Cuando el horror tiene nombre

Maya del Mar Martín Ayllón

Publicado el 20/01/2026 a las 07:15

Acabo de leer el extenso y detallado relato del secuestro de José Antonio Ortega Lara, publicado en Diario de Navarra el domingo 18 de enero. Un reportaje estremecedor que me ha provocado emociones intensas y difíciles de acallar.

Vergüenza y asco ante la constatación de hasta dónde puede llegar la crueldad humana, cuando algunos seres humanos se comportan peor que los animales más rastreros y sanguinarios del planeta. Vergüenza también al comprobar cómo, todavía hoy, determinados partidos políticos y fuerzas institucionales amparan, blanquean o incluso aplauden a quienes fueron cómplices morales y políticos de aquella barbarie. ETA y su entorno no solo secuestraron a un hombre: intentaron secuestrar la dignidad de toda una sociedad.

Frente a ello, siento una profunda admiración por la fortaleza física y psíquica de Ortega Lara, capaz de resistir un cautiverio inhumano durante 532 días. Su resistencia es un testimonio de dignidad, de amor a la vida y de una entereza que conmueve y obliga a reflexionar.

Quiero expresar también mi sincero agradecimiento al Diario de Navarra por haber sacado a la luz este completo y valiente reportaje coincidiendo con el 30 aniversario de uno de los actos más repugnantes cometidos por ETA y sus sicarios. Recordar no es abrir heridas: es impedir que se cierren en falso y que la ignominia se disfrace de normalidad.

Mi admiración, respeto y gratitud más profundos son para la Guardia Civil: por su trabajo incansable, su valentía y su capacidad de sacrificio en la defensa de la vida y de la libertad. Me llegó especialmente al alma leer que “bajo unas casas frente a la nave, los guardias civiles se enterraban en una oquedad y estaban más de 24 horas”. Ese dato, aparentemente pequeño, resume una entrega silenciosa y heroica que explica por qué hoy Ortega Lara está vivo.

Gracias a quienes investigaron sin descanso, a quienes no miraron hacia otro lado, a quienes arriesgaron su vida para salvar la de otro. Y vergüenza, una vez más, para quienes hoy pretenden reescribir la historia, minimizar el terror o expulsar de Navarra a quienes la defendieron con honor. La Guardia Civil salvó vidas cuando otros sembraban muerte; por eso merece respeto, memoria y gratitud. Que nunca falte la verdad, que nunca se olvide a las víctimas y que nunca se silencie a quienes, como Diario de Navarra, cumplen con su deber de informar y mantener viva la conciencia colectiva.

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