España y su difícil papel en el tablero mundial

Alfonso Orlando Machimbarrena

Publicado el 09/03/2026 a las 08:36

España siempre ha sido un país que, históricamente, ha preferido mantenerse al margen de los grandes conflictos y estrategias geopolíticas mundiales. Cuando ha participado, lo ha hecho casi siempre bajo el paraguas de las misiones de paz de la ONU, enviando cascos azules a distintos rincones del planeta para proteger, vigilar y reconstruir. Estas intervenciones, aunque reconocidas internacionalmente, no siempre contaron con el respaldo unánime de los partidos ni con la simpatía de buena parte de la opinión pública.

Durante el siglo XX, la postura española estuvo marcada por las circunstancias internas. Tras la devastadora Guerra Civil, la España franquista optó por la neutralidad en la Segunda Guerra Mundial, concentrando todos sus esfuerzos en reconstruir un país empobrecido, rural y en plena transición hacia la industrialización. Años más tarde, con la llegada de la democracia, la política exterior se convirtió en un quebradero de cabeza: el debate sobre la entrada en la OTAN o la participación en la guerra de Irak son ejemplos claros de lo difícil que resulta alcanzar consensos cuando se trata de compromisos internacionales. En política exterior, las convicciones suelen pesar menos que la conveniencia. Mantener buenas relaciones con potencias aliadas es esencial: primero por los vínculos comerciales, segundo por la dependencia económica y energética, y tercero por la afinidad cultural e ideológica. Pero esa conveniencia a veces obliga a asumir decisiones impopulares. La guerra de Irak, sin ir más lejos, fue rechazada por la mayoría de los españoles. No obstante, España se alineó con Estados Unidos y otros países occidentales, lo que representó -más allá del coste político para el gobierno de entonces- un salto en su posicionamiento internacional. Algunos de los frutos indirectos de aquella alianza se tradujeron en cooperación tecnológica, mejoras en inteligencia y una contribución significativa al fin de la banda terrorista ETA.

La historia demuestra que España, por prudencia o por necesidad, suele llegar tarde a las grandes decisiones globales. Así ocurrió tras la Segunda Guerra Mundial, cuando permanecimos fuera del proceso de reconstrucción de Europa. Tal vez, de haber participado en aquellas negociaciones, Gibraltar hoy sería español.

Asumir hoy el papel de “salvador de Europa” sería una apuesta temeraria. En un mundo interdependiente, España no puede arriesgar su estabilidad económica ni su seguridad energética por aventuras diplomáticas. Dependemos del turismo, del petróleo, del gas y del comercio exterior. Quizás por eso, la mejor estrategia sigue siendo la de siempre: prudencia, diplomacia y equilibrio.

Alfonso Orlando Machimbarrena

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora