Entre el “es que” y el “total para qué”
Publicado el 21/01/2026 a las 07:24
Como dice Álvaro Bañón en su artículo de Diario de Navarra, El día del “es que”, tendremos que cambiar de actitud si queremos que cambien las cosas.
Pero hay un término, desde mi punto de vista, que es también muy grave, y hasta complementario del “es que” y es el “total para qué” o, “total pa’qué” como se dice coloquialmente, y que refleja la situación de desesperanza en que vivimos.
El “es que” lleva implícito una actitud de defensa que justifica nuestra evasión de responsabilidades y de deberes. Nos lleva a la inacción en lugar de animarnos en la búsqueda de soluciones y, en el día a día, entorpece nuestro crecimiento como personas. Nos llenamos de excusas para no actuar, para no desarrollar, para no implicarnos. Nos convertimos en víctimas pasivas de lo que ocurre fuera. Es que, como siempre…
La expresión coloquial “total pa’qué / total para qué” lleva consigo una carga de resignación y de escepticismo que desmotiva cualquier acción o compromiso. Y así, cualquier conato de esfuerzo lo percibimos como inútil y se pierde cualquier posibilidad de implicarnos o de protestar si sabemos de antemano o intuimos que nada va a cambiar.
El otro día comentaba con un amigo, cómo cuesta luchar por nuestros derechos. Tiempo y dinero. Dos variables que pueden disuadir de cualquier intento de lucha. Son pocos los que se comprometen cuando hay que dedicar tiempo e invertir dinero por una causa. Y así nos amilanamos y dejamos cualquiera debate porque pensamos que ¡uf! No merece la pena… tengo familia. No me puedo retratar. Debo de actuar con responsabilidad.
Es la corriente actual del pensamiento que repercute en cómo estamos educando a nuestros jóvenes. A no luchar, a conformarse, a recibir todo hecho. Además de la actitud fatalista y de pérdida de esperanza se fomenta la pasividad en la sociedad, en la política y, lo que es aún peor, en el ámbito personal. Sin estímulos, sin retos, la persona humana no crece.
Hemos normalizado la renuncia interior, la vacancia de sentimientos. Incluso en tus círculos más cercanos respiran hondo cuando callas y convierten tus silencios en actitud razonable. “Menos mal que entró en razón”, se dicen aliviados ante una confrontación inminente.
En fin. Renunciamos de alguna manera al futuro por un presente caduco, pero sin complicaciones. Total, los dos términos se complementan y llevan consigo una ruta de pasividad e inacción. Así nos va.