Domingo de Ramos, palmas que se secan
Publicado el 29/03/2026 a las 08:17
El Domingo de Ramos tiene algo desconcertante. Es un día alegre, luminoso, casi festivo. Dice el refrán: ‘Domingo de Ramos, quien no estrena se queda sin pies y sin manos’. La gente sale a la calle con palmas en la mano, hay sonrisas, niños, fotos… y una sensación de victoria que parece anunciar que todo va bien. Sin embargo, la historia ya la conocemos. Ese mismo entusiasmo que hoy aclama, dentro de pocos días se habrá desvanecido. Las palmas que hoy se agitan con fuerza acabarán secándose en el balcón de casa (para que no caigan rayos, decían), olvidadas, como tantas otras cosas que en su momento parecieron importantes. Quizá por eso este día tiene tanto que enseñarnos.
Vivimos en una época en la que el aplauso dura lo que dura un tuit, un mensaje o una racha favorable. Hoy todo va bien: te felicitan, te reconocen, parece que has acertado. Y uno corre el riesgo de creérselo demasiado. Pero la vida, como el Domingo de Ramos, es cambiante. Los mismos que aplauden hoy pueden callar mañana. Y no pasa nada. Porque el verdadero valor de lo que hacemos no está en el ruido que genera, sino en la verdad que contiene. También en lo pequeño. En lo cotidiano. En aquello que no sale en la foto. Quizá la clave esté en saber recibir la palma… sin olvidar que se secará. En agradecer el aplauso… sin vivir pendiente de él. En caminar con alegría… pero con los pies en el suelo.
El Domingo de Ramos nos recuerda que el éxito es pasajero, y que la humildad -esa virtud tan poco vistosa que empieza por una letra que ni siquiera se pronuncia- es la que realmente sostiene una vida con sentido. Porque al final, lo importante no es cómo empieza la semana… sino cómo se vive.