La persistencia de la envidia igualitaria

Gerardo Castillo Ceballos

Publicado el 23/03/2026 a las 07:25

La envidia se suele representar gráficamente como una serpiente con la cola enroscada. Esa imagen dice más que todas las palabras con las que se suele describir. Por tanto, este escrito puede acabar aquí mismo. Miguel de Unamuno en su ensayo La envidia hispánica decía que la envidia es “la gangrena española”.

En 1984, Gonzalo Fernández de la Mora publicó La envidia igualitaria con el subtítulo “El mal de nuestro tiempo: rechazar el mérito y la excelencia”. Fue un acertado diagnóstico del estado moral de la sociedad. También una denuncia de tipo social: la del igualitarismo, que decapita lo que sobresale, sumergiendo a la sociedad en la mediocridad. Fernando Díaz Plaja, autor de El español y los siete pecados capitales, afirmó: “Parece mentira que el pueblo más generoso del mundo sea probablemente el más envidioso; una de las tantas paradojas del alma española”.

Pasados 42 años el mal criticado por De la Mora no solo se ha mantenido, sino que se ha incrementado considerablemente. Ha crecido como las malas hierbas. Se encuentra en quienes sin dar un palo al agua pretenden vivir al mimo nivel de bienestar que los que se esfuerzan y dan la talla.

La envidia tiende a destruir al envidiado; su objetivo principal es eliminar el contraste doloroso que nos recuerda las propias carencias. Actúa como un espejo que refleja nuestras necesidades insatisfechas.

La aspiración a igualar a quienes tienen algún tipo de éxito no es nociva cuando estimula a un mayor esfuerzo personal; en cambio, sí lo es cuando a lo único que se aspira es a que a nadie le vaya a ir mejor, con la esperanza de reducirlos al propio nivel. El resultado es todos mediocres.

La envidia suele disminuir aceptando que eso que poseen los demás (de lo que yo carezco) no me hará feliz; es preferible valorar más lo que sí poseo. También ayuda compadecerse del envidioso, porque sufre más que el envidiado. Al segundo le puede reconfortar una sabia sentencia de Jackson Brown: “La envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento”.

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