ha enseñado qué hacer cuando la vida haga con ellos algo que no esperaban. Porque en los institutos se estudian matemáticas, historia o sintaxis. Y está bien. Claro que está bien. Pero luego llega la vida real y aparecen asignaturas para las que nadie te preparó:

Cómo gestionar una ruptura. Cómo afrontar la pérdida de alguien querido. Cómo detectar una relación tóxica. Cómo convivir con la frustración. Cómo no perderse intentando agradar a todo el mundo.

Vivimos además en una época extraña. Nuestros jóvenes consumen referentes a velocidad absurda. Un día escuchan hablar de esfuerzo y valores; al siguiente, ven cómo la irresponsabilidad emocional, la superficialidad o la falta de respeto se convierten en espectáculo y aplauso. A veces parece que educamos más para aparentar éxito que para sostener la vida cuando se cae.

Como decía Søren Kierkegaard: “La vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante.” En Tudela y la Ribera hay jóvenes brillantes, sensibles y trabajadores. Pero también agotados. Presionados. Sintiendo que, si no eligen bien ahora, arruinarán el resto de su vida. Y eso es una barbaridad.

Porque quizá el verdadero aprendizaje no sea acertar rápido, sino entender que cambiar de rumbo no es fracasar. Que hay trenes que no se parecen al que imaginábamos… y aun así llevan exactamente al lugar donde necesitábamos llegar. Y ahora sí, la pregunta incómoda:

Mientras miles de estudiantes de Tudela y la Ribera deciden estos días qué tren coger para su futuro… ¿no deberíamos preguntarnos primero si les hemos enseñado realmente a viajar?

Elia Vallejos Muñoz. Coach especializada en sesiones Grupales de Coaching

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