Reciclar, salvar el mundo y la coherencia personal
Publicado el 31/03/2026 a las 07:17
En relación con la carta de opinión publicada el pasado 29 de marzo, firmada por Laura Arribas Berendson, me gustaría aportar una reflexión que coincide en gran parte con su planteamiento, aunque creo que la conclusión debería ser distinta.He leído su texto con atención y no puedo evitar compartir buena parte de la preocupación que transmite. Resulta difícil no sentirse interpelado ante la imagen de un mundo en el que quienes toman decisiones a gran escala parecen actuar con una ligereza que contrasta con las exigencias que se imponen a la vida cotidiana de los ciudadanos. La guerra, la destrucción y la incoherencia de ciertas decisiones políticas son, sin duda, realidades que generan frustración y desasosiego. También comparto esa sensación de desproporción: se nos pide medir cada gesto -reciclar, separar residuos, reducir el consumo- mientras los grandes focos de impacto parecen quedar fuera de control o incluso ser alimentados por quienes tienen más capacidad de intervenir.
Sin embargo, creo que en el planteamiento se mezclan dos planos que no necesariamente deberían anularse entre sí: la responsabilidad de quienes toman decisiones globales y la conducta individual en la vida cotidiana. Que exista una evidente incoherencia en las decisiones políticas no convierte en irrelevantes las acciones individuales. Una cosa es denunciar la hipocresía de quienes tienen poder, y otra distinta renunciar a aquello que sí depende de nosotros.
Entiendo el cansancio, incluso la rebeldía que expresa. Pero, al menos en mi caso, no puedo llegar a la conclusión de que nuestras acciones cotidianas carecen de sentido. No por obedecer normas ni por aceptar una culpa impuesta, sino por una cuestión de criterio personal. Es verdad que el mundo no se salva por separar un envase o por usar menos plástico. Pero también es cierto que la coherencia de una persona se refleja en cómo actúa incluso cuando nadie mira, incluso cuando parece que no sirve de nada. Y en eso sí tenemos margen de decisión.
Si renunciamos a hacer lo que está en nuestra mano, aunque sea pequeño, corremos el riesgo de parecernos precisamente a aquello que criticamos: actuar sin asumir las consecuencias. No se trata de aceptar el relato de culpa que a veces se traslada al ciudadano, sino de no perder nuestra propia forma de actuar.
Podemos y debemos exigir responsabilidades a quienes gobiernan, alzar la voz contra la guerra, la destrucción y la incoherencia. Pero, al mismo tiempo, no deberíamos abandonar aquello que depende de nosotros. No por ellos, sino por nosotros mismos y por la idea de responsabilidad individual que creo deberíamos mantener. Quizá nuestras acciones sean pequeñas, pero nuestra forma de estar en este mundo no lo es.